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Una verdadera postal rockera

Divididos presentó su nuevo disco, Amapola del 66, en Tilcara, con el cerro Chico y la Laguna de los Patos como testigos

Lunes 29 de marzo de 2010
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Por Sebastián Espósito Enviado especial

TILCARA.- Cumplir un sueño no tiene precio, y eso es lo que hizo Divididos en general y Ricardo Mollo en particular, anteayer, en Tilcara. El sueño empezó en septiembre último, cuando el cantante tomó un avión de Buenos Aires a Jujuy para ver si el intendente tilcareño le "prestaba" una montaña (ver recuadro), y se cristalizó anteanoche con el cerro Chico y la Laguna de los Patos como testigos. Cerca de 15.000 personas estuvieron allí, a diez años del primer contacto del trío con la quebrada.

El cielo andaba con ganas de retratar la peregrinación y los flashes empezaron a sucederse con insistencia cuando faltaba menos de dos horas para el show. Desde temprano, miles de seguidores provenientes de todo el norte argentino, de la provincia y de la ciudad de Buenos Aires y de puntos tan lejanos de Jujuy como Comodoro Rivadavia, se iban acercando a paso lento al lugar donde se iba a realizar el concierto. Rodeado de cerros y en el espacio donde supo haber una cancha de rugby, se emplazaba el escenario. A sus costados, dos molinos dibujados en sintonía con la tapa del nuevo disco, Amapola del 66 (ver recuadro); detrás, una casa que se iluminaría al caer la tarde, como punto de fuga.

Foto: Fotomagna

Un pequeño festival folklórico con Los Amigos de Vilca y la coplera Micaela Chauque ofició de antesala para la presentación del nuevo álbum de Divididos, el primero con su actual baterista Catriel Ciavarella y distante ocho años de Vengo del placard de otro . Pero entre ese inicio andino y las 20 canciones preparadas por el trío habría una intensa lluvia de 20 minutos que, con los ajustes técnicos necesarios tras el chaparrón, obligaron a retrasar el comienzo algo más de una hora.

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Antes de dejar el escenario y en medio de un clima festivo, el vientista José González, ex compañero del fallecido Ricardo Vilca, se dirigió por última vez al público. "No voy en avión, voy en tren -dijo, invirtiendo el orden que Charly García estableció en su tema-. Jujuy necesita que su tren vuelva a la Puna." El pedido, más tarde se convertiría en paradoja cuando el tren del Oeste, la aplanadora del rock, tomara el escenario para presentar el nuevo disco. Algo tenso, por esa felicidad que en primera instancia se expresa en forma de nervios contenidos, Ricardo Mollo lanzó un corto "buenas noches" y la banda arremetió con "El arriero". La fórmula de rock en formato power tri o y folklore andino alimentado con los invitados que aportarían vientos, bombos, danzas y erke, tuvo un mojón en la trayectoria de Divididos una década atrás y volvió a tenerlo anteayer. No pareció que esta presentación fuera consecuencia del espíritu del disco, sino al revés, y en eso reside buena parte de la magia del concierto.

"Impresionante, impresionante", repite Mollo entre "Hombre en U", "Buscando un ángel" y "Mantecoso", el primer trío de canciones nuevas. "¿Se dieron cuenta de dónde estamos?", comparte Arnedo su asombro con los 15.000 fieles de una procesión que, por unas horas, se asienta frente al cerro Chico. Y esa inquietud explícita que durante años mantuvo a muchos preguntándose cuándo el trío editaría un nuevo disco, decantó en las palabras sinceras de Mollo. "Este disco nos llevó un montón de tiempo por muchas cosas, pero sobre todo fue por la música. Hicimos un disco para escuchar, no para celulares."

Muchas instantáneas de la noche dejaron momentos exquisitos como "Avanzando retroceden", con Arnedo en voz principal y Micaela Chauque secundándolo; "La flor azul", la chacarera del padre del bajista que tuvo en escena a Gustavo Patiño en guitarra, dos niños bombistas y a la pareja de bailarines Juan Saavedra y Sandra Farías, entre otros, y el tramo más intensamente andino: "Guanuqueando", con los músicos de Vilca, "Senderos" ("esta canción tiene sentido acá", señaló Mollo), "Jujuy" y? "Mañana en el Abasto". Sí, Luca Prodan se dio una vuelta por la quebrada, rodeado de aires de carnavalito, con Chauque en voz y el erke de Fortunato Ramos.

Barro, tal vez, y lluvia también. El uno y el otro volvieron a escena juntos y obligaron a la aplanadora a apurar el tramo final a toda velocidad. Así, "Rock and roll de Rasputín", "El 38" y "Ala delta" tomaron vuelo entre una llovizna peligrosa que se empeñaba en mojar la guitarra de Mollo, el bajo de Arnedo y la batería de Ciavarella, quien a esta altura parecía un integrante de Stomp golpeando tachos. "Amapola del 66" y un final con todos entre el público marcó el cierre para un concierto con sensibilidad a flor de piel. Una marca indeleble para todos los que allí estuvimos.

Distinciones y gira El gobierno de la ciudad de Buenos Aires prestó su infraestructura para la realización del concierto en el marco de un "aporte para el Bicentenario", tal como explicó el Ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi. La noche anterior al show, tras una larga prueba de sonido con sabor a ensayo general, los paisanos de Hurlingham fueron distinguidos por el intendente Félix Pérez ("Diaguita") como visitantes ilustres de Tilcara. Para Mollo fue el cierre de un círculo que se abrió en septiembre y cerró anteanoche. Diez años atrás, la escenografía natural fue la del Pucará tilcareño. Esta vez le tocó el turno al cerro Chico. Las próximas paradas del trío serán el estadio Orfeo de Córdoba, el 23 de abril, y el Luna Park, el 2 de junio.

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