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Pablo De Santis

Sábado 12 de junio de 2010
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Hacia 1984, cuando Juan Sasturain era jefe de redacción de la revista Fierro, un chico de 21 años ganó el premio del concurso al mejor guión de historieta. El galardón, módico, consistía en una máquina de escribir y una lámpara de escritorio, además de la posibilidad de comenzar a trabajar para la revista. "Ésa fue la primera vez que gané dinero con mi escritura de ficción -recuerda Pablo de Santis-. Además, empecé a hacer historietas con el dibujante Max Cachimba, que era el que había ganado en la categoría de dibujo. Max tenía 15 años y las historietas que hacíamos nos las pagaban."

Más de 25 años después y con los premios Konex de Platino y Planeta-Casa de América de su haber, el autor de El enigma de París confiesa que escribe cuando puede. "Escribo en casa y en el estudio. La primera versión la hago a mano y bastante rápido. A veces me tomo menos de un mes, pero es sólo un boceto", cuenta. Para la primera versión de sus ficciones, De Santis prefiere trabajar en cuadernos escolares Laprida, Rivadavia o Gloria. Y, a contramano de Alan Pauls y Martín Caparrós, quienes sólo usan estilográficas con fuente de tinta, no tienen ninguna preferencia especial en ese aspecto. "Uso lo primero que encuentro en casa", dijo. En la segunda versión, De Santis trabaja en computadora y con letra Courier New, tamaño 12.

El autor de El calígrafo de Voltaire es de los que trazan un plan de la historia que va a narrar. "Necesito conocer la estructura para poder ir después por otro camino. Si uno va en auto y sabe adónde va, puede charlar o escuchar música. Pero si uno se pierde, no puede relajarse ni tampoco atender lo que hay alrededor." Como Marguerite Duras, De Santis considera que la escritura es un ejercicio que no se limita al momento de la redacción: "Para mí es tan importante escribir como pensar la trama, la estructura y los personajes. Trato de pensar mucho antes de ponerme a escribir, y la escritura se alimenta de esas reflexiones".

La llegada de la computadora y el avance de la tecnología, asegura, han alterado la naturaleza de esos procesos de creación. "Antes de la computadora había una elaboración interna del texto mucho mayor. Cuando uno hacía una versión a máquina se parecía mucho más al texto definitivo. La computadora transformó mucho la forma de escribir. A lo mejor, una novela se escribía dos o tres veces. Pero ahora, ¿quién sabe cuántas veces fue corregida?"

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