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Por el mundo

La democracia globalizada

ADN Cultura

Por Pablo Ambrogi
Para LA NACION - Londres, 2010

El complejo de artes Southbank Centre es un verdadero edificio-paisaje, con sus múltiples moles de hormigón y sus terrazas superpuestas sobre la margen sur del Támesis. En uno de los cafés del complejo, en el foyer del Royal Festival Hall, la activista política May Abdalla me recibe en una mesa que ha convertido en su centro de operaciones. En pocas horas, Daniel Barenboim tocará en la sala principal el Primer concierto de Beethoven; ahora hace gala de su consabida telegenia en un documental proyectado en pantalla gigante, mientras May deja su computadora portátil para almorzar una frugal ensalada y un té y contarme de qué se trata "Give your Vote", su nuevo proyecto. James Sadri, su socio en la ONG Egality, está en ese momento del otro lado del río, en un edificio frente al Parlamento, escuchando a Tony Blair defender ante un panel de investigación oficial las razones (inexistentes armas de destrucción masiva incluidas) por las que llevó a su país a la guerra en Irak; la intención de James, me dice May, es aparentemente interrumpir a Blair en pleno discurso desde la audiencia, cosa que hace sobre el final y que le vale su aparición en uno o dos canales de noticias.

La idea de "Give your Vote" es sencilla, atractiva y captura el Zeitgeist de la era global a la perfección. En vez de dar a los países en desarrollo ayuda humanitaria, Egality quiere darles una voz en el proceso político británico. Para eso está reclutando votantes que acepten "regalar" su voto en las próximas elecciones generales en el Reino Unido (esperadas para el 6 de mayo) a ciudadanos de Afganistán, Ghana o Bangladesh. La organización se ocupa de organizar los contactos; aquellos que se anoten en www.giveyourvote.org recibirán, en el día de la elección, un mensaje de texto informando por quién quiere, por ejemplo, Salma Jahani, de Kabul, que voten en las elecciones.

"El ganador de las elecciones va a influir en la vida de esa gente, así que ellos deberían tener poder para decidir quién será", argumenta May, con la impecable lógica moral de la democracia globalizada. El proyecto está diseñado para impactar y, a juzgar por la recepción mediática que tuvo en su lanzamiento, lo está logrando con creces. La intención, según los organizadores, no es torcer el resultado sino "subrayar los problemas del proceso de decisión global". Es también, paradójicamente, una forma de hacer participar a muchos jóvenes británicos desencantados con la falta de opciones que les ofrece la política local, y que sienten que su país, aliado incondicional de Estados Unidos en las acciones militares de Afganistán e Irak, les viene jugando sucio desde hace tiempo a los países en desarrollo.

© LA NACION .

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