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Estar a tono con el espíritu de época

LA NACION
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Graciela Melgarejo
Lunes 21 de junio de 2010
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Para estar a tono con el espíritu de época, qué palabra tan simpática es vuvuzela (mejor todavía en plural: vuvuzelas) . Y tiene incluso prestancia gráfica, con sus úes y sus ve cortas, y esa graciosa zeta (¿por proximidad física con Nueva Zelanda?).

Curiosamente, nadie parece haber protestado por la brusca irrupción de esta palabra en el idioma español. En tiempos de mundiales, todo se olvida. ¿O será, en realidad, que el espíritu del juego nos ha arrebatado? Jugar con las palabras siempre es bueno. A propósito, de qué manera tan variada se festejó el sábado pasado el Día del Español en España: hubo talleres infantiles, conciertos, una lluvia de palabras y hasta maquillaje infantil con la consigna "¿Qué letra soy?".

Aleare , una comentarista de la nota "Palabra de periodista", de Jorge Fernández Díaz del sábado 12/6, tiene muy claro de qué se trata esto de jugar con las palabras. Dice: "Confieso ser autora de atrocidades como «ketimporta», «nimelodigas», «weno notenojes», «te via mostrar 1 cosa kete vacer miarde risa»", como parte de mi lenguaje cotidiano en las redes sociales. Soy consciente de que esas palabras escritas así, a propósito, para que suenen fonéticamente igual que cuando las decimos de corrido divierten, pero bastardean el buen castellano, aunque si nos vamos a rasgar las vestiduras creo que llegamos un poco tarde. Si hoy día leyéramos en un titular del diario o un aviso la palabra TMB (abreviatura de «también», muy utilizada en los SMS) nadie se va a sorprender. El lenguaje cambia, porque cambia la forma en que nos comunicamos, lo queramos o no; pero no estoy a favor de la vulgarización «porque sí». Lamentablemente no podemos vendar la boca de los mediáticos aunque no les vendría nada mal."

Con hablantes del español como aleare no habría que alarmarse tanto por la buena salud de nuestro idioma. Sin embargo, una ola de escepticismo recorre el mundo. El periodista y escritor Jorge Elías acercó a Línea Directa, por correo electrónico, un artículo aparecido en El País el 17/6, que se llama "¿Cómo muere una lengua?" y donde su autor, el periodista José Luis Aranda, advierte que "más de la mitad de los idiomas del mundo están en peligro de extinción" porque "la Red puede ayudar a concienciar sobre la importancia del multilingüismo, pero también es una herramienta de uniformización cultural". Conceptos parecidos fueron los que expuso en una reciente entrevista en este diario el escritor y poeta catalán Carlés Torner y que fueron transcriptos parcialmente en la columna pasada.

Torner había mencionado en esa entrevista el concepto de "ecología lingüística", término que ya había usado la escritora argentina Ivonne Bordelois en su libro La palabra amenazada (2003) y que ha vuelto a retomar ahora en Del silencio como porvenir (Libros del Zorzal). Dice Bordelois: "Acaso exista una ley de compensación socioespiritual que dice que menos consumimos, mejor nos comunicamos (...) la felicidad de poder comunicarnos horizontalmente, sin intermediarios ensordecedores que sólo aspiran a nuestro dinero".

En medio del ruido ensordecedor de las vuvuzelas sudafricanas queda, todavía, espacio para la reflexión y el buen humor. Parafraseando un cuento de Edgar Allan Poe, "El demonio de la perversidad", podríamos cerrar esta columna de hoy con el espíritu... de la diversión. Un querido amigo, Juan Pablo Correa, hace llegar algunas reflexiones sobre el arte y concluye su e-mail con este acertijo: "«Yo celebraba el andar personalísimo y elegante de cierto caballero que pasaba frente a mi casa. Alguien me aclaró que era rengo». C. M.", donde las iniciales corresponden al magnífico y temible, por lo burlón, poeta entrerriano Carlos Mastronardi.

Para finalizar, una definición "imaginaria" pero verosímil, llegada vía Twitter: " Eldiae : Miyúscula: «Dícese de las letras como la @ o el ?, que no son ni mayúsculas ni minúsculas». Danielín, en Ficcionario "..

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