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Princesa del vino

Científica y médica de emergencias, Laura Catena se pone al frente de una bodega familiar de tradición bien argentina, como la tierra que ama. Su carta de presentación: el malbec

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LA NACION
Domingo 30 de mayo de 2010
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Los grandes vinos no necesitan traje y corbata para demostrar quiénes son. La uva viene de la tierra y el vino, de su cuidado. Menos aún cuando la que está a la cabeza es una científica, enamorada de su tierra, investigadora incansable, médica de emergencias y amante de las personas y de su trabajo. Ella es Laura Catena, la hija del Rey del Vino, como suele nombrar a su amadísimo padre, Nicolás Catena, que en 2009 fue el hombre del año según la revista londinense líder del vino, Decanter. "Pensá que a Bordeaux le llevó 500 años hacer un grand cru y a mi papá, sólo diez", se enorgullece su hija, la princesa.

La historia de Laura dentro de la bodega empieza en los ochenta. Si su padre fue el que llevó y presentó el vino argentino al mundo, con su cabernet Nicolás Catena 1997, ella es quien hizo todo el esfuerzo para posicionar los primeros grandes malbecs en el exterior.

Mientras estudiaba medicina en los Estados Unidos, volvía a Mendoza para plantar lo mejor de la variedad. "Hicimos una selección de plantas para determinar si podíamos desarrollar un gran malbec. Investigamos cuando nadie sabía que el malbec, en el siglo XVII, era la variedad más importante del mundo", aclara. Plantaron 150 hileras de distintos orígenes; luego, eligieron las 15 mejores y después 5, algunas de ellas de su viñedo más antiguo, Angélica (el nombre de su abuela). Más tarde hicieron iguales experimentos con cabernet y chardonnay que habían traído de Napa Valley y de Bordeaux.

La jefa. "Somos una familia y todos los que trabajan acá son parte de ella. Ese amor que me producen la medicina y el vino lo siento por la gente", subraya Catena
La jefa. "Somos una familia y todos los que trabajan acá son parte de ella. Ese amor que me producen la medicina y el vino lo siento por la gente", subraya Catena. Foto: Graciela Calabrese

Padre e hija

Cuando Laura vivía en los Estados Unidos, Nicolás la visitaba, le acomodaba el cuarto mientras estudiaba, salían a probar los mejores vinos del mundo cuando ella no había cumplido aún los 20 años. Hoy cuida a sus tres nietos. "El siempre me dice: «Laura, sos vos la que has realizado todo y nos has obligado a desarrollar el malbec»", sonríe encantada la mujer que reparte su vida entre San Francisco y Mendoza. Y aclara: "Porque en realidad, a mi papá le gustaba el cabernet y me llevó algunos años convencerlo de hacer algo con el malbec. En una familia tiene que haber varias personas pensando. Yo soy la especialista en contar la historia de Nicolás Catena. Nunca siento que la historia de Nicolás tape la de Laura. Sé lo que hice en la bodega y también tengo mis propios vinos, Luca, que sacan grandes puntajes. La realidad es que esta es una familia y ojalá sea como un châteaux francés, que dure otros 400 años".

Formalmente, Laura Catena empezó a hacer carrera en 1996, cuando plantó los malbecs que venía desarrollando. Su primer título dentro de la bodega fue de investigadora. "Cuando en los Estados Unidos hablaba del vino argentino me preguntaban si no me estaba refiriendo a Chile. Por eso, al ver que mi papá trataba de hacer el mejor vino, quería ayudarlo porque era muy difícil. El es mi ídolo, una de esas personas que siempre te ayudan a mejorar. Por eso empecé con la investigación." Luego de un tiempo de trabajar como médica de emergencias (donde conoció al marido y padre de sus hijos) y en la bodega con las exportaciones, bajó sus horas de médica a la mitad. Ahora, solamente viste el uniforme de ER cuatro días por mes.

-Te encantan los desafíos del momento...

-Es lo más fascinante: tenés un paciente adelante al que nadie vio y le hacés un diagnóstico. Corrés a salvarlo mientras seguís atendiendo a los que entran. Yo no podría estar sentada en una oficina.

Laura dirige Catena Zapata, una de las bodegas de la familia. "Yo soy la jefa, y si bien hablamos de todo con todos los que trabajan, hay una cuestión principal que todos conocen: somos una familia y ellos son parte de ella. Ese amor que me produce la medicina lo siento no sólo por el vino, sino por la gente."

-¿Cómo hacer vinos de más de 90 puntos?

-Primero hay que tener un lugar especial, y eso está en nuestra historia. Hubo visión, pero tuvimos la suerte tener una tierra mendocina con viñedos a 1500 metros de altura y una luz perfecta. Eso es único y no lo inventamos. Después necesitás las plantas, el rendimiento, la baja concentración y el cuidado. En malbec, fuimos unos pioneros. Nunca en la Argentina se había hecho un gran malbec exportable y de gran reconocimiento. Cuando tuvimos el primer Catena Malbec 1994, papá sólo lo lanzó porque le insistimos mucho.

Cuando en 2001 se terminó de construir la bodega, la característica pirámide azteca, Laura Catena comenzó a participar y a decidir sobre todos los cortes y vinos. Diez años después, a los 42, es la presidenta de Bodega Catena Zapata. "En las empresas familiares las cosas hay que ganarlas. Hoy yo estoy a cargo de todo y sí quiero el título. Es una cosa natural, no me asusta, porque mi formación me ayudó a mirar el detalle y a no aceptar algo que no sea perfecto. Vengo de un área dura y exigente, y eso es lo que hacemos acá para tener una gran calidad."

-¿Coinciden en los conceptos de trabajo?

-Si bien empecé de manera muy científica, en la elaboración del vino soy más artesanal que papá. De la investigación pasé a poner el acento en la historia de la familia, lo que decía mi nono, el viñedo Angélica, lo que recomendaba el señor de tal finca. Muchos de nuestros conocimientos vienen del folklore, que a veces es más certero que la investigación. La ciencia la dejo más para los números.

-¿Qué importancia les das a los puntajes?

-Uno muy bueno tiene puntaje alto: es ese que te parece muy rico, concentrado con buen aroma. Pero la diferencia entre uno de 95 y otro de 100 puntos depende del que lo prueba. En los Estados Unidos y Europa, el puntaje ayuda a las ventas, pero yo hago vinos que me parecen ricos. Cuando vendo algo que me encanta, lo vendo más allá del puntaje.

-¿Cómo tomás las decisiones?

-Tenemos una regla interna: yo soy la nariz de la bodega y él [Nicolás, el padre] es el paladar. En malbec gano yo, y papá, en cabernet, porque le encanta. El es muy sabio y yo soy una persona joven con mucha pasión. La regla es que primero escucho su argumento. Normalmente llegamos a un acuerdo, pero sé que la decisión final es mía.

-¿Cuál es tu desafío?

-Continuar lo que hicieron mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre; posicionar a la Argentina como una de las regiones más importantes del vino, para tratar de estar entre los mejores del mundo.

El libro

Vino argentino Así se llama el primer libro de Laura Catena, en el que combina Viejo y Nuevo Mundo, "porque para mí la Argentina es eso". Con prólogo de Jay Miller, lo escribió a partir de un relato personal cargado de investigación histórica y entrevistas, entre otros, a Roberto de la Mota, Michel Rolland, Paul Hobbs y José Zuccardi. Con este trabajo, de reciente lanzamiento, Catena busca convertirse en una suerte de embajadora para contarle al mundo las maravillas que hace nuestro país con y por el vino.

www.vinoargentino.com

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