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El lector vitalicio

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LA NACION
Sábado 17 de abril de 2010
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La biblioteca ideal Por Matías Serra Bradford La bestia equilátera 416 Páginas $ 62
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La forma intermitente de este libro, su organización fragmentaria, se anunciaba ya en otro: Studio , que Matías Serra Bradford (Buenos Aires, 1969) escribió y publicó en inglés hacia 1997. Allí, muy al principio, podía leerse: "Supe y sé muy poco acerca de los libros; ellos han sabido mucho más sobre mí". La biblioteca ideal , volumen de título engañoso, es una expansión de Studio , aun de su nombre, entre el taller y el gabinete; también, la tentativa de interrogar esa afirmación incluida en él, y acaso un homenaje a otros libros parientes de ambos: Historia del lápiz , de Peter Handke; más lejanamente, Fragmentos de un discurso amoroso , de Roland Barthes.

Los personajes que pueblan La biblioteca... (Silvio, Lucio, Bruno y la primera persona sin nombre) podrían ser una veleidad ficcional. En realidad, lo escrito parece quedar más del lado del documental (un documental facetado sobre la lectura) que de la ficción. El ritmo (o la "arritmia", como preferiría el autor) corresponde menos a la anécdota que a la sentencia, la historia escasa (por caso, las transacciones comerciales con libreros foráneos y locales, muy reconocibles estos últimos), la estampa ("Hijo que ríe solo en la calle, de la mano del padre, más abajo, en otra dimensión"), la fulminante iluminación teórica ("Lo que escribió un autor admirado a la edad actual de ese lector, eso es la novedad, lo realmente contemporáneo para un lector"), la evocación y el programa: la lectura "como preparación para algo desconocido, indescifrable, que nunca llegará..."

Lo único que quiere el lector es estar solo, abandonarse a su complacencia interesada, que lo dejen ejercer el acto que lo define: el acto de leer. Si algo cuenta Serra Bradford, es el modo en el que la vida de lector se va haciendo de los libros leídos, comprados, encontrados, perdidos; es decir, de todos los libros que no se escribieron, aunque pasaron ajenos por las manos, para poder leer. Es posible que la épica de aquello que se extingue sea ya la única causa justa de la literatura.

Las librerías de usados son un campo de batalla en el que los otros lectores son enemigos. Pero siempre los otros lectores son enemigos. Los personajes ilusorios y algo vanidosos de La biblioteca... padecen la misma patología aristocrática de Reger, el crítico de la novela Maestros antiguos de Thomas Bernhard: egoísmo cultural. "Quiero, en lo que al arte se refiere -dice Reger- tenerlo todo para mí solo [...] Me gustaría creer que Goya pintó para mí solo, que Gogol y Goethe escribieron para mí solo, que Bach compuso para mí solo." Pareja es la exigencia de este libro: Serra Bradford lo fue anotando para sí mismo, e instaló la noble persuasión de que el número del interlocutor debe ser asimismo singular: sólo el que lee.

© LA NACION

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