Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Alan Pauls

Sábado 12 de junio de 2010
0

Dos gélidos meses de estadía en una residencia para escritores y traductores en el puerto de Saint-Nazaire, Francia, inspiraron la novela Wasabi; dos informaciones sucesivas y contradictorias dadas por su hija desde un número de teléfono desconocido inspiraron el cuento "El derecho a leer mientras se cena solo", y la devoción con la que los lectores de la revista Penthouse mandaban a la sección "cartas de lectores" sus relatos eróticos derivó en El pudor del pornógrafo.

Todos los días, entre las nueve y media y las cinco, Alan Pauls trabaja en un lugar "solitario" y "confortablemente espartano" al que llama "estudio" y en el que debe tener a mano, "sí o sí", un contestador automático. Allí escribe (o no, "según los hados"), relee, toma notas, corrige y le da vueltas a lo que está produciendo hasta que "al cabo de un rato, algo tiene que salir".

Tipea sobre el elegante teclado de una Mac plateada portátil y cambia de letra según el "mood gráfico" que lo sorprenda en ese momento: Verdana, Didot, Courier New, Cambria, Century y Georgia son las más frecuentes.

Tipea en una Mac plateada portátil y cambia de letra según el "mood gráfico" que lo sorprenda en ese momento: Verdana, Didot, Courier New, Cambria, Century y Georgia
Tipea en una Mac plateada portátil y cambia de letra según el "mood gráfico" que lo sorprenda en ese momento: Verdana, Didot, Courier New, Cambria, Century y Georgia.

El ganador del Premio Herralde de Novela 2003 cuenta que sintió una "rara decepción" cuando vio su primer libro editado. "Impreso, encuadernado, el libro era escuálido y no parecía reflejar el trabajo que me había costado escribirlo, sino más bien mofarse de él."

Como Caparrós, Pauls prefiere las lapiceras fuente para tomar notas. Lo hace en libretas, en páginas en blanco y en papeles sueltos que acumula sobre su escritorio. "Uso lapiceras fuente con pluma caligráfica, que es la que permite las mejores falsificaciones, y uso lápiz mecánico para anotar cosas en los márgenes de lo que leo. No uso biromes, las detesto casi tanto como a los celulares."

En cuanto a la planificación de la trama y de los personajes, Pauls no pertenece a ese grupo de escritores rigurosos y obsesivos. "En El pasado tenía una especie de hoja de ruta, pero a las cien páginas me di cuenta de que me interesaba mucho más contar las pequeñas señales, las escaramuzas frustradas y las promesas sin consecuencia que florecían entre los grandes momentos dramáticos del relato. En Historia del llanto y en Historia del pelo no hubo ni siquiera eso: apenas un fósil para empezar (las lágrimas, el pelo) y una alucinación melódica rondándome la cabeza."

Lector exquisito, reconoce haberse sentido impulsado a escribir inspirado por obras tan disímiles como el cuento "Las babas del diablo", de Cortázar; los Diarios, de Kafka; Lolita, de Nabokov y Del amor, de Stendhal.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas