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Martín Caparrós

Sábado 12 de junio de 2010
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Una tarde, en El Tropezón, la posada de Tigre en la que Leopoldo Lugones se quitó la vida, los anteojos de Martín Caparros resbalaron de sus manos, cayeron entre dos tablones y se hundieron en el río. El escritor había llevado una pila de libros, temeroso de que el diálogo con su ocasional compañera se agotase a lo largo del fin de semana, y vio con desesperación cómo los lentes se perdían en el agua. Ese hecho infortunado, sin embargo, devino en la escritura del libro que él mismo considera el más importante entre los suyos, La Historia. "Desde que se me cayeron los anteojos al río y no podía leer, empecé a pensar y pensar en La Historia y a construir mentalmente el libro", confiesa.

Como muchos otros escritores, el ganador del Premio Planeta 2004 no recuerda el momento en que empezó a escribir. Ya a los ocho años, escribía los versos para las fiestas escolares y nunca dejó de hacerlo hasta la actualidad. "Desde esa época siento que mi manera de estar en el mundo es escribir. Las cosas se me ocurren en forma de frases, como a otros se les ocurren en forma de imágenes o de melodías", dijo.

Caparrós escribe por la tarde. En general, después de comer, entre las tres y las siete, ya que las mañanas las dedica a "asuntos corrientes", artículos, trabajos por encargo y traducciones. Le gusta ese momento en el que enciende un cigarro y se sienta a producir. Lo hace en su escritorio, frente a una ventana grande. Caparrós disfruta de levantar la cabeza y mirar el mundo que hay afuera. Escribe durante no más de cuatro horas. "Me parece que el período en el que estoy concentrado y afilado no es mucho mayor que ése."

Escribe por la tarde. En general, después de comer, entre las tres y las siete, durante no más de cuatro horas
Escribe por la tarde. En general, después de comer, entre las tres y las siete, durante no más de cuatro horas.

Caparrós no duda en asociar la escritura creativa con el placer intelectual. "Lo que me gusta de estar escribiendo un libro es que la obra actúa como un principio ordenador que organiza el caos del mundo. Si no estoy escribiendo algo, todas las cosas que percibo pasan, se pierden, se dispersan. Para mí, es muy placentero el falso orden que propone al escritura".

Orhan Pamuk y Gabriel García Márquez han dicho que la primera oración es la más importante de todo el texto. Pero Caparrós no comparte esa idea. "La primera oración está sobrevaluada. Cualquier frase que empiece como clave me parece falaz. Si hubiera una clave, todo sería aburrido. Lo bueno de esto es que no las tiene. La escritura, para mí, es una especie de descubrimiento permanente."

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