Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Palabras

Viernes 18 de junio de 2010
0

Tuve el privilegio de conocer personalmente a Einstein y de discutir con él algunas cuestiones de física. Esto sucedió porque recibí una invitación para trabajar un año en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, el dominio de Einstein. A pesar de que por entonces ya era una persona mayor, se mantenía abierto a los extraños y tenía un humor socarrón.

Así, nuestra primera conversación tuvo una derivación inesperada. Cuando me preguntó de dó nde venía, le respondí que tenía un puesto de trabajo como asistente en la Universidad de Berna. Su expresión cambió y me dijo que él también había pasado en su juventud una hermosa temporada en Berna y que allí había aprendido mucha física. Esto me sorprendió, pues yo sabía que en 1905 había publicado tres trabajos en Berna; por uno de ellos recibió mucho tiempo después el Premio Nobel y por los otros dos también lo podría haber recibido. Pero dado que allí no había nadie de su nivel, ¿de quién lo podría haber aprendido?

Me contó que iba con gusto a la ciudad antigua a visitar el foso de los osos, para mirarlos a la hora en que los alimentaban. En esas circunstancias observaba que los osos caminaban con el hocico contra el piso y encontraban sólo la comida que estaba frente a sus narices. De vez en cuando, uno de los osos se paraba sobre las patas traseras y miraba desde un punto más alto, para poder buscar los bocados realmente buenos. Me dijo que esto le recordaba a algunos físicos que, encorvados sobre sus hojas de cálculo, no ven más que aquello que está frente a sus narices. Los grandes descubrimientos sólo son posibles cuando se tiene una mirada de conjunto sobre las interrelaciones. Nunca le interesaron particularmente los sucesos aislados, por ejemplo, có mo funciona un átomo de helio. Le preocupaban sólo los principios y quería, como él mismo decía, "descubrir las tretas del Viejo", como llamaba a Dios.

En Impresiones cósmicas. Las huellas de Dios en las leyes de la naturaleza, su autor, el físico austríaco Walter Thirring, relata este encuentro con Albert Einstein que inspiró el título de su libro. Investigador, docente, miembro de varias academias de ciencias, Thirring es además compositor y un eximio ejecutante de órgano y piano.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas