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El amor promueve la dedicación

En La creatividad develada (Temas), Alvaro Rolón indaga en los mecanismos que favorecen la innovación y la audacia frente a lo desconocido. Aquí, un adelanto

Domingo 06 de junio de 2010
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La creatividad emerge como producto de combinar el amor con la dedicación enfocada. La dedicación y la persistencia son fructíferas cuando preexiste el amor. Un amor que vibra por descubrir cosas aún no vistas, bajo la forma de una pasión que arremete y pide perdón antes que permiso.

La creatividad toma tiempo, no ocurre sola de la noche a la mañana, como por arte de magia. Las historias de científicos, matemáticos y artistas, así como de emprendedores de negocios, siempre fueron ejemplos de disciplina, dedicación, foco e inspiración. Louis Pasteur afirmaba que "la oportunidad favorece únicamente a la mente preparada". La suerte o fortuna, sin dudas, operan en los negocios, pero más aún en aquellos que se dedican a la innovación, no esperando únicamente que la musa descienda sobre ellos, sino también trabajando de manera sistemática y disciplinada.En una ocasión, fui partícipe de un proyecto con una compañía japonesa.La tarea consistía en facilitar a un equipo interdisciplinario a través de un proceso creativo con el objetivo de encontrar, al menos, una idea para un desafío relevante para ellos. Dedicamos una semana entera para generar ideas. ¡Y generamos cerca de 5000!

Finalmente, el líder del proyecto se acercó y dijo: "Ya está... siento que hemos logrado lo que queríamos". No sólo requirió pasión y deseo, sino también una clara y férrea disciplina que. junto al conocimiento de cómo aplicar el proceso creativo, nos condujo a lograr el resultado. Los momentos más difíciles fueron aquellos en los que tanto el cliente como nosotros, los facilitadores, no sabíamos cómo ni cuándo aparecerían las nuevas ideas.

Sin la pasión por lo que estábamos haciendo, la perseverancia hubiera colapsado en el segundo día. Sin amor, el esfuerzo y la disciplina casi prusianos se hubieran vuelto insoportables.

Los proyectos cuyas ideas deben salir de la caja, como solemos decir, no se logran sólo dedicando una porción de la vida o del trabajo, ni saliendo un día por mes de nuestras oficinas para hacer brainstorming.

Peter Drucker lo afirmó al decir que la innovación es producto de un proceso organizado, sistemático y, así como perceptual, también conceptual. Implica un análisis riguroso, así como escuchar y poder leer las situaciones con todos los sentidos.

Cuanto más amor por lo nuevo tenemos, más riesgos nos animamos a correr y mayor es la tolerancia a la incertidumbre que nos animamos a transcurrir. Se trata de abrazar el proceso creativo como una aventura y no como un deber que tenemos que realizar.

El deseo de crear empuja a explorar y descubrir lo original, convirtiendo el camino en un proyecto riesgoso. Riesgo a perder y a perderse. Riesgo a pasarla mal. Riesgo a no encontrar aquello que ansiamos. Riesgo a fracasar.

¿Cuántos navíos desaparecieron entre los siglos XVI y XVIII en la búsqueda de las Indias perdidas? ¿Cuántos montañistas se han vuelto con la lágrima en la mejilla, luego de tener que detenerse por tormentas de nieve? ¿Cuántos se han quedado en la montaña para siempre, con el corazón tranquilo sabiendo que pusieron todo para alcanzar la cima?

Intentar crear lo nuevo sin correr riesgos, sin cometer errores y sin frustrarnos, pretendiendo suma certeza, es, en sí mismo, el riesgo más grande que corremos y es una mentira que, lejos de ser piadosa, promete que la profecía autoimpuesta de "no lograremos descubrirlo" seguramente se dé.

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