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La soledad, bajo una mirada tierna

El unipersonal de Irene Sexer es un profundo trabajo en el que se nutre de diversas técnicas y logra conmover

Viernes 04 de junio de 2010
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Querida Marta . Con la actuación de Irene Sexer. Dirección: Paula Etchebehere. Música: Lautaro Cottet. Diseño de escenografía y vestuario: Azul Borenstein. Realización de escenografía y vestuario: Cecilia Axt. Iluminación: Gonzalo Berdes. En Pata de Ganso, Pasaje Zelaya 3122. Viernes, a las 23. Duración: 35 minutos. Nuestra opinión: muy buena

El buen teatro no muestra, revela. Sus caminos para llegar a los resortes íntimos del espectador, a su sentimiento o su pensamiento, son múltiples, pero siempre instala en él una mirada distinta, conmueve su poder de revivir algo que nunca había pensado o que tenía olvidado o dormido en su espíritu. Con una sencillez poética que es la síntesis de un laborioso proceso de búsqueda, Querida Marta nos enfrenta a la soledad del ser humano, esa carencia que todos hemos sentido alguna vez y que para algunas personas constituye un escollo insalvable en su existencia.

Los escasos objetos colocados en el escenario -un pequeño banco, un mueble pequeño transportable, algunas lucecitas de Navidad y una guirnalda con fotos de amigos- nos exponen la primera imagen de esa mujer que, sola, festeja su cumpleaños imaginando que está acompañada. Marta no es alguien que se regodea con su sufrimiento, todo lo contrario, quiere ser feliz, desea que la amen, pero no lo logra. Y lo expresa sin tapujos, de ahí que concite rápidamente la solidaridad del espectador.

Irene Sexer, en Querida Marta
Irene Sexer, en Querida Marta. Foto: LA NACION

Una gran intérprete

Es cierto, el más poderoso instrumento de captación de esa empatía hacia el personaje es Irene Sexer, que construye una criatura entrañable y deliciosa, esa que sólo puede crear una actriz con mucho encanto personal o profundidad interpretativa. No hay en la obra una dramaturgia clásica apoyada en la palabra, sino más bien una sucesión de situaciones que, a veces, por medio del texto, otras de la canción, los movimientos en la técnica del clown o el silencio, nos va llevando lentamente a la comprensión de una historia, breve pero consistente.

Es verdad que ese cuerpo profiriendo significaciones está sagazmente respaldado por una iluminación alusiva y una música que agrega atmósfera a cada gesto, a cada núcleo de irradiación dramática. Ese es mérito de la puestista, que logra unir con mucho equilibrio todos los elementos escénicos para construir un espectáculo de fuerte lirismo y belleza, bien rematado al final con un cuadro de gran colorido, que parece exaltar la idea de que la soledad no necesariamente impide llegar a la luz.

Alberto Catena

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