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Brillante actuación del Coro Universitario de Mendoza

Con la diestra conducción de Silvana Vallesi, el organismo mendocino demostró una vez más por qué es considerado uno de los mejores coros de todo el mundo

Domingo 23 de mayo de 2010
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Concierto del Coro Universitario de Mendoza. Dependiente de la Universidad Nacional de Cuyo, con la conducción de Silvana Vallesi, organizado por el Mozarteum Argentino para su ciclo de Conciertos del Mediodía. Programa: obras de Calixto Alvarez, Levente Gyöngyösy, Thierry Machuel, Tomás de Torrejón y Velazco, Paul Chihara, Guidon López Gavilán, Carlos Guastavino, Manuel Tejón y Angel Cucco Peña. En el teatro Gran Rex. Nuestra opinión: excelente

Una actuación estelar, signada por la excelencia, ofreció en esta nueva etapa de los Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino el Coro Universitario de Mendoza, con la conducción de Silvana Vallesi. Se trata de un organismo coral que ha probado una vez más hallarse en el rumbo inspirado que le imprimió desde su creación -en 1965- el insigne maestro Felipe Vallesi. Sin temor a exagerar, después de escuchar al Coro Universitario mendocino, puede aseverarse que no es sólo uno de los conjuntos corales mixtos de máxima valía que enorgullece a Mendoza y al país, sino, además, uno de los mejores del mundo. Tal calificación debe deducirse de los significativos triunfos obtenidos: el Gran Premio Europeo de Canto Coral 2009, que le fue otorgado en el Florilège Vocal de Tours (Francia), y el Grand Prix en la 23º Bèla Bartòk International Choir Competition, realizada en Debrcen (Hungría), noticias que -lamentablemente- no tuvieron en su oportunidad la debida difusión en la Argentina.

Expresiones

No resulta difícil advertir, empero, al escuchar en vivo a los coreutas mendocinos, las razones que deben haber impulsado a sus eventuales jueces europeos a concederles esos máximos galardones: afinación perfecta y admirable ajuste en todas y cada una de sus cuerdas; ductilidad interpretativa y amplios márgenes dinámicos y expresivos para abordar obras de diferentes épocas y estilos; un repertorio a cappella que se interna con solvencia técnica en las creaciones musicales contemporáneas, así como en páginas latinoamericanas de raíz folklórica. Pero, por encima de todo, el Coro Universitario posee una identidad inequívoca y ejemplar, actitud que se advierte en la masa coral, y que el espíritu y las indicaciones de su esclarecida directora Silvana Vallesi han logrado galvanizar en el alto grado de participación de todos sus integrantes.

Hubo comunicativa expresión de la solista Laura Cabrera en Lacrymosa , del cubano Calixto Alvarez; bello color en la amalgama vocal y expresiva homogeneidad sonora en Te lucis ante terminum, de Levente Gyöngyösi; y persuasiva intensidad en la voz baritonal del solista en Le Parure éphemère , de Thierry Machuel, ofrecida en primera audición, con reminiscencias de las estructuras microtonales de Lygeti, especialmente en la ductilidad expresiva de las voces femeninas.

La incorporación del clave, el violonchelo y la guitarra barroca confirió dulzura sonora a Desvelado dueño mío a ocho voces con bajo continuo, pieza del célebre músico indiano Tomás de Torrejón y Velazco -nacido en el Perú colonial y maestro de capilla en la Catedral de Cuzco-, vertida con equilibrada polifonía vocal.

Lie lightly gentle earth , del japonés Paul Chihara, reveló precisa fusión vocal en sus tenues disonancias y sus crescendos. Aporrumbeosis , del cubano Guido López Gavilán -expresión del canto colectivo popular- tuvo atractivos efectos vocales y sonoros. Las Indianas para coro masculino ("La tarde" y "Sino"), de nuestro Carlos Guastavino, con trazo limpio y fluido lirismo alcanzó la expresión conmovida y perenne que posee toda creación musical cuando llega a convertirse en una expresión casi anónima. Por supuesto, toda huella de nostalgia se esfumó luego con la cueca mendocina Remolinos , de Manuel Tejón, traducida con auténtico sabor expresivo que, en Bomba E! del portorriqueño Angel Cucco Peña, deslumbró como sus repentinas palmas, chasquidos y ritmos plenos de vida y colorido. Finalmente, Tangata , de Astor Piazzolla, con la acertada y eficaz participación del pianista Marcelo Ayub, arrancó sostenidos y merecidos aplausos.

Héctor Coda

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