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Claudia Piñeiro

Sábado 12 de junio de 2010
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El 26 de noviembre de 2006, a las seis de la mañana, sonó el teléfono en la casa de Claudia Piñeiro. Era un periodista radial que quería conocer su opinión sobre el asesinato de una mujer en la ciudad de Río Cuarto. Le dijo que la víctima se llamaba Nora Dalmasso y que, aparentemente, había sido estrangulada. Luego, le habló de "literatura premonitoria" y le aseguró que los oyentes estaban ávidos de conocer su opinión sobre el tema. Claudia, que estaba durmiendo en el momento del llamado, cordialmente le respondió que no tenía nada para decir y cortó. "Las viudas de los jueves es el libro que me trajo más satisfacciones y también más problemas. Mucha gente me conoce por ese libro y estoy muy agradecida. Pero, por otro lado, cada vez que roban en un country me llaman para preguntarme qué opino. Tengo la sensación de que, debido a su éxito, me encasillan como la especialista en countries", dice.

Madre de tres hijos, Claudia Piñeiro confiesa que su horario de producción está marcado por el de los colegios de sus chicos: "Generalmente escribo desde las ocho y media, cuando ellos se van, hasta las cinco y media, cuando regresan. Ahora son más grandes y ya no me necesitan tanto, por lo que a veces puedo seguir con lo mío".

Redacta directamente en una laptop y, a pesar de que tiene un escritorio acondicionado especialmente para trabajar, prefiere hacerlo en otros espacios, como la cocina o la cama. No es de quienes le temen a la página en blanco. Su preocupación, en cambio, pasa por cortar y reelaborar la gran cantidad de prosa que brota de sus dedos. "Mi escritura es verborrágica y mi cuidado mayor es saber cortar después. Escribo muchas horas. Si tengo el día libre, puedo escribir más de seis horas. Pero eso no pasa siempre. En general, trato de completar un capítulo y eso me sirve para ordenar el trabajo."

Además de escribir en su casa, suele hacerlo en bares, donde no le molesta el ruido ni lo que ocurre a su alrededor. Por lo general, elige un bar de Palermo que se llama T-Bone, otro de Del Viso, Navajo, o bien Rond Point.

A pesar de que no suele escribir sobre cosas que ha vivido, la autora de Las grietas de Jara asegura que ciertos contenidos autobiográficos alimentan su ficción. "Elena sabe es una novela sobre una mujer que tiene mal de Parkinson y que espera que la medicación le haga efecto para volver a caminar. Mi mamá tuvo esa enfermedad y yo la vi muchas veces esperando que la medicación le hiciera efecto, de modo que aunque no me hubiera pasado a mí, era algo que yo conocía muy bien", cuenta.

Actualmente trabaja en una novela cuyo título aún no decidió. Pero eso para ella no representa un obstáculo. "Las viudas de los jueves tenía un título de archivo de Word que no me gustaba. Se llamaba La cascada, que era el nombre del country en el que ocurre la acción. Pero antes de terminar la novela, me enteré de que existía un country con ese nombre. Entonces, lo modifiqué y le puse Altos de la cascada, pero ya no tenía nada que ver. Para resolver el problema, hice una lista con cincuenta y ocho títulos posibles y quedó Las viudas de los jueves, que por suerte funcionó muy bien."

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