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De Narváez: "Los Kirchner serán una manchita en la historia"

En una entrevista con lanacion.com, el diputado describe al ex presidente como "una persona muy sofisticada en términos de escarbar en la miseria humana"; duras críticas a Macri y su modelo de país

Lunes 12 de abril de 2010 • 13:54

De Narváez: «La sociedad está más madura que los dirigentes»
De Narváez: «La sociedad está más madura que los dirigentes». Foto: LANACION.com / Martín Turnes

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Por Santiago Dapelo De la redacción de lanacion.com sdapelo@lanacion.com.ar

No está claro dónde lo encontrará 2011, pero Francisco de Narváez siente que el 28 de junio, día que venció a Néstor Kirchner, a quien describe como "el político más importante de la década", se terminó el "hiperpresidencialismo" en la Argentina.

El diputado nacional y empresario aún no devela cuándo hará efectiva la presentación ante la Justicia con la que buscará la habilitación que le permita pelear por la presidencia de la Nación -es colombiano e hijo de extranjeros-, y coquetea con distintas opciones: "Mi prioridad es la provincia de Buenos Aires, pero no descarto que las alternativas de este año tan dinámico puedan ser otras".

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Rodeado de símbolos de Juan Domingo y Eva Perón, De Narváez parece haber virado la estrategia. Durante la hora que duró la entrevista con lanacion.com, días atrás, en la serie de reportajes de cara al Bicentenario, el legislador habla poco de la inseguridad, caballito de batalla durante la última campaña, y centra su discurso es dos cuestiones afines al peronismo ortodoxo: el ascenso social y el federalismo.

"¿Cómo me gustaría el Tricentenario? El ascenso social. La gente en la Argentina volverá a prosperar y será una tierra de sueños y realidades como lo supo ser"
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Ya lejos de Mauricio Macri, se preocupa porque quede claro que considera "extemporáneo" hablar de candidaturas, critica al jefe de gobierno porteño y se muestra irónico por el súbito acercamiento con el ex presidente Eduardo Duhalde: "Es muy interesante ver cómo empiezan a coincidir, ¿no? Algo que antes parecía difícil. La política hace maravillas..."

- A pocos días del Bicentenario, ¿qué le dice la palabra?

- Doscientos años de una Nación es un momento para hacer balances. Ha habido aciertos y desaciertos, pero debo confesar que la foto no me gusta. No me siento orgulloso como podríamos estar si hubiéramos tenido un rumbo mantenido en el tiempo, que hubiera dado un basamento a toda la república para que estos 200 años se pudieran festejar de forma más amplia.

- ¿A qué refiere cuando habla de amplitud?

- Creo que tenemos todavía muchas deudas pendientes como Nación. Tenemos muchas historias sin saldar y una perspectiva incierta. Me gustaría que en la foto del Tricentenario, en este primer año de los próximos 100, volvamos a encontrar un rumbo que supimos tener. Me inspira la generación del 80, la que le dio 50 años de progreso a la Argentina. Tenían una clara concepción de cómo se debía conducir el destino de la Nación. Ahora estamos sin rumbo y entonces este mojón de los primeros 200 años es una enorme posibilidad y responsabilidad para toda la dirigencia de acordar esencialmente cuál es este rumbo y cómo lo vamos a construir.

-¿Cuál es la gran deuda que mantiene el país?

- La deuda social. La mitad de las familias argentinas están ante la certeza de que no van a poder prosperar y así no se construye una Nación. Esa falta de expectativa, de ilusión, de futuro, es la gran deuda. Esa Argentina donde el progreso era una realidad, está lejana en la memoria y no está en el futuro cercano inmediato de muchos argentinos.

- ¿Cree que la política y los actuales dirigentes están en condiciones de saldar esa deuda? ¿Es posible consensuar políticas de Estado?

-Sí, sin ninguna duda. Creo que parte de la dirigencia discute el pasado porque no tiene la capacidad de construir a futuro. La capacidad de los transformadores es plantear el futuro y construir los caminos para hacerlo. ¡Y claro que hay dirigentes! No sólo en la política, sino en las organizaciones, la cultura, el deporte y los empresarios que tienen la certeza de que así no estamos bien. Esto es lo que me ha traído a la vida pública. En el 2000, a 10 años del Bicentenario, vi que otra vez nos íbamos a pegar la piña y yo no quería seguir siendo espectador.

- ¿Cree que será posible realizar estos acuerdos antes de las elecciones de 2011?

- Los países no pueden definirse de un año para otro. Son procesos.

- ¿Puede Cristina Kirchner ser la que comience ese proceso?

- Los Kirchner serán una manchita en la historia. Con su desgobierno, sus arbitrariedades, con la incapacidad que han demostrado, lo que van a permitir es el salto cualitativo de lo que viene. La sociedad está más madura que los dirigentes. Los dirigentes tenemos la responsabilidad de plantear el rumbo, conducir el país en ese rumbo y saber que de la alternancia, pero el sostenimiento de las políticas públicas, la Argentina en 10, 15 o 20 años será el país que sé que puede ser.

- Habla de recorrer el camino que realizaron Brasil, Chile, Uruguay...

- [El presidente de Brasil, Luiz Inacio] Lula de Silva ha sido un gran mandatario, pero [Fernando Henrique] Cardoso le permitió a Lula ser lo que es. Creo que a [el presidente de Chile, Sebastian] Piñera le va a ir muy bien pese al terremoto, pero tiene 20 años de la Concertación atrás. Y creo que a [el presidente de Uruguay José] Mujica le irá muy bien, pero lo deja un presidente [por Tabaré Vázquez] que estabilizó el país. Son procesos. Ahora, si todo lo que mueve a la política argentina es el bronce, me parece que no vamos a seguir por donde estoy convencido que podemos ir.

- ¿Cree posible entonces que un presidente continúe el trabajo de su antecesor?

- Seguro. A ver...el mundo es pendular. Las sociedades se mueven con argumentos, pero también por una cuestión de explorar lo novedoso, lo que viene. Hay un agotamiento de lo que se reconoce como adquirido. Lo que tenemos que lograr es que en lugar de pasar de acá [por izquierda] a acá [por derecha], nos quedemos en el centro. Hay que dejar de pasar de un lado al otro, porque cada vez que esto sucede cinco o seis millones de argentinos se quedan atrás.

- ¿Cómo ve a las instituciones?

- Por característica de la sociedad, somos presidencialistas. Lo que no podemos ser es hiperpresidencialistas. Lo que se terminó el 28 de junio es el hiperpresidencialismo. Hoy hay un mayor equilibrio entre los poderes. ¿Es perfecto? No. Habrá que ir perfeccionándolo. ¿Hay oposición? No, hay oposiciones. Creo que el sistema está crujiendo porque se está acomodando. El hiperpresidencialismo... Kirchner es una consecuencia de la sociedad.

- ¿Qué quiere decir?

- Cuando empezó a gobernar lo que se le pidió fue autoridad, decisión y gobierno y la verdad es que lo hizo, aunque a mí gusto por un camino equivocado. Se pasó de rosca y el país lo acompañó un tiempo. Pero llegó el tiempo en que esto se terminó: el 28 de junio. Ahora hay que encontrar el equilibrio. Lo que debemos evitar es irnos de vuelta al otro extremo. El kirchnerismo corcovea... bueno tendrá que corcovear. Ya está, ahora hay que ayudar a que se ordene.

- Y la Justicia...

- Tenemos una Corte Suprema de lujo, con independencia, con siete miembros que han llegado de distintas vertientes, pero que está sosteniéndose como el último recurso de institucionalidad del país.

- ¿No contrasta la idea del federalismo que propone la oposición con la necesidad de tener "caja" para mantener un presidente fuerte?

- Si el presidente se atornilla en la Casa Rosada, sí. Si el presidente camina el país, circula con su gabinete, interactúa con los gobernadores, conoce la problemática del país y gobierna desde cada rincón de la Argentina, usa todo ese poder presidencial para fomentar y cimentar el federalismo. Si lo único que haces es moverte en helicóptero de Olivos a la Casa Rosada, estás en el hiperpresidencialismo desde la Capital. Depende de cómo se ejerza el poder y la representación que tiene el presidente de la Nación.

- ¿En el supuesto de que sea presidente no cree que necesitará de la caja para gobernar?

- Hablar de mí como presidente es extemporáneo. Nunca me va a parecer bien que el Poder Ejecutivo condicione la voluntad de un gobernador por los recursos económicos. No puede haber arbitrariedad en el manejo de dinero. Creo en un federalismo que se construye de abajo para arriba. Que todos tengamos las mismas oportunidades.

- ¿Qué le pide la gente en la calle como líder de la oposición?

- No me considero un líder de la oposición.

- Le ganó a Kirchner en la última elección...

- Pero actuamos con prudencia. Si hubieran ganado otros u otras estaríamos en un discurso de soy yo y después de mí el diluvio. Le ganamos al político más importante de la década, comenzamos a construir consensos y no tomamos un protagonismo exagerado. Eso era lo que necesitaba el sistema.

- ¿Hay en la sociedad un reclamo de nuevos liderazgos?

- Todo el país pensó que ganaba Kirchner y se sorprendió favorablemente que había perdido porque hay algo que es incontenible: el deseo de cambio de la gente. Hay que conducirla, no se puede detener. Debo haber sido de los 40 millones de argentinos el que más sintió la presión el 29 de junio a la mañana. Todo el mundo dijo a partir de ahora todo lo tiene que resolver De Narváez. Y yo dije, algunas cosas sí; otras, no. Pero sí comenzamos un proceso de coincidencias. Hoy hay un bloque en el cual nos expresamos, hay una forma de hacer política y el límite es la ley. El kirchnerismo ya perdió, no veo a nadie entusiasmado con el kirchnerismo, están decepcionados, enojados. Hay que construir el futuro y 2011 es mañana. Por eso ocupo gran parte de mi tiempo en estas ideas que estamos sobrevolando, llevándolas a programas de gobierno, a cuestiones concretas, a una interacción con toda la dirigencia. La Argentina será gobernada por aquél que pueda volver a recuperar la ilusión de la gente. Hoy estamos ante un pueblo desesperanzado. Hay que darles a los argentinos una opción de futuro.

- ¿Por qué cree que los Kirchner impulsan el conflicto?

- Conozco a los Kirchner desde que gobernaban Santa Cruz y yo no tenía ninguna duda de que en 2003 era un gran error del peronismo llevar a Néstor como candidato. No puedo encontrar una imagen de ellos articulando soluciones; es el conflicto por el conflicto en sí mismo. Y en eso Néstor Kirchner es una persona muy sofisticada en términos de conocer y escarbar en la miseria humana, encuentra siempre una brecha por la cual el mal le funciona mucho mejor que el bien. Eso es parte de lo que funciona en la Argentina y vamos a hacer que el bien funcione bien.

- ¿Por qué cree que genera tanto revuelo cada vez que se habla de usted como candidato a presidente?

- Tiene una razón de ser: soy una persona que cuando me comprometo a algo cumplo y me he comprometido a un proceso de transformación de la Argentina. Claramente dentro del sistema hay gente que no quiere cambiar, porque los beneficia o porque es el sistema que conocen. Como en estos últimos cuatro años nos han visto crecer en la opinión pública y dentro de la estructura peronista de una forma bastante inédita, me parece que tienen miedo. A muchos les conviene el statu quo, cerrar para que nada cambie y yo no adhiero a eso.

- Me refería también a los últimos contrapuntos con Duhalde y Macri...

- Es muy interesante ver como Duhalde y Mauricio empiezan a coincidir, ¿no? Algo que antes parecía difícil. La política hace maravillas.

- ¿Le gustaría ser presidente? ¿Trabaja para eso?

- Voy a ocupar el lugar que pueda, con el que me sienta capaz, creo que es un proceso abierto y no tengo dudas de que para la próxima presidencia, la provincia de Buenos Aires va a ser central. La suerte del gobernador y del presidente de la Nación está unida, por el peso que tienen las problemáticas. Voy a ser protagonista de ese espacio.

- Pero, ¿dónde?

- Mi prioridad es la provincia de Buenos Aires, pero no descarto que las alternativas de este año tan dinámico puedan ser otras.

- En una entrevista Macri planteó como escenario ideal él peleando por la presidencia, usted como gobernador y Gabriela Michetti en la ciudad. Dijo que eso fue lo que le prometieron a los electores en junio ¿Cuál es su escenario ideal?

- Eso que describe es un plan de negocios. El país es otra cosa. Me parece muy imprudente hablar de fulano o mengano. Es de una omnipotencia fenomenal, pero cada uno define en función de cómo ve la ciudadanía argentina.


La política y el PJ. "La política tiene que ser un gran aglutinador de estos lineamientos y el Partido Justicialista el gran motor de ese poder transformador", asegura De Narváez. Los cinco cimientos para construir un país más justo: La institucionalidad del país. No se puede construir una Nación sin instituciones. Vamos a ser un país normal, estable, previsible cuando las instituciones se fortalezcan con hombres que las construyan. El federalismo. Se dice mucho que Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires y esto parece ser cierto. Hablo de federalismo de verdad. Social. El Estado le debe garantizar a todos los ciudadanos un piso mínimo de dignidad. Trabajo. Tenemos todas las condiciones de dar pleno empleo. Hay que definir un modelo productivo que está latente y que tiene que ver con recuperar la capacidad creadora y emprendedora de los argentinos. La vuelta al mundo. Esto ya lo dijo Perón: no hay política nacional si no es como consecuencia de la política internacional. Hay que salir a competir, hay que ganar competitividad, hay que fortalecer el Mercosur. Hay todo un mar de oportunidades, pero la Argentina tiene que ser un país que respeta porque es respetado.
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