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Entre el amor y la furia

Espectáculos

Para aplaudir el conmovedor recital de Mercedes Sosa en la apertura del Festival de Cosquín, las 6000 personas que colmaron la plaza Próspero Molina desafiaron una lluvia torrencial e impiadosa

Por   | LA NACION

COSQUIN.- Llegó un invitado que nadie esperaba: no fue ni Charly García ni Caetano Veloso. Una lluvia torrencial descargó su furia sobre las seis mil almas reforzadas con paraguas, bolsas de plástico en la cabeza y pilotos multicolores, que llenaron anteanoche la plaza Próspero Molina. Julio Mahárbiz tuvo que esperar más de una hora para reencontrarse con el festival y estampar su clásico grito de guerra, "Aquiiiiií Cosquiiiiiín", para dejar inaugurada la primera noche de las nueve que tendrá este 39º Festival Nacional del Folklore.

El último encuentro nativo del milenio fue una postal de este cambalache en el que Cosquín parece regodearse todos los años y que para "mantener su espíritu" decide repetir una y otra vez. Por ejemplo, el contraste que provocan, por un lado, Los Hermanos Cuestas con sus increíbles imitaciones de aves -se los podría contratar para efectos especiales en alguna radio-, y por el otro, la calidad incuestionable de Mercedes Sosa, que siempre se las ingenia para hacer de cada concierto una celebración única e irrepetible.

Si las horas previas habían estado cargadas de nerviosismo por la desorganización de la nueva empresa concesionaria, Lowe _muchos piensan que debería seguir dedicándose al rubro cinematográfico_, sumado al clima caótico de una ciudad literalmente tomada por los turistas, que se hizo intransitable en la zona donde está montado el escenario Atahualpa Yupanqui, la lluvia terminó por aguar hasta los fuegos artificiales.

El veterano conductor y titular del Instituto de Cine mascullaba su bronca entre bambalinas y repetía: "En todos mis años de Cosquín nunca llovió de esta manera en una inauguración". Los chistes no tardaron en llegar y enseguida comenzó a circular por el ambiente el rumor de que la tormenta había sido el mejor "boicot" que pudieron haber imaginado la dupla Cavallero-Burztyn, los anteriores concesionarios que, hartos de las internas y de la Comisión de Folklore del municipio, decidieron retirarse del festival. Otros dijeron que podía ser una suerte de castigo divino contra Mahárbiz, otra vez convertido en el hombre fuerte del festival.

"Qué le hace otra mancha al tigre", habrán pensado los organizadores cuando decidieron incluir en la apertura una delirante versión del Himno Nacional cantada a dúo por María Itatí y una chica de 15 años. De semejante cross en contra la jornada se repuso con la presencia de la correntina Ramona Galarza, una histórica del chamamé, que recibió el premio Camín de Oro, en reconocimiento a su trayectoria. Fue el otro punto fuerte de la noche dentro de una lista interminable de artistas, algunos dentro de la televisación, como Coqui Sosa, que, entre truenos, regaló una profunda versión de "Subo", de Rolando Valladares y Manuel J. Castilla, y la encendida zamba "Nostalgias tucumanas", al igual que su hermano Claudio, con "La plañidera" en otro momento del concierto.

La gente trataba de no perder la concentración. Se hacía difícil con tanta agua cayendo a mares. Muchos iban y volvían a la plaza continuamente. Se secaban un poco y se volvían a mojar una y otra vez. El paisaje por la calle principal, la avenida San Martín, era gris y ni siquiera los murmullos que salían de las peñas de los alrededores le aportaban calor a ese entorno un tanto desolador.

Los locutores se encargaron de advertir al público acerca de la peligrosa creciente del río Cosquín. Muchos habían acampado a la vera del curso de agua y tuvieron que ser evacuados rápidamente: gran parte de ellos eran músicos que se presentan espontáneamente en las peñas y que andaban con sus instrumentos a cuestas, lo único seco que llevaban puesto y habían podido resguardar del agua.

A las 0.30 de ayer, hora que ya tenía pautada, Mercedes Sosa apareció en escena y la lluvia se detuvo. La cantante tucumana, apoyada por las palmas del Ballet Camín y su grupo habitual, generó uno de los pocos momentos diferentes del festival y quizás uno de los más emotivos.

Fue durante su presencia cuando otro tipo de público se arrimó hasta la plaza Próspero Molina. La gente acompañó con palmas en "Nostalgias tucumanas", la ovacionó después de cada tema, escuchó en silencio la sentida zamba "Agitando pañuelos", de los Hermanos Abalos, que hizo en homenaje al Dúo Coplanacu, a quienes calificó como la "esperanza del folklore", y se levantó de sus butacas en el chamamé "Pueblero de Allá Ité".

La intérprete tucumana volvió a mostrar su manejo de los climas y entregó un concierto que parecía fuera de contexto dentro de un Cosquín que se insinúa como chato estéticamente.

Así, con esa licencia que le dieron los años, no se privó de hacer un tango, "La última curda", bailado por una pareja amiga, y presentar a Rafael Amor y a Elva de la Vega, que fueron escuchados con respeto. Hubo emoción cuando la Negra recibió de manos del intendente de la localidad, Walter Constanzo, el premio Camín de Oro, por su labor a lo largo de todos estos años.

Tan emocionada y turbada se mostró la cantante que se terminó estrechando en un abrazo con Julio Mahárbiz, lo que generó desconcierto entre sus seguidores más jóvenes.

Mercedes apostó a temas como "María Landó", que solía interpretar Chabuca Granda, y clásicos como "Gracias a la vida", "Fogata de amor" y "Viejas promesas", que lograron recuperar por instantes la famosa mística del festival y en los que pudo desplegar esa voz tan criolla y de registro increíble.

La armonía sólo quedó interrumpida por las pequeñas riñas provocadas, debajo del escenario, por un plateísta que reclamaba a gritos, casi fuera de sí, que sacaran "a esos negros de m... que están adelante y no me dejan ver". El hombre -había pagado la entrada más cara, de 30 pesos- fue escuchado y se obligó a los enfervorizados seguidores de la Negra, que se habían plantado delante del escenario, a retirarse.

En su reemplazo llegaron efectivos policiales, que también tapaban la visión de los que estaban ubicados en la primera fila. Eso sí, nadie se volvió a quejar y la escena se mantuvo hasta que la televisación terminó.

La maratón folklórica ganaba la madrugada y el diluvio, que tantos trastornos había ocasionado, se había transformado en una simple anécdota.

La crónica de un reencuentro

COSQUIN (De un enviado especial).- Nadie se hubiera imaginado que el último año del siglo los encontraría juntos y reconciliados. Cualquiera hubiera dibujado una sonrisa socarrona si le decían que Mercedes Sosa y Julio Mahárbiz se estrecharían en un fraternal abrazo en el escenario Atahualpa Yupanqui. Mucho más si se conoce una historia con más desencuentros y miradas diferentes que puntos en común.

Pero es la propia folklorista, en la quinta donde se quedará durante todo el mes para poder palpar el festival desde más adentro, la que asegura una y otra vez: "Nunca estuvimos peleados, tan sólo había incomunicación. Es decir, si él me saludaba yo también, pero con distancia. Quizá porque los dos somos bastante tímidos. El me llamó a mi casa cuando estaba muy mal y me preguntó cómo andaba. Ahí fue que le pregunté por qué todo el mundo decía que estábamos peleados si no era así, aunque pensemos distinto. Me dijo que quizás era porque yo era del 9 de julio y él del 6 de julio. Pero nunca tuvimos problema alguno", dice, con firmeza. La afirmación tiene que ver con una postura más conciliadora de la cantante, después de su enfermedad. "En este momento quiero paz. No quiero pelearme con nadie. ¿Qué gano con la pelea? Antes salía al escenario enojada conmigo, porque no era con Mahárbiz, y estaba todo el tiempo como peleándome con fantasmas. Ahora quiero salir alegre al escenario. Es una cuestión de sabiduría que aprendí con el tiempo", confiesa la cantante, que aborda un menú tan variado como la religión santera del Africa, su amor "por la Cuba de Fidel", su esperanza en América latina y la necesidad de moverse en familia a todos lados en donde actúa.

Hasta que vuelve a ubicar al festival en el centro de la charla:"El Cosquín del último año fue muy triste. Se nota que la gente quería que estuviera Mahárbiz. No hay que olvidarse de que él fue el fundador de este festival. Eso, los coscoínos lo saben y no se olvidan. Mire que probaron con otra gente, pero siempre quedaba Mahárbiz. Será que lo quieren". .

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