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Algunas razones para abandonar la Costa Azul

Reflexiones de una familia francesa que recorre el planeta en bicicleta

Sábado 22 de mayo de 2010
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SAN SALVADOR DE JUJUY (Especial).– Una familia francesa llegó a esta provincia a puro pedal. Turistas atípicos, recorrieron casi 3300 kilómetros desde que salieron hace más de nueve meses de su casa, entre Grass y Cannes, en la Costa Azul.

El plan era cortar la rutina, esa tediosa experiencia que comenzaba a pesarles a Catherine Vigouroux, de 48 años, y a Paul Ravanas, de 40. Apenas la idea comenzó a tomar forma no dudaron, se equiparon en seis meses y partieron para ver el mundo. El propósito era viajar pedaleando con sus hijos: Gaston, de 9 años, y Valéry, de 6, por varios países, conocer su gente, sus regiones, sus culturas.

Comenzaron en el este asiático. Pasaron por Japón, Corea del Sur, Nepal, Tailandia, Camboya, y después Nueva Zelanda. Unos meses más tarde llegó el turno del capítulo latinoamericano: viajaron en avión hasta Chile y luego hasta Córdoba. De allí, en bici a Catamarca, hasta llegar al norte argentino, donde están actualmente.

Partieron de aquí hacia La Quiaca, justo en el límite con Bolivia, y a su destino final, Lima, Perú. Allí, un avión los llevará nuevamente a su hogar el 1º de agosto, después de un año de conocer nuevos mundos, probarse cada día y, sobre todo, desarrollar una gran dosis tenacidad.

El plan

La idea había comenzado en 2008. Los movía la necesidad de cambiar su vida cotidiana. "Me atrae viajar y describir nuevas culturas y países. No me gusta la rutina, estar siempre en un mismo lugar", explica Vigouroux.

¿Vacaciones? Para nada. "El único descanso que tuvimos fueron 10 días en la Polinesia Francesa", sonríe Vigouroux. El resto fue pedalear kilómetros y kilómetros y, al atardecer, preparar todo para dormir –principalmente en campamentos, hostales o casas de familia–, ocuparnos del mantenimiento de las bicicletas y recomenzar. Puro trabajo.

Con el correr de las semanas, paradójicamente, también se convirtieron en presa de esa rutina de la que escapaban. Un día típico de esta familia comienza a las 8; después del desayuno levantan campamento y salen a la ruta. Pedalean unas cuatro horas, hasta después del mediodía. Almuerzan y paran, si es posible. "A veces no hay opción y seguimos. Depende de las condiciones de las rutas", explica Ravanas.

El gran desafío fue incluir en este proyecto a los chicos. Ravanas es profesor de Economía y Vigouroux, consultora de temas educativos. Entre los dos prepararon un plan para que sus hijos tuvieran una suerte de escolaridad durante el año. "Este viaje es una buena manera de que vean otras culturas y personas –dice Catherine–. Creo que es algo bueno para ellos porque en un país rico, donde viven, ven sólo una parte de la realidad del mundo, muy reducida. Quiero que abran los ojos."

Mientras sus padres hablan, los chicos juegan sin parar, felices, en la casa de la familia jujeña que los hospedó aquí por dos noches. Ravanas no para de revisar las tres bicicletas: son equipos especiales que les permiten llevar a los niños sentados y cargar el equipaje. Pesan entre 50 y 100 kilos, según el modelo. Los chicos se alternan: cuando uno pedalea, el otro va leyendo, estudiando o simplemente descansando.

Ravanas y Vigouroux tienen experiencia en escalar y en lo que implica terminar una tarea: "Al subir una montaña no hay vueltas. O subís y seguís, o morís", explica Ravanas. Seguramente esas experiencias los ayudaron a mantener el espíritu alto y la voluntad firme.

"Se aprende más cuando las cosas se hacen desde el comienzo hasta el final", explica Ravanas, para quien los jóvenes hoy viven en la cultura del zapping, que los lleva a abandonar cualquier tarea cuando se les hace difícil. "En Francia todos los chicos quieren tener cosas sin esfuerzo, creo que sucede en muchos países, y no es bueno para ellos", agrega Vigouroux.

En este sentido, esperan que sea una gran lección para Gaston y Valéry y que el trabajo intensivo de esta travesía los haga más tenaces.

Los Ravanas-Vigouroux tuvieron la suerte de encontrarse con otra familia francesa pedaleando por el NOA. Y esperan reencontrarse con ellos en el trayecto que les queda. Por raro que parezca, afirman que cada vez hay más gente que se lanza a las rutas en dos ruedas y que varios son franceses.

Al enfrentarse a distintas culturas, para Ravanas fue más evidente la globalización. "Cuando en Nepal se ve a una mujer mirando por televisión una propaganda de perfume Dior es algo raro. La publicidad es omnipresente; son siempre mujeres blancas", agrega Vigouroux.

Después de este viaje, los dos se volvieron un tanto pesimistas con respecto al medio ambiente. "El consumismo es la nueva religión. Vemos que hay más y más deseos materialistas, y eso implica las ganas de tener más y de producir más, y eso –explica Ravanas– necesariamente genera problemas ambientales."

Amalia Eizayaga

Hasta el presupuesto

Los que quieran seguir el trayecto de los Ravanas-Vigouroux pueden entrar en el blog http://polkavalgas.canalblog.com . Cuando la familia encuentra conexión a Internet, publica novedades, comentarios y el presupuesto detallado del viaje. En francés, claro.

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