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Una ayuda para evitar la exclusión

Viernes 23 de abril de 2010
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Maria Celina Bo Para LA NACION

Hace poco más de once años que escuché por primera vez la palabra celiaquía y, por ende, empecé a diagramar una vida sin TACC (trigo, avena, centeno y cebada).

El primer diagnóstico llegó de la mano de mi hija mayor, cuando apenas tenía dos años y después de casi medio año de deambular en busca de quien pudiera relacionar los malestares que padecía con las causas que los ocasionaban.

Desprevenida, fui anoticiada de la existencia de esta enfermedad y de la intolerancia de por vida a la ingestión de alimentos que tuvieran gluten de trigo, avena, centeno y cebada.

Hace un tiempo, y como si fuera una revelación, vislumbré lo que para mí es la más difícil de las implicancias de ser celíaco.

No se trata sólo de la ardua tarea de encontrar alimentos aptos identificados ni de lograr que el bollo leve adecuadamente y se parezca a lo que llamamos habitualmente "pan": es, también, sentirse "afuera", no "parte de", excluido en las actividades sociales más cotidianas.

Que la comida es excusa social para el encuentro es una verdad. Que a través de la comida homenajeamos, agasajamos, recibimos o despedimos demuestra que su ingestión va más allá de su aporte nutricional.

En el preciso instante en que tomé conciencia de ello, la imagen de mi pequeña hija frente a la torta de cumpleaños de su amiga, que jamás iba a probar, se grabó para siempre en mi retina como pedido de solidaridad.

El gluten de trigo, avena, centeno y cebada no está sólo en los farináceos; en muchas oportunidades se lo utiliza como espesante o aglutinante.

Advertir que un celíaco enfrenta esta dificultad todos los días de su vida, al menos cuatro veces a lo largo del día, y tener presente que ello excede la imposibilidad de ingerir un alimento en particular seguramente nos aliente a tener una mirada más complaciente hacia ellos y, quizás, hacia todos aquellos que padecen una minusvalía.

El grupo promotor de la ley celíaca, del que formo parte, organizó una campaña de difusión bajo el lema "danos una mano".

Nada más simple y más abarcativo del dar y también recibir tolerancia, respeto, solidaridad y comprensión que una mano abierta, la misma que nos invita a compartir una porción de torta.

La autora es madre de dos niñas celíacas e integrante del grupo promotor de la ley de celiaquía

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