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Alfonsín: "El kirchnerismo significó la pérdida de una oportunidad extraordinaria"

En una entrevista con lanacion.com, el diputado pide dejar las descalificaciones y la confrontación para demostrar que la dirigencia en conjunto se puede poner de acuerdo en un proyecto que "permita dejar atrás la pesadilla"; el recuerdo de su padre, a un año del fallecimiento

Lunes 12 de abril de 2010 • 14:01

Alfonsín: «Me preocupa recuperar la política y para eso se necesita recuperar la esperanza»
Alfonsín: «Me preocupa recuperar la política y para eso se necesita recuperar la esperanza». Foto: LANACION.com / Martín Turnes

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Por Santiago Dapelo De la Redacción de lanacion.com sdapelo@lanacion.com.ar

Ricardo Alfonsín "fantasea" con recorrer el camino que realizó su padre, el ex presidente Raúl Alfonsín, para ocupar el sillón de Rivadavia, aunque siente que no es el momento de postularse para las elecciones del próximo año.

Sabe que el lugar de privilegio que ocupa en la política se debe al apellido que porta, pero lejos de molestarse por eso, en una entrevista con lanacion.com de cara al Bicentenario, desafía: "¿Qué puedo hacer? Sacarme los bigotes, cambiarme el apellido, dejar de hacer política... Sé que no era demasiado conocido hasta hace un año y que me empecé a hacer más conocido con el fallecimiento de mi padre".

A los 58 años, este abogado y maestro, "Ricardito", como lo llaman, siente que en 2003 el país perdió una oportunidad única para empezar a resolver un problema estructural de la Argentina: la pobreza. Para conseguirlo, plantea como camino "recuperar la esperanza".

En su despacho, la vicepresidencia primera de la Cámara de Diputados, aclara que esto se logrará en la medida que la dirigencia política sea capaz de dejar las descalificaciones, agresiones y de confrontar, para demostrarle a la sociedad que se puede poner de acuerdo en un proyecto que permitirá empezar a recorrer un camino de crecimiento sostenido para que en un tiempo razonablemente breve se pueda "mirar el presente como si se tratara de una verdadera pesadilla".

Durante el reportaje con lanacion.com , el diputado nacional también recordó a su padre a un año de su fallecimiento. "Alfonsín era una buena persona y las buenas personas son queribles", expresó.

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- A dos meses del Bicentenario, ¿qué le dice esa fecha?

- Cualquier aniversario es una buena oportunidad para reflexionar acerca de lo que nos pasó. Pero más que mirar para atrás, me gustaría pensar hacia adelante. La peor deuda que tenemos en esta Argentina es la pobreza. Y no la superaremos hasta que no salgamos del estancamiento y del atraso económico. No interesa saber quiénes son los responsables. Lo que importa es conocer cuáles fueron esos errores y corregirlos.

- Cuando habla de atraso y estancamiento, ¿a qué se refiere?

- Una de las razones que explica el atraso de la Argentina tiene que ver con que no fuimos capaces de concertar estrategias entre las distintas fuerzas políticas, del trabajo y del capital. No fuimos capaces de definir a través del diálogo consensos básicos que nos permitan poner en marcha un proceso de crecimiento orientado a poner fin a la pobreza. Parece redundante, pero no lo es. Se puede crecer y al mismo tiempo puede crecer la pobreza, como ocurrió en la década del 90. Es necesario recuperar la esperanza en la Argentina.

- ¿La dirigencia está preparada para dar esa discusión?

- Sí, porque hay una sociedad que está preparada. En los últimos años se produjeron dos cambios en la cultura política. Por un lado, la sociedad comprendió que no se puede progresar si no contamos con dirigentes que sean escrupulosamente respetuosos del funcionamiento de las instituciones. El otro cambio importante es que hoy la sociedad comprende que es imposible progresar si no hay determinado nivel de consenso entre las distintas fuerzas.

- ¿Puede ser el Bicentenario el momento propicio para acordar entre las distintas fuerzas políticas? ¿Puede ser el Gobierno quien lleve adelante ese proceso?

- El momento es propicio, pero no porque se cumplan 200 años. Este cambio en la cultura política al que aludíamos se produce justo en este tiempo de celebración. Desde el lado del oficialismo no creo que ocurra así, pero quizás es el mismo oficialismo, con su poca disposición y su aversión por el diálogo, el que ha generado el cambio en la sociedad.

- ¿Qué quiere decir?

- En lugar de instalar en la sociedad la idea de que a los conflictos hay que potenciarlos, el kirchnerismo logró el efecto contrario y ahora la sociedad reclama diálogo. No tengo optimismo en que el proceso de diálogo lo ponga en marcha el Gobierno. Puede hacer convocatorias, pero no creo mucho en su sinceridad. De todas maneras, si nos convocan iremos. Igualmente, debemos empezar a dialogar entre las distintas fuerzas políticas. Ya deberíamos estar haciéndolo y si el Gobierno no se suma a esto, se aislarán aún más en términos electorales. El Frente para la Victoria atrasa, no ha comprendido los cambios que reclama la sociedad argentina.

- ¿Cómo ve a las instituciones? ¿Están fuertes, maduras?

- Se recuperó la autoridad de la investidura presidencial, quizá haya un proceso de recuperación de la política en general, pero también sufrieron un daño. Ocurrieron las dos cosas. La independencia de los poderes, el federalismo y la relación entre las fuerzas políticas sufrieron daños. De lo que estoy seguro es que podríamos estar mejor de lo que estamos. La situación actual no es producto de un designio divino ni de una catástrofe natural, es producto de cómo hicimos las cosas los argentinos y no sólo me refiero a la política.

- ¿Qué habría que corregir de manera urgente?

- La falta de respeto a las instituciones y la falta de diálogo. Dejar de tratarnos, quienes pensamos diferente, como enemigos.

- ¿Por qué no se discute la pobreza y la educación en la Argentina?

- No están en discusión porque el Gobierno no quiere discutir esas cosas. El Gobierno nos pide un esfuerzo y un sacrificio permanente a la sociedad y está bien, pero ¿detrás de qué lo pide? ¿Qué tipo de país quiere? ¿Qué Argentina piensan? ¿Qué Argentina están concibiendo de acá a 15 años? No sabemos. Esto es lo que queremos discutir entre todos.

- ¿Está el radicalismo preparado para resolver estos problemas?

- Si fuera el radicalismo sólo no tendría muchas esperanzas de que se pueda resolver. Tiene que ser el conjunto de las fuerzas políticas y necesitamos solidaridad de quienes están mejor para construir una Argentina más justa. Creo que todas las fuerzas políticas, incluso algunos sectores de la centro derecha, entienden que no se puede progresar en un país generando pobreza, si la riqueza se concentra y si no hay distribución equitativa.

-¿Por qué cree que la política mira para atrás en lugar de resolver los problemas más urgentes?

- Creo que perdimos una oportunidad extraordinaria para discutir estas cosas. Intentamos convocar a todas las fuerzas en la década del ´80 en el discurso de Parque Norte de Raúl Alfonsín, para modernizar el Estado, salir del atraso y terminar con la pobreza. Lamentablemente, el justicialismo y otras fuerzas políticas nos dieron la espalda. Eran tiempos en los que se avecinada la llamada Revolución Conservadora. Para traducirlo: los problemas del país no los resuelve la política, sino el mercado sin intervención del Estado y durante 10 años compramos la receta. Así nos fue. Creo que en 2003 se dieron las condiciones para discutir en serio.

- ¿Lo decepcionó el kirchnerismo?

- El kirchnerismo significó la pérdida de una oportunidad extraordinaria para reconciliar a la sociedad después de la crisis. En lugar de poner en marcha un proceso de reconstrucción del sistema sincerando las discusiones y tratando que todos aporten a la solución, hicieron exactamente lo contrario: descalificar, confrontar, llamarnos corporaciones fracasadas, recordarnos permanentemente las equivocaciones a los partidos de la oposición como si alguien estuviera en condiciones de arrojar la primera piedra en la Argentina.

- ¿Qué siente cuando escucha a los Kirchner criticar a la oposición?

- Creo que se equivocan. No es de esa manera. Lo mismo cuando desde la oposición sólo hacen críticas. Voy a hacer algo que no debiera hacer: siempre nos recriminan, por ejemplo, que en el 99, cuando asumió el gobierno de la Alianza, se redujeron los salarios de la administración pública. Vayan a ver qué hizo el presidente [Néstor] Kirchner en el 91, en Santa Cruz, redujo los salarios y las jubilaciones. Seamos honestos al analizar la realidad. Digamos las cosas como son.

- Después de la experiencia de su padre y de la Alianza, ¿cree que sólo el peronismo puede gobernar en la Argentina?

- Eso no es cierto. Es cierto que complican bastante. Pero no creo que haya sido el peronismo en el ´99 el que generó la crisis. La crisis la generó el mantenimiento de la convertibilidad. Reconozco que salir sin crisis era muy difícil. No creo que ningún otro partido hubiera podido enfrentarla sin trauma. En la década del 80, nos complicaron bastante las cosas. Basta recordar que cuando nosotros quisimos incorporar capital privado a algunos de los activos del Estado como Telefónica o Aerolíneas, nos decían que no, que era traición a la Patria y después vendieron todo.

- Coincide con que su lugar en la política está relacionado al lugar que ocupó su padre en la historia.

- Siento que en gran parte es así. ¿Qué puedo hacer? Sacarme los bigotes, cambiarme el apellido, dejar de hacer política... Sé que no era demasiado conocido hasta hace un año. Que me empecé a hacer más conocido con el fallecimiento de mi padre y después de que participé en la campaña electoral y me convertí en diputado nacional. Soy absolutamente consciente de los factores que se conjugan para que en algunas encuestas aparezca con esa consideración mi nombre. Nadie es más exigente conmigo mismo que yo, les aseguro.

- Hoy las encuestas lo muestran en un lugar importante dentro de la consideración social de cara al 2011. ¿Le gustaría ser presidente?

- Todo el mundo que hace política fantasea con eso.

- ¿Ve con buenas expectativas 2011?

- No, sinceramente ni considero 2011. Lo que me preocupa de acá a 2011 son cosas que no podría resolver solo. En primer lugar, me preocupa recuperar la política y para eso se necesita recuperar la esperanza. De la noche a la mañana no podremos terminar con la pobreza, pero, además, se combinan en la Argentina pobreza y desesperanza. Esto no siempre fue así. En otros tiempos, lamentablemente había pobreza, pero estaba acompañada de la esperanza. En el sentido que con esfuerzo y sacrificio se podía progresar. En segundo lugar, quiero recuperar el partido. En tercer lugar, empezar a trabajar en programas en el seno del Acuerdo Cívico, para ver cómo enfrentamos la educación, la salud, la distribución del ingreso, los ferrocarriles, en fin… Y en cuarto lugar, generar las condiciones políticas para que los programas de gobierno produzcan los resultados previstos. En esto me parece que no estamos trabajando.

- La recuperación del partido está en marcha...

- [Interrumpe la pregunta] Está en marcha, pero ojo, es un proceso de recuperación de final incierto. Si actuamos con grandeza, patriotismo, desinterés, honestidad intelectual y seriedad, se va a consolidar. Si andamos pensando en atajos electorales y en el rédito político, la sociedad nos sancionará.

- ¿Qué piensa de las acusaciones de que hay en la oposición algunos que quieren destituir al Gobierno?

- No lo creo, más allá de que hay mucha gente que está enojada con las cosas que hace el Gobierno. A nadie le gusta que les estén condicionando a sus legisladores o a los gobernadores. La oposición no fue para nada obstructiva durante estos años. No es cierto, no se puede inventar la realidad.

- ¿Estamos, como dijo Eduardo Duhalde, condenados al éxito?

- Dependerá de lo que hagamos nosotros. Están dadas todas las condiciones para que podamos salir. El proceso de salida no lo hace sólo el mercado. Lo hace la política junto al mercado, el capital y trabajo. En esto coincido con el Gobierno, pero la gestión debe ser eficiente y eso es lo que le ha pasado al Gobierno: tiene muchísimas fallas de gestión.


¿Por qué cree que tuvo semejante impacto en la sociedad la muerte de su padre? Creo que tiene que ver con los cambios a los que aludía antes. Con la idea de que hay que dialogar y buscar consensos. La sociedad empezó a valorar esas cosas. La idea de la transparencia, y Alfonsín representa todo eso. Creo, además, que las buenas personas son queribles. Uno ve esto en los pueblos donde nos conocemos todos. Cuando muere una buena persona al funeral va muchísima gente. La sociedad veía que Alfonsín era una buena persona. Algunos creen que cuando decimos esto lo estamos banalizando. En realidad, el que dice eso está banalizando lo que significa ser buena gente. Una buena persona jamás es autoritaria, demagógica o deshonesta intelectualmente; no persigue intereses personales, y sabe definir cuáles son las prioridades: primero los que menos tienen. Una buena persona sabe que la política es ética y moral... Ser una buena persona es mucho más difícil de lo que se cree. No es cumplir con la ley solamente. No matar, no robar... eso es fácil. Ser una buena persona es ser sensible frente al sufrimiento ajeno, no priorizar proyectos personales, no ser oportunista. Es decir, es mucho más que ser bueno.
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