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Historias solidarias

Comprar y vender es un negocio solidario en Emaús

Información general

Traperías: en los locales de la entidad viven hombres sin familia que arreglan los objetos donados antes de su venta.

Por   | LA NACION

"Su compra tiene un sentido diferente; aquí no sólo se beneficia con un mejor precio, sino que hace posible con su dinero que Emaús ayude a otros necesitados", reza un cartel colgado en la puerta de entrada.

Esa es la filosofía de Emaús. Arreglan los artículos que reciben de la gente y los venden para recaudar fondos con los que la entidad encara una larga lista de proyectos.

Quienes van a las dos "traperías" -nombre con el que se conoce los lugares donde las donaciones se reciclan y se venden- saben que lo que compran tiene un doble beneficio: se consiguen objetos a bajo precio y lo que se obtiene por su venta sirve para ayudar.

Pero lo que pocos saben es que un grupo de hombres sin hogar es el encargado de trabajar en el arreglo de las donaciones. A cambio de techo y comida. Y, sin saberlo, a cambio de una nueva familia.

"El objetivo de Emaús es la promoción humana mediante el esfuerzo propio. Abrimos las puertas a todos y ayudamos a los que llegan, pero no con limosna sino con trabajo", explicó Juan Dahbar, vicepresidente de la comisión directiva.

Otros 430 grupos realizan esta tarea en 40 países. Emaús Argentina (4941-9065/3318) cumple en unos meses 50 años y recibe 5000 donaciones anuales, pero siempre resulta poco si se consideran las escuelas, comedores y hospitales a los que ayuda.

Una nueva vida

La Nación visitó la comunidad que Emaús tiene desde hace cuatro años en Isidro Casanova, en el kilómetro 21 de la ruta 3, donde viven ex presidiarios, hombres de la calle o sin familia.

En estos momentos, el predio cobija a 30 hombres, de entre 23 y 86 años. Allí las reglas son claras. Y a nadie se le pregunta de dónde viene.

Osvaldo vive en la comunidad y está encargado del taller de reparación de TV. Sin embargo, su oasis está en otro lado. Con orgullo, acompaña a quien se lo pida hasta sus dominios: una pequeña huerta que cuida con dedicación. "Mis mejores ratos los paso acá", dice. No miente.

Otros, como John, encontraron en Emaús su lugar. Por las manos de este peruano de 32 años pasan todos los libros y cuadros que llegan. "Es como estar en el cielo", dice.

A Carlos también se lo ve feliz. Uruguayo, de 43 años, vive hace ocho meses en la comunidad. Un pasado como vendedor ambulante lo marcó a fuego: no se le escapa ningún movimiento de los que vienen a comprar y siempre está dispuesto a solucionar sus dudas.

Mirta de Varela y su esposo, Ramón, son los pilares de la comunidad. Ella era estilista de importantes salones, pero hace tres años decidió cerrar su casa en San Antonio de Padua, acompañar a su marido y mudarse con sus tres chicos a Emaús. Empezó de nuevo. "A mi vida le faltaba algo y acá lo encontré -confiesa-. La vida tiene sus tiempos. Tengo un placard lleno de ropa cara que no me sirve para nada."

En una barraca francesa que durante la Segunda Guerra Mundial albergó soldados y que años más tarde llegó a la Argentina, Mirta dirige la ropería. Por dos pesos se puede comprar una camisa y por uno, un par de zapatos. "Día por medio cambiamos la ropa para que la gente no encuentre siempre lo mismo", explica. Sus principales clientes son los vecinos del barrio.

Objetos con valor agregado

Recorrer el predio de la trapería es como pasear por un mundo donde las cosas más insólitas acechan en cada rincón. Dos pares de esquíes, un surtidor de nafta, un cajero automático, una central telefónica y un púlpito conviven con decenas de heladeras, muebles y colchones.

Adriana y Beto recorrían el salón con el pequeño Franco en brazos. "Conozco la obra de Emaús, pero sinceramente vengo porque los precios me convienen", contó la mujer.

Ana, de 63 años, buscaba minuciosamente algo que comprar en la ropería. "Hace más de 20 años que vengo y sé que con mi compra también ayudo a otros", explicó.

Los verbos comprar y vender cambian en Emaús su significado frío y comercial para encontrar allí un sentido mejor. El de ayudar.

Doble satisfacción

Los objetivos del Cottolengo Don Orione son similares a los de Emaús: "Acudir al corazón de las personas para que donen aquellos bienes que ya no utilizan y así puedan ser utilizados por las personas residentes en nuestras casas".

Según explicó el hermano Jorge Bertea, desde hace más de 60 años lo que se recibe se distribuye entre los distintos pabellones del cottolengo. "Cuando los muebles y artefactos no pueden tener uso inmediato, se ponen a la venta en los locales que posee la obra y con lo que se obtiene se compran artículos de primera necesidad como alimentos, pañales y remedios", agregó Bertea.

"El nivel de satisfacción de la gente es doble, porque los que donan saben que los elementos serán bien usados y los que compran saben que están haciendo un bien, además de adquirir buenos objetos a precios realmente bajos", finalizó el hermano. El cottolengo tiene dos depósitos: uno en el barrio porteño de Pompeya (Traful 3571, 911-0578) y otro en Claypole, provincia de Buenos Aires (avenida Lacaze 3963, 268-1325).

Filosofía

Emaús tiene un origen bíblico. El Evangelio según San Lucas cuenta la historia de dos discípulos de Jesús que iban hacia Emaús, a 11 kilómetros de Jerusalén, cuando se encontraron con un extranjero al que invitaron a comer. Antes de desaparecer, los discípulos comprendieron que era Jesús.

Esa es la idea: ayudar al que llega sin preguntarle quién es ni de dónde viene.

Para dar una mano

Calefactores

Misiones Rurales Argentinas solicita para la capilla Nuestra Señora de Lourdes, en el Alto Río Sanger, en el Chubut, seis calefactores de 9000 calorías. Allí funcionan un comedor para 70 niños y un taller de bordado y costura para sus madres.

El teléfono del padre Sergio es el (02945) 491-019 y los de Cristina Solanet, de Misiones Rurales Argentinas, son 4813-8447 y 4815-7963.

Convocan voluntarios

La Fundación Natalí Flexer, de ayuda al niño con cáncer, cuenta con un equipo de voluntarios que realiza actividades de recreación en el servicio de Hematooncología del hospital Elizalde. Para integrar el grupo: 4785-6636/9746.

Desnutrición

El Instituto de Cultura Solidaria lleva adelante el Programa Nutrir, apoyado por la Fundación Motorola, que comienza esta semana a evaluar el estado nutricional de chicos menores de cinco años de esta ciudad y del Gran Buenos Aires. Necesitan balanzas para pesar bebes, nuevas, usadas o prestadas (4791-6386). .

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