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En nombre del padre

Alicia de Arteaga
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8 de mayo de 2010  

Noble, un argentino visionario

Por Guadalupe Noble


Sudamericana

240 Páginas

$ 250

Del joven político, el legislador y el inspirado empresario fundador de Clarín , Guadalupe Noble elige recuperar del rompecabezas de la memoria la figura del hombre en la intimidad. Noble, un argentino visionario es el resultado de un largo camino de introspección. El recorrido que va desde los tempranos diez años, cuando la muerte de su padre la sorprende en una siesta de sol en el refugio cordobés de La Loma, en Totoral, hasta el presente de este homenaje entrañable. El libro cierra el abismo de la pérdida: "Soy su hija y desde ese lugar quiero contar a mi padre, que entre muchas obras hizo una que es sólo mía al regalarme una infancia feliz y un ejemplo".

La vida de Roberto Noble, registrada en un texto austero y de llamativa neutralidad, sorprende por el brillo y la audacia de las primeras iniciativas del legislador del Partido Socialista Independiente, que impulsó la sanción de la ley 11.723 de derechos de autor, que lleva su nombre; la fidelidad a su mentor, el socialista Antonio de Tomaso, y la gestión trunca como ministro de Gobierno de Manuel Fresco, que determina su alejamiento de la vida política y el comienzo de su actividad como productor agropecuario en la estancia Santa María, de Quiroga, que vendió para fundar Clarín . Hay algo heroico en el relato de ese "nacimiento" liderado por un profesional de temple, un vasco de armas llevar, según los testimonios de sus colaboradores y la cuidadosa investigación a cargo de Marcelo Franco. Clarín nació pobre y con buena estrella: en un mes había gastado el papel previsto para seis.

La impecable presentación y el cuidado diseño se enriquecen con las fotografías, muchas de ellas magníficas, que permiten escrutar gestos y actitudes en el hombre de porte elegante, siempre con un cigarrillo entre sus dedos, con Miguel Angel Cárcano, con su madre y sus hermanos, con Federico García Lorca y Margarita Xirgu, durante su visita a Buenos Aires para la presentación de Bodas de sangre , con Arturo Frondizi, en La Loma del Totoral, pueblo de siestas largas, que con la presencia de los Noble cambió su destino. Oficialmente conocido como Villa General Mitre, ha sido desde siempre lugar de encuentro en los veranos tórridos de cordobeses y tucumanos de ley. Noble primero y Guadalupe después pusieron la cuota porteña en la tertulia cordobesa.

Es la foto de Lupita con su padre, en una visita al diario cuando tenía siete años, la puerta que abre este itinerario guiado por la ternura y el afecto, sentimientos que necesitaban el caudal de estas páginas para expresarse. Noble, el hombre que esperaba con pasión la salida del diario en la calle Piedras, hizo sus primeras armas y "ganó su primer peso", según le responde, en una jugosa anécdota, a la periodista de Caras y Caretas , como cronista de fútbol en la sección Deportes del diario LA NACION. Eximio bailarín de tangos, no sólo les dio a los artistas y escritores una ley en defensa de sus derechos, sino que se preocupó por recuperar el Teatro Argentino de la Plata y hacer del Cervantes -el teatro levantado por María Guerrero, que estaba en la quiebra más absoluta- casa nacional del teatro de comedia. Como Acevedo, Arrieta y Fortabat, Noble fue un hombre de empresa que apostó por la industria nacional y suscribió el ideario desarrollista, capítulo clave de la historia local. En este libro, Guadalupe Noble hace justicia a un padre singular, y lo hace también de una manera singular, con respeto y admiración, sin espacio alguno para especulaciones, rencores ni intereses económicos.

© LA NACION

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