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"En 1910 había optimismo, satisfacción y mucha autoestima"

María Sáenz Quesada

Domingo 02 de mayo de 2010
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Acaba de terminar su último libro, Las cuentas pendientes del Bicentenario, una mirada sobre los movimientos que en aquellos años de 1810 buscaron su autonomía, no sólo en la Argentina, sino en otros países de América latina. "Fue la tarea de mis vacaciones de verano. Traté de profundizar un poco en el misterio de América analizando cómo era el clima de 1810 cuando había entusiasmo por esa convicción de que si los criollos nos hacíamos dueños de nuestros destinos íbamos a ser muy felices; cosa que no era tan fácil como la historia se encargó de demostrar", explica la historiadora María Sáenz Quesada.

"Existía entusiasmo en la mente de los protagonistas de aquellos movimientos, entusiasmo que se había ido formando a través de viajes y lecturas y por el estudio de la naturaleza. Porque estudiar la flora, la fauna, el paisaje, conocer América, despertó en muchos jóvenes inquietos el ideal de libertad. Por eso dedico casi dos capítulos a los viajes de naturalistas como Humboldt o Bonpland y a los científicos que, enviados por España para estudiar la flora y la fauna, lograron un efecto inesperado y terminaron creando una generación de revolucionarios, entre otros Simón Bolívar.

María Sáenz Quesada se licenció en Historia en la Universidad del Salvador y es la directora de la revista Todo es Historia, fundada por Félix Luna hace más de 40 años. Profesora e investigadora, es autora de varios títulos, entre muchos otros Mariquita Sánchez, vida política y sentimental; Argentina, historia del país y su gente; Mujeres de Rosas , etcétera. Además, es miembro de la Academia Nacional de la Historia y fue secretaria de Cultura de la ciudad de Buenos Aires.

-¿Naturalistas que crearon una generación de revolucionarios ?

-Sí. Simón Bolívar admiraba a Humboldt y a Bonpland. No hay que olvidar que se logró la libertad de Bonpland, que estaba prisionero en Paraguay, gracias a su gestión ante el dictador Francia. También lo tenemos a Félix de Azara (1772-1821), militar, ingeniero, cartógrafo y naturista que llega a América del Sur para delinear la frontera entre las posesiones de España y Portugal establecidas en el Tratado de San Ildefonso. Durante su larga y azarosa estada de 20 años en América clasifica y describe nuevas especies de pájaros y mamíferos. Azara colaboró con Artigas en la organización de los pueblos fronterizos entre la Banda Oriental y Brasil. Sus escritos fueron leídos por personajes que van desde Vieytes hasta Sarmiento. Otro aporte importante es el de las logias masónicas, como El Arcano de la Filantropía, fundada por Antonio Nariño en Colombia.

-¿Qué era El Arcano de la Filantropía?

-Nariño fue el artífice de la independencia de Colombia. Su biblioteca llegó a ser la más importante del Virreinato de Nueva Granada y muy frecuentada por intelectuales y políticos. Y allí se crea una logia masónica, que denominaron El Arcano de la Filantropía. Nariño fue el traductor de Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgados por la Asamblea francesa en 1789, obra que le costó ser perseguido y 10 años de prisión.

-¿Cuál sería la diferencia entre 1910 y 2010?

-En el Centenario se miraba el pasado, pero no por el pasado en sí mismo, sino como elemento para proyectar el futuro. En 1910 había optimismo, satisfacción y mucha autoestima. La dirigencia que condujo el país durante los últimos 50 años se sienta a mirar los logros y los considera muy buenos. Sin embargo, el país está dividido: hay un sector que protesta, acaso en la más intensa protesta que hubo en la primera década del siglo. Con mucha actividad sindical, e incluso con la visita de importantes activistas extranjeros. Después estaba otro sector, el de los recién venidos, en el que había grandes grupos de inmigrantes que buscaban integrarse y que veían el futuro con optimismo y como oportunidad de incorporarse a la nueva sociedad ellos y sus hijos. Y la dirigencia que, como vimos, estaba muy contenta consigo misma.

-¿Qué pasa hoy?

-Ahora hay gente enojada; en realidad nadie parece muy contento; tenemos un país crispado, ésa es la gran diferencia. Antes había gente enojada, pero también quienes creían en el futuro y trataban de integrarse. Creo que en parte por las dudas que plantea el futuro y también por el hecho de que pasamos a ser un país de migración, aunque siga siendo atractivo para los vecinos.

-¿Cómo nace su vocación de historiadora?

-Provengo de una familia de historiadores, entonces en la mesa familiar se hablaba del último libro, de la última polémica. Cuando era chica escuchaba hablar tanto de Blancanieves como de Hernán Cortés. Iba al colegio con mucha información, incluso a veces me daba cuenta de que mi opinión difería de la de mis profesores. Cuando una comienza a estudiar de entrada la historia europea parece más atractiva, por ejemplo, esas matanzas del inquietante Enrique VIII. Pero, de pronto, se da cuenta de que todo eso está muy trabajado; en cambio en nuestra historia, la de los países americanos, hay muchos puntos oscuros para aclarar y eso entusiasma al joven historiador.

Luis Aubele

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