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Apasionados por el chocolate

Con casi una boutique en cada cuadra, las chocolaterías son el reflejo de dos mundos que conviven en Bruselas: el europeo moderno y el belga artesanal
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28 de mayo de 2010  • 14:13

BRUSELAS.- Aquí es difícil mantener la línea. No esa que se vuelve difusa cuando se prueban algunas de las más de 500 cervezas que se producen en este país, sino la alimenticia: sólo en la región de Bruselas capital, una de las tres regiones de Bélgica, con 19 comunas en 160 km2 (la superficie de la ciudad de Buenos Aires, a modo de comparación, es de más de 200 km2), hay 110 chocolaterías. Así lo confirmó a lanacion.com la agencia gubernamental para el desarrollo comercial de Bruselas, Atrium.

Un mercado que en 2008, y sólo teniendo en cuenta el consumo de los más de un millón de bruselenses, alcanzó los casi 57 millones de euros. Las cifras, que surgen de una encuesta sobre el presupuesto hogareño del Centro de Estadísticas y de Información Económica belga, no incluyen las compras de los turistas. En promedio y por año, cada casa belga gasta 232 euros en chocolates.

Entrar en una boutique y seleccionar un chocolate es, en Bruselas, toda una ceremonia. Y es en estos espacios, en los que se ve y se huele chocolate, que se entiende la paradoja belga. Por un lado, Bruselas como capital europea, con edificios nuevos, burócratas europeos y toda la modernidad que esa globalización supone. Por el otro, las casas estilo art nouveau del arquitecto Victor Horta, el mantenimiento de las tradiciones, de los trabajos más artesanales -como el encaje en Brujas, los sombreros, los bastones y los cuchillos en Bruselas-, y hasta el conflicto todavía latente sobre los derechos lingüísticos de las comunidades francófona y flamenca.

Algunas boutiques son conocidas internacionalmente, como Godiva, Corné, Neuhaus, Léonidas o Marcolini. Pero todas tienen esa particularidad de ofrecer un trabajo esencialmente artesanal. Sus creadores, como aquí los llaman, reivindican justamente esta característica como explicación de por qué el chocolate belga es catalogado como uno de los mejores del mundo: es ese costado artesanal de la producción que los diferencia del sabor totalmente distinto de los chocolates más comerciales. Marcolini, por ejemplo, busca sus habas en tierras peruanas.

Y justamente la calidad de las habas es una de las razones de la buena reputación del chocolate belga. La afirmación surge de un estudio de Best Belgian Chocolate of the World , una asociación que reúne a los "maestros chocolateros" que perpetúan la excelencia y la tradición artesanal belga. Otras razones: el cuidado especial en la torrefacción, la calidad del azúcar utilizado, la cantidad mínima de cacao del 43%, y el amor de los artesanos por su métier .

En calidad, su primer rival son los suizos. Pero a los belgas no les importa. Están enamorados de su chocolate.

Los belgas, que no sufren de sobrepeso, son los mayores consumidores de chocolates en Europa: la mitad de la población come chocolates varias veces por semana, según una encuesta Ipsos realizada para el grupo Barry Callebaut, líder mundial en la fabricación de productos a base de cacao y chocolates de calidad superior. Y, cada vez más, se inclinan por el consumo de lo que aquí denominan el "chocolate funcional". Es decir, aquel que genera un efecto beneficioso para la salud emocional o física.

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