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Cine / Estrenos

Kaufman y su mundo alucinado

ADN Cultura

El celebrado guionista tomó por primera vez la cámara en Todas las vidas, mi vida , film en el que vuelve a obsesiones suyas como la identidad y la búsqueda del amor

A sus cincuenta años, Charlie Kaufman se decidió a caminar solo. Tras sus sociedades con los directores Spike Jonze en ¿Quieres ser John Malkovich? y El ladrón de orquídeas , y con Michel Gondry en Naturaleza humana y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos , el guionista más rupturista de Hollywood se inició como director con Todas las vidas, mi vida (en el original, Synecdoque, New York ), que se estrenó aquí la semana pasada. En lo que podría resultar un exasperante ejercicio de reproducción psicótica y exceso de citas, una vez más Kaufman logra humanizar fórmulas ya probadas. Y muestra cuánto hay de él en los films que escribió para otros realizadores.

Nacido en Long Island en el seno de una familia judía, Charles Stuart Kaufman dio sus primeros pasos profesionales en la televisión. Pero la fama y el prestigio le llegaron con el cine, gracias al guión de ¿Quieres ser John Malkovich? , por el que fue nominado al Oscar en 1999. Con la enloquecida historia del marionetista que maneja la cabeza de Malkovich desde el piso 7 y medio del edificio en el que trabaja, Kaufman se convirtió en un guionista de culto. Luego llegaron Naturaleza humana , Confesiones de una mente peligrosa (dirigida por George Clooney), El ladrón de orquídeas (otro guión suyo nominado al Oscar) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos . Por esta última, una agridulce historia de amor y de batalla contra el olvido, Kaufman finalmente obtuvo la estatuilla dorada, en 2004.

Pero hay otro Kaufman, tal vez menos conocido: el que dejó inconclusa la adaptación de Una mirada a la oscuridad , la novela de Philip K. Dick (que tiempo más tarde llegaría a la pantalla grande con dirección y guión de Richard Linklater). El trabajo, que quedó abandonado en un cajón, está disponible en la página www.beingcharliekaufman.com . Otra obra poco conocida del ahora director es el guión de Hope Leaves the Theater , suerte de radioteatro en vivo realizado en 2005. En la historia, el personaje principal es una mujer sin rumbo, que se encierra en su casa para tener sexo virtual. Allí, como ocurre en buena parte de sus trabajos, Kaufman recurre a la autorreferencia y juega con los límites de la representación. La obra fue parte de un proyecto doble creado por Carter Burwell, compositor de la banda sonora de ¿Quieres ser?? y de todos los films de los hermanos Coen. Justamente, éstos eran parte del equipo que se proponía reivindicar el radioteatro clásico. El dúo Coen no logró coordinar con el proyecto y su obra luego fue suplantada por otra, Anomalisa , de un tal Francis Fregoli, que resultó ser un pseudónimo del propio Kaufman. La patología llamada "síndrome de Fregoli" se resume en la tendencia a confundir identidades. Nada es casual en su mundo y fue con todo ese bagaje como Kaufman llegó a dirigir su propio film.

"Todo lo que quiero es alguien que me vea, alguien que me mire con bondad. Ser la persona más importante del mundo para alguien", confiesa el director de teatro Caden Cotard, personaje principal de Todas las vidas, mi vida . Cotard gana la beca Mac Arthur y está casado con una artista plástica de prestigio. Todo parece funcionar hasta que se ve abandonado por el amor (su mujer confiesa que fantasea con verlo muerto), por la buena salud (su cuerpo deja de responderle) y, sobre todo, por la inspiración. Aun así, no pierde las ganas de dar a luz "la obra" de su vida y lucha contra todas sus disfunciones (físicas y psíquicas) para lograrlo. Se abre el abanico para que el autor despliegue ese juego de múltiples personalidades-espejo al que tanto le gusta recurrir.

De la experiencia como director, Kaufman salió enriquecido. En una entrevista realizada por el también director David Cronenberg, dijo que dirigir "es una experiencia más pragmática, donde se debe lidiar con restricciones de tiempo y dinero que nos fuerzan a tomar decisiones que no tomamos cuando escribimos". También ha dicho que quiere continuar su carrera como realizador. Sin embargo, vale la pena recordar que en un principio Todas las vidas... iba a ser dirigida por Spike Jonze. Kaufman y Jonze ya habían comenzado a delinear el proyecto de una película de horror. Un par de años más tarde, Jonze comenzó con su propio proyecto, Donde viven los monstruos , y Kaufman no quiso esperar a que lo terminara para dedicarse a Todas las vidas. Acordó con Jonze que él mismo dirigiría la película. Y eso que se habían propuesto como una película de horror se transformó en una obra que explora los miedos más básicos de su autor: "Sentir que el tiempo pasa más rápido cuando envecejes sin haber logrado lo que esperabas", como dijo Kaufman al L.A. Times .

A este polémico cineasta no se le puede negar que lo suyo no es el facilismo. Y ese sello tan suyo, ese juego con las identidades que se reproducen y se esconden, puede deslumbrar o exasperar. Al mismo tiempo, su excesivo apego a las formas podría dejar sus obras sin alma. Sin embargo, en Todas las vidas... , al igual que en las anteriores, sale airoso. Parte del acierto de la película recae en Philip Seymour Hoffman, que interpreta a Caden con facilidad. El actor ya les puso el cuerpo a otros seres agobiados, como en Antes que el diablo sepa que estás muerto y Los Savages . Catherine Keener, quien aparecía en ¿Quieres ser John Malkovich? , también se ajusta a este universo. Lo que aquí no está presente es el pulso de videoclip que Jonze y Gondry les inyectaban a sus películas. Ahora, el lenguaje de la "generación MTV" da paso al ritmo Kaufman, que se ralentiza para mostrar sin prisa a sus criaturas, seres que la vida ha ensombrecido hasta ponerlos a tono con la opaca ropa que llevan puesta.

Aquí, como en sus otros films, en Kaufman resuena el espíritu del italiano Luigi Pirandello. Utiliza la figura del autor como un personaje más en el entramado de sus historias y rompe con las líneas que separan la ficción de la realidad. El metarrelato es uno de sus recursos más utilizados. La identidad es uno de los elementos que también unen a Kaufman con el autor de Seis personajes en busca de un autor . Y no podían faltar tampoco los fetiches: la casa que vive en un eterno incendio, habitada por la actriz Samantha Morton; las diminutas pinturas que realiza el personaje de Keener, tan minúsculas que sólo pueden ser vistas a través de una lupa. Son objetos comunes en el mundo Kaufman, como la casa que se eclosiona en Eterno resplandor... , que a veces funcionan como puntos de fuga.

Las críticas en Estados Unidos se dividieron entre quienes destrozaron la película por pretenciosa y aburrida y quienes la vieron como una obra maestra. Es que Todas las vidas... no es un film fácil, pero ninguna creación de Kaufman lo es. Transitarlo es una agonía que, con el tiempo, devuelve el sabor de una buena película. Ese sentimiento de agobio que hermana al espectador con el protagonista es uno de los logros del film, que se plantea de manera más directa los dilemas filosóficos que siempre rodean la obra de Kaufman: la identidad, la libertad creativa, la búsqueda del amor. Los grandes temas de la historia del arte, presentes en quien depende del juicio del tiempo para saber si es el artista que intenta ser.

© LA NACION .

Por Natalia Gelós Para LA NACION - Buenos Aires, 2010
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