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"Soy un tipo de suerte"

De villano en El laberinto del fauno , Sergi López pasó a ser un padre abnegado en Ricky y un amante sin límites en Partir

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LA NACION
Lunes 26 de abril de 2010
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Allí, muerto de calor, luego de una docena de entrevistas, en uno de los sillones más cómodos del Four Seasons porteño, Sergi López no pierde el humor ni la sonrisa. Es un tipo macanudo. "¿Cómo voy a estar cansado si soy un afortunado? Estoy acá porque no paro de hacer películas", dice con absoluta sinceridad y convicción.

Cuenta que el cine llegó a su vida casi por casualidad, pero que ama el teatro; que sabe muy bien que, sin ser el prototipo del galán, lo llaman seguido para hacer personajes sensuales, y que le divierte muchísimo encarnar al malo de la historia.

Ya a estas alturas es bien conocido por estas latitudes. Pero un currículum que incluye títulos, como Harry, un amigo que te quiere bien; Negocios riesgosos; El laberinto del fauno; Una relación particular; El cielo abierto, y Sólo mía, entre una treintena de títulos, lo llevaron a convertirse en una importante figura del cine internacional, idolatrado de igual forma en Francia y en España. Precisamente, Sergi llegó a Buenos Aires hace un mes para presentarse en la semana del cine francés. Dos títulos de ese origen se estrenarán este año y lo cuentan como protagonista: Ricky , de François Ozon, y Partir , de Catherine Corsini.


Trailer de Ricky (subtitulado en inglés)
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Este jueves se estrenará la primera, en la que comparte cartel con Alexandra Lamy y una nena impresionante: Melusine Mayance. "No había visto las películas de François Ozon, pero lo conocía a él. No es un tipo campechano, sencillo y en camiseta, sino un poco sofisticado, un dandy . Hace unas películas muy cuidadas y siempre te lleva por pistas falsas", avanza Sergi. Y algo de eso tiene que haber para que Ozon se aventure a realizar un film cuyo protagonista es un niño con alas, fruto de un enamoramiento entre dos obreros. Está lejos de Tobi , aquella emblemática película española de 1978, en la que un niño alado era señalado por la sociedad. "No es una película común. Una fábrica, una familia monoparental, este tío que luego aparece, un bebe, malos tratos y luego... ¿cómo que tiene alas? De entrada, cuando la leí pensé que era una gilipollas enorme, una boludez de campeonato. Me di cuenta de que era un riesgo. La famosa frase del niño con alas es una trampa. Puede parecer una convención comercial, pero es un gran riesgo. Aunque me di cuenta de que la historia sería la misma si, en lugar de alas, el niño tuviera una alergia", explica el actor. "Ozon no puede evitar contarte historias para dejarte perplejo sin saber a qué sitio irán. Todo es misterioso e inquietante. No sabes por dónde te va a salir y eso a él le encanta. En Francia, hicieron la táctica de no decir nada de qué se trataba. Pero en España, hice todo al revés. Les conté a todos lo del niño con alas. Porque, en definitiva, en esta historia está todo el mundo como fuera de lugar."

-¿Cómo se siente eso de estar tironeado por dos países?

-Es surrealista. Se vive bien, es un privilegio. Sólo faltaría que me queje, ¡hostia! Es proporcional lo bien que me va con lo inesperado. Me fui a París a estudiar a la Ecole Internationale de Théâtre et Mouvement, de Jacques Lecoq. Allí, de casualidad, vi pegado un papelito que decía: «Se busca actor con acento español para primer largometraje de cine». ¡Hostia! Yo hablaba francés fatal y fui por curiosidad. Así comencé. Cuando terminé esa película, me sugirieron que me quedara a hacer «mi carrera de cine» allí. ¡Si yo iba a hacer teatro! No sabía adónde iba a parar eso. París es cara. Y esa idea de sufrir en casa esperando a que me llamen, no me va. Porque si eres actor y no te llaman para actuar, te pones en duda tú mismo. En cambio, poder hacer cosas propias te da una fuerza brutal. Por eso, el teatro me ha salvado la vida y la escuela de Lecoq también. Allí aprendes a trabajar sobre la idea de crear.

-¿Ese modelo tomaste para tu unipersonal Non solum ?

-Sí, todavía lo estoy haciendo. Todo lo que hago en teatro es creación personal. Lo demás, me viene de suerte.

-¿Elegís los trabajos?

-Sí. Por eso, no me quejo mucho. Lo que me pasa es una exageración y hasta me da vergüenza. Me mandan cosas para leer de Francia, de España, de Inglaterra, de los Estados Unidos y, físicamente, no puedo hacer todo. Entonces tengo que escoger e intento hacer sólo cosas que me gustan. Y si nada me gusta, pues no hago nada. Estoy supercontento.


Trailer de Partir
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-¿Qué debe tener un proyecto para que lo aceptes?

-Tengo poca cultura cinematográfica, entonces no me puedo guiar por nombres. He trabajado muchas veces con directores desconocidos que resultaron ser «number one». Por eso intento no tener ninguna idea preconcebida.

-¿Sentís a Vidal, de El laberinto del fauno , como tu gran papel?

-Bueno se puso en valor, está muy marcado. El cine tiene eso también. Tú te pones ahí y, detrás, tienes un batallón de tíos que te ayudan. Ese personaje podría haber sido maniqueísta, pero tiene un montón de detalles. Es muy salvaje, como el ogro de un cuento de hadas. Me divierte hacer a los malos.

A mediados de año, se estrenará por estas latitudes Partir , película en la que integra un triángulo amoroso con Kristin Scott Thomas e Yvan Attal. Allí pasa tanto tiempo vestido como sin ropa. "El cine logra convertirte en objeto de seducción, aunque tal vez nadie te mira por la calle si pasas. Siempre me ha ido bien con las tías, pero nunca se han dado vuelta a mirarme. En Partir me toca hacer al amante animal. Será porque tengo acento catalán o soy peludo, no sé... En Italia pasó lo contrario: una periodista le preguntó a Kristin cómo hacía para tener escenas de amor con «ese señor que no tiene ningún sex-appeal ». ¡Ja! ¡No le gusté nada!", concluye con una carcajada estruendosa.

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