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Concierto de cámara de alta definición

Claudio Barile y Viviana Lazzarin abrieron la temporada de las Soriées Musicales de La Bella Música

Domingo 25 de abril de 2010
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Soirée Musical Premium . Organizada por La Bella Música, con la participación del flautista Claudio Barile y la pianista Viviana Lazzarin. Programa: Sonata en Si menor de Bach BWV 103, Fantasía para flauta y piano, de Fauré; Bilitis, de Debussy; Image para flauta sola de Bozza, y Estudio 6 para flauta sola e Historia del tango, de Piazzolla. En el Hotel Sofitel. Nuestra opinión: excelente

La música es una visitante que no siempre se aposenta en los ámbitos que se le destinan. Cuando acontece lo contrario, como en este caso afortunado, ello se debe, sin lugar a dudas, a que sus intérpretes cuentan con las condiciones suficientes para producir un acontecimiento estéticamente válido.

Tanto el flautista Claudio Barile cuanto la pianista Viviana Lazzarin, fueron en esta ocasión los protagonistas de una sesión camarística exigente, cumplida sin aparente esfuerzo, que logró galvanizar la atención del selecto auditorio a través de un programa ecléctico de escasas concesiones. Los comentarios previos a cada obra hechos por Barile fueron esclarecedores y amenos.

El rigor interpretativo puesto en juego, desde el comienzo, con la Sonata en Si menor de Bach, de cuya maestría da cuenta su especial factura (es, en realidad, una obra a tres voces, a la flauta y el piano, se une lo que sería la tercera, confiada a la mano izquierda de la pianista). La impecable emisión sonora y el cálido trazo del flautista en el Andante inicial, su ritmo amplio y fuido, fueron vertidos con perfecta articulación, en juego polifónico con el piano.

Más intenso, el Largo e dolce, que siguió, logró combinar en la flauta, admirablemente, sus apasionadas frases con delicados cromatismos. Un mejor equilibio dinámico se logró en este segundo movimiento, con un magnífico contrapunto barroco al que el confirió perfecta definición en el toque, con un línea muy exornada de encomiable nitidez.

La Fantasía para flauta y piano (1898), de Faurè, destinada a la flauta moderna después de las innovaciones que en el instrumento introdujo Theobald Boëhm en el siglo diecinueve, se convirtió, posteriormente, en obra obligatoria -según explicó Barile- en los certámenes internacionales del instrumento en el presente. El flautista hizo gala en sus dos movimientos del extraordinario dominio instrumental y expresivo que posee y fue, asimismo, muy apropiadamente secundado por Viviana Lazzarin. El Allegro, escrito con ritmo juguetón, preanuncia a Poulenc, sus acentos y notas en staccato, sus escalas volátiles y arpegios, las sutiles armonías y modulaciones tonales se elevaron hacia las zonas agudas del registro con pasmosa velocidad.

Bilitis (suite originariamente compuesta para dos flautas, dos arpas y celesta) referidas a las célebres Chansons de Bilitis , del propio Debussy, aquí en transcripción de Georges Lambert y Jung Wha Lee, sobre los poemas en prosa de Luÿs, cuya ambigüedad combina los modos antiguos con el cromatismo posee en "Pour invoquer Pan?" y en los siguientes movimientos, sensualidad sonora en las vibrantes notas que emitió la flauta, y logrado clima de sugestión y misterio surgió de las combinaciones armónicas y el aprovechamiento provisto por ambos instrumentistas.

Image , para solo de flauta, del famoso violinista francés Eugène Bozza, evidenció su cabal dominio de la escritura para instrumentos de soplo, con sus amplios y vertiginosos arpegios que se elevan hacia las alturas del registro y una escritura virtuosística a la que Barile rindió cumplidos honores.

La parte final del concierto estuvo dedicada a Astor Piazzolla. Primero, fue su Estudio 6 (1987) para solo de flauta, exhibiendo la peculiaridad rítmica y el énfasis singular que caracterizan las obras del argentino. Finalmente, una obra que merecería mayor difusión por apartarse de la mayoría de sus obras, en cuanto a intensificación de su vena creadora. La historia del tango , para flauta y piano, suite de cuatro piezas que refleja los estilos constituyentes de otras tantas épocas de la "Mùsica de Buenos Aires", como la designó su autor, desde sus orígenes a fines del siglo diecinueve, hasta el presente.

Héctor Coda

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