Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El escritor y su fantasma

Un editor fracasado peregrina a la capital de Irlanda en busca de un sueño redentor: en su nuevo libro, Dublinesca , el catalán Enrique Vila-Matas explora "la muerte del Autor" como destino, uno de los motivos recurrentes de su obra

Sábado 01 de mayo de 2010
0

Por Walter Cassara Para LA NACION


Dublinseca Por Enrique Vila-Matas Seix Barral 328 Páginas $ 79

Siempre está lloviendo en Dublinesca , el nuevo libro del catalán Enrique Vila- Matas (Barcelona, 1948). Llueve muchísimo y en todas partes; llueve cerrada, angustiosamente; llueve tanto que es como si no ocurriese otra cosa, como si todo el resto fuera nada más que ficción, simulacro, sueño. No obstante, el promedio de agua acumulada en estas páginas es inferior al número de referencias literarias y culturales que florecen, como margaritas salvajes, a lo largo y ancho de toda la novela. Ello no tendría por qué amedrentar ni sorprender a nadie. A contrapelo de una época de excesivos recatos y fobias hacia la literatura, buena parte de la obra narrativa del autor de Bartleby y compañía ha sido forjada en las canteras de un imaginario netamente libresco. Y esta novela que se propone, desde el título, como una relectura -en clave muy personal- de Joyce y Beckett, no es la excepción.

En su bagaje teórico, en el aspecto técnico, Dublinesca abreva, evidentemente, en la ficción borgeana. Está compuesto de apostillas y peregrinajes por la obra de otros escritores -verdaderos y apócrifos-, así como de parodias metafísicas, de aporías y bifurcaciones infinitas en torno a una "biblioteca ideal". Desovillada en las grandes extensiones de la novela, la exacta y ondulante condensación estilística que exige Borges tiende, naturalmente, a disiparse y a convertirse en prosa pelada, reglamentaria y plana. En Dublinesca pasa que la extensión debilita la densidad de la trama y se estrella, una y otra vez, contra las abstracciones -el mundo de las ideas-, que suele ser el punto fuerte de Vila-Matas.

Salvo que ha dejado la bebida, que se ha retirado de sus funciones editoriales y que está obsesionado con el sexto capítulo del Ulises, no se sabe mucho más de Samuel Ribas, el protagonista de la historia. Aunque en su catálogo cuenta con numerosos títulos de prestigio, Ribas se considera un editor fracasado, ya que no ha descubierto, en su larga carrera, a ningún escritor realmente "genial". Agobiado por esta frustración, por la vejez y por un matrimonio que agoniza, Ribas tiene un sueño redentor en el que Dublín se le aparece como la puerta a una nueva vida. Decide, entonces, hacer un viaje a la capital de Irlanda y aprovechar la visita para asistir al Bloomsday, la célebre -y bastante ridícula, por cierto- ceremonia que conmemora aquel 16 de junio de 1904 en que transcurre el Ulises. Para ello recluta a tres viejos amigos que, por supuesto, son escritores, pero no les confiesa su propósito más íntimo, que es el de formalizar, en un entierro simbólico, la capitulación de la era Gutenberg frente a la era de la electrónica.

De allí en adelante, el relato se prodiga en una larguísima mise en abîme que intenta compendiar, además de los elementos funcionales a la trama, un complejo y variado paseo por todas las artes y devenires posmodernos de la cultura occidental. Por dar un ejemplo, el "funeral por la era Gutenberg" es una puesta en abismo del sexto capítulo del Ulises en el que los tres personajes principales de la novela asisten al entierro de un tal Paddy Dignam. En una escena de ese capítulo, por única vez, aparece una misteriosa silueta enfundada en un impermeable de gabardina. Mediante esa aparición fugaz, presuntamente, Joyce se habría pintado a sí mismo. Es decir: se trata de una puesta en espejo que se refleja en otra puesta en espejo que, a su vez, se refleja en otra... Luego, también, interviene Beckett. ¿Qué hace Beckett en el entierro de la era Gutenberg? Nunca queda muy claro. No obstante, Ribas sospecha que sólo "beckettizándose", convirtiéndose en un espectro que se ovilla en una mecedora, se puede sobrevivir en la maleza de la era digital.

"La muerte del Autor", concebida no ya como una herramienta de la crítica, sino más bien como un destino, la condición necesaria y suficiente de la escritura, es un motivo recurrente en la obra de Vila-Matas. En Dublinesca , dicha condición se representa bajo la forma de una presencia fantasmal que acosa a Samuel Ribas a lo largo de su accidentado periplo por las calles de Dublín. Alma en pena, convidado invisible, sombra anónima que se ríe, en la oscuridad, de sí mismo y de las criaturas que ha creado, un impermeable de gabardina mojándose en la lluvia es todo el rastro que deja el Autor. Y es también, después de todo, la impresión más vívida y contundente que queda después de haber leído la novela.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas