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Espionaje oficial y vacío opositor

LA NACION
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Joaquín Morales Solá
Miércoles 02 de junio de 2010

La política siempre se sitúa al borde del fracaso cuando lo que parece predominar es la violencia y la arbitrariedad. Desde la agresión que recibió ayer el dirigente agropecuario Alfredo De Angeli (y las amenazas personales denunciadas por el líder de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi) hasta la humillación judicial de los jóvenes Noble Herrera, todo indica que los conflictos públicos se deslizan hacia primitivas y brutales resoluciones.

El gobierno de los Kirchner ha cultivado ese clima político en el que una eventual tragedia está siempre a la vuelta de la esquina.

Pero, ¿es sólo culpa de los Kirch- ner? El matrimonio gobernante se mueve, debe reconocerse, en un contexto de vacío político opositor cada vez más expuesto, a veces dramático. La oposición no logró aún integrar y poner en funcionamiento la comisión bicameral de seguimiento de los servicios de inteligencia. Han pasado casi seismeses desde la nueva composición del Congreso y ese crucial tema a y viene en interminables negociaciones. Entre tanto, el Gobierno se sirve del espionaje oficial para disciplinar a los jueces, para financiar fuerzas de choque propias y para intervenir las comunicaciones de políticos, empresarios y periodistas, entre otras tareas tan ilegales como solapadas.

El vacío político metió también en un círculo de negociaciones a la reforma del Consejo de la Magistratura, clave para dotar de independencia a la Justicia. Esas tratativas que comenzaron sólo ayer a entrever la luz de un acuerdo. Se notaban ya esas regresiones en el caminar de pies cansados de los jueces que investigan al oficialismo y en el ímpetu de magistrados más cercanos a los intereses del Gobierno.

La primera prueba la dio el juez Norberto Oyarbide cuando procesó a Mauricio Macri sin argumentos más serios que sus intuiciones, influidas por sus propias deducciones. El segundo experimento lo acaba de hacer la jueza Sandra Arroyo Salgado cuando sometió a los hijos de la directora de Clarín a una insoportable experiencia humana; ordenó que los trataran como cómplices de victimarios después de que la Justicia los considerara durante años supuestas víctimas. ¿Víctimas o victimarios?

Ni siquiera está debidamente probado que hayan sido víctimas. Es un caso único en sus características en el proceso de búsqueda de niños desaparecidos en la dictadura. Nunca antes ninguna otra persona, involucrada en esos procesos, sufrió semejante exposición pública ni tanto maltrato. Tal excepcionalidad se da en un momento de indisimulada furia oficial contra el diario que dirige la madre de los jóvenes Noble Herrera.

El manejo de Moreno

De Angeli denunció ayer que fue golpeado y ultrajado públicamente en Azul por una banda de sindicalistas que presuntamente responde a Guillermo Moreno. A Buzzi le dejaron carteles en su casa desvalijada de Rosario para que se callara la boca. Ayer mismo se comprobó que los violentos escraches en la última Feria del Libro fueron protagonizados por dos empleados del Indec, que maneja discrecionalmente el propio Moreno. Este es el mismo que apretó a los supermercados para que dejaran de comprar alimentos importados y el mismo que destruyó el prestigio de los organismos de control sanitario. Los mandó a éstos a que frenaran las autorizaciones para el ingreso de esos alimentos.

Ni los jueces ni las fuerzas de choque ni los seguimientos serían posibles con servicios de inteligencia dedicados a sus menesteres y no a resolver los intereses políticos de los gobernantes. Un sector de la oposición reclama la presidencia de la comisión bicameral, que deberá ejercerla la Cámara de Diputados, mientras otro sector amenaza con sacarle al oficialismo esa presidencia si la comisión no es convocada perentoriamente. Esa comisión debe controlar el funcionamiento del espionaje oficial, sobre todo de la ex SIDE. Un oficialista presidiendo esa comisión sería una concesión demasiado grande para el Gobierno. ¿El oficialismo controlará lo que hace el propio oficialismo en territorios tan turbios como los servicios de inteligencia? Así están las cosas.

La reforma del Consejo de la Magistratura, promovida por la oposición, tropezó hasta ayer con el obstáculo de la centroizquierda que lidera Pino Solanas en Diputados. Lentamente, comenzó ayer una etapa cercana al acuerdo. La centroizquierda no quería que un miembro de la Corte presida el Consejo, que debe administrar los recursos financieros de la Justicia. El resto de la oposición se abroquelaba en la defensa de la presencia de un juez supremo en la presidencia del Consejo.

El proyecto opositor entraría la semana próxima, a suerte y verdad, en el recinto de Diputados. Una derrota de la reforma opositora dejaría a la corriente de Solanas definitivamente al lado del Gobierno en las cuestiones más cruciales para la administración kirchnerista. Con el control oficialista del Consejo de la Magistratura, seguirían floreciendo jueces tan arbitrarios como Oyarbide o Arroyo Salgado.

El vacío político opositor no está sólo en el Congreso. El panradicalismo está inmerso en la interna cardinal del radicalismo en la provincia de Buenos Aires, donde habrá elecciones partidarias el próximo domingo. El aparato que controlan Leopoldo Moreau y Federico Storani le entregó a Ricardo Alfonsín el padrón definitivo, y supuestamente depurado por la Justicia, sólo en la noche del lunes último, cinco días antes de los comicios. Hasta ayer, la lista de Alfonsín había recibido sólo una información parcial de los lugares de votación y de la cantidad de mesas en las que se votará. ¿Cuántos fiscales se necesitarán? ¿Dónde irán? El aparato zigzaguea hasta el final con sus pequeños ardides.

El peronismo disidente no está mejor. Macri, que no es peronista ni disidente, decidió seguir haciendo la suya con total indiferencia hacia todo lo demás, sea político o institucional. Francisco de Narváez promociona su improbable candidatura presidencial o respalda la inexistente de Carlos Reutemann; todo sea para provocar el fastidio de Macri, que le teme sólo a Reutemann. Eduardo Duhalde, viejo tejedor de alianzas, se replegó ahora en su propia postulación. Y Felipe Solá no ha cesado en la faena de elogiar su personal proyecto presidencial. "¿Qué esperan Macri y De Narváez para acordar? Eso cambiaría radicalmente el clima político", deslizó un importante legislador oficialista.

Pero los opositores parecen demasiado preocupados por los víveres y la logística, mientras el ejército kirchnerista avanza decidido sobre espacios políticos, judiciales y sociales. El kirchnerismo se lleva valores importantes por delante, es cierto, pero la culpa no es sólo de los que mandan; también es responsabilidad de sus opositores, que tienen la obligación política y electoral de equilibrar el campo de juego y la inestable relación de fuerzas.

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