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Movimientos en la Casa de la Cultura

El encuentro tomó durante tres fines de semanas el ex edificio de La Prensa

Miércoles 28 de abril de 2010
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De la escalera de entrada a la vía alternativa de salida, que se escapa por el contrafrente, en Rivadavia, el ciclo de danza contemporánea Miradas intervino durante tres semanas, hasta el último domingo, el histórico edificio de la Casa de la Cultura. Las propuestas coreográficas presentadas en ese marco trabajaron desde el primer escalón del acceso principal en la Avenida de Mayo ( 15 formas de subir la escalera y 14 de bajarla ) al último subsuelo ( Pre-x-posar ), atravesando el patio central ( Vaca yendo ) y asomándose también a las barandas de sus primeros pisos ( Distancia al río ).

Además de las 16 propuestas a cargo de coreógrafos independientes, una videoinstalación de Alejo Moguilansky fue migrando fin de semana tras otro, apelando al recurso de la cámara de seguridad, aunque la idea de que aquello estaba ocurriendo en tiempo real mientras el público deambulaba por el circuito estipulado no fuera más que una fantasía.

Coreógrafos

Uno de los participantes de la experiencia Disculpe (usted) puede coreografiarme
Uno de los participantes de la experiencia Disculpe (usted) puede coreografiarme. Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez

El balance de las intervenciones que al cabo de los tres programas se pudieron ver en el ex edificio de La Prensa es desparejo. No obstante, ya desde la noche de la apertura, el ciclo dio cuenta de cierta mirada reflexiva e inquisidora sobre la danza de parte de algunos de los participantes.

Muestra de esto fue la performance Disculpe (usted) puede coreografiarme , de Laura Kalauz, que al mismo tiempo resultó de lo más interesante en el saldo del ciclo en su conjunto. La coreógrafa argentina radicada en Suiza puso, primero, el acto de la creación en manos de cualquier mortal que pasara caminando por las calles del microcentro, aquellos que de buena gana se dispusieran a "crear" una danza para Florencia Vecino, intérprete cuyo nombre está a la orden del día en el circuito local. Esos registros en video capturados en la vía pública en diferentes jornadas funcionaron, entonces, como una suerte de inserts para la exposición que en vivo Vecino hizo del tema, con propósitos igualmente cuestionadores: ¿cuáles son los roles del coreógrafo y del bailarín? ¿Y la noción de autor? ¿Qué formas profesionales de trabajo se establecen? Vale la pena husmear un trailer de esta especie de reality dance colgado en http://www.vimeo.com/10757988.

En esa línea reflexiva, pero una semana más tarde, Antonia, de Cecilia Pugin, abrió otra pregunta: ¿cómo abordamos una composición coreográfica a partir de un espacio determinado?

Sin dudas fue el espacio, sus múltiples posibilidades, e inclusive su historia, el gran protagonista de este ciclo con desniveles. Pero el cierre, con Estructura suspendida , se puso sobre relieve. Andrea Servera (coreógrafa) y Karin Idelson (videasta) ya han dado sobradas muestras de los resultados estéticos que alcanzan sus producciones en sociedad, de modo que una nueva iniciativa del tándem gozaba ya de cierta garantía. A ellas se sumó, para este trabajo de imagen, movimiento y música, Lucio Capece, con un concepto instrumental jugado, que mereció tapones para los oídos, que repartieron entre el público. Fabiana Capriotti, Andrea Fernández y la misma Servera, ataviadas por un sencillamente exquisito vestuario de Vicky Otero, le pusieron el cuerpo a esta investigación sobre el edificio, con la complicidad del street dancer Pablo Kun Castro.

Con similares intenciones y diversos resultados que otros años, la iniciativa de la actual gestión de Prodanza le devolvió a las artes del movimiento este magnífico lugar para desarrollar creaciones osadas y, según la premisa, también breves.

Constanza Bertolini

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