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De máquinas y personas

Miércoles 07 de abril de 2010
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LA NACION
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Hace seis meses, desde este mismo espacio refunfuñé amargamente cuando, después de haberme entusiasmado con la promesa de que seríamos uno de los siete países del mundo, además de Brasil, Nigeria, Egipto, China, la India y Tailandia, en los que debutaría el programa "una computadora por chico", que entregaría un millón de máquinas a alumnos de escuelas públicas primarias (iniciativa promovida por el teórico de los nuevos medios Nicholas Negroponte, del MIT), me enteré con innegable envidia de cómo mucho antes Uruguay convertía la utopía en realidad: en septiembre, sólo faltaba hacer llegar el cargamento de computadoras a 33 escuelas, de las 2360 primarias estatales de ese país.

Nobleza obliga: que ahora se haya tomado la decisión de ampliar el programa a todos los alumnos de las secundarias públicas del país, lo que implica la entrega de tres millones de máquinas, exige el reconocimiento de que, al parecer, finalmente la promesa se cumplirá.

Bravo. Pero (siempre hay un "pero") ahora se impone precisar un poco más las "condiciones" en que este plan tomará forma. Por ejemplo, ¿se tuvo en cuenta y definió la formación que recibirán los maestros, cómo se incorporarán las máquinas a los diseños curriculares y, sobre todo, se pensó en asegurar el acceso a Internet de todas las escuelas?

Como dice la especialista en enseñanza de las ciencias Inés Dussel, directora de Sangari Argentina e investigadora de Flacso, aunque ni aquí ni en el resto del mundo existen todavía evaluaciones sobre la incorporación de computadoras personales en la enseñanza, la opinión generalizada es que la inclusión digital es una cuestión clave "casi para la definición de ciudadano" de este siglo. Sin embargo, afirma, "hay un punto que no tenemos resuelto: cómo desarrollar contenidos, software educativo, para enseñar a leer y escribir, historia y ciencia...". En países como Gran Bretaña, que invierten sumas millonarias en el financiamiento de compañías privadas que toman a su cargo esa tarea, existen equipos con mucha experiencia y continuidad. "Internet es una gigantesca biblioteca, y eso es algo que tiene que utilizarse en los espacios educativos -dice-. Pero hay otras posibilidades y sería muy bueno que hubiera más juegos educativos que estimulen la exploración. Específicamente en ciencia, el modelado y la simulación, así como armar sensores, pueden aportar alternativas fascinantes. No tengo dudas de que eso produciría un gran impacto." Lógicamente, como siempre, más que las máquinas importan las personas.

nbar@lanacion.com.ar

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