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Brendan Martin, de Wall Street al cooperativismo en el conurbano

Era un exitoso consultor financiero en Nueva York hasta que, en 2004, vio un filme sobre la reactivación de fábricas por parte de sus trabajadores. Comprendió así el poder transformador de los microcréditos y al tiempo creó la ONG The Working World, con sede en la Argentina, para el estímulo de cooperativas y empresas recuperadas José Luis Cutello Para LA NACION

Domingo 27 de junio de 2010
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Quién más, quién menos, todos hemos fantaseado alguna vez con que una novela, una obra de teatro o una película nos cambie la vida para siempre. O que nos ayude a soportar la rutina, como le ocurría a aquella mesera interpretada por Mia Farrow en el film La rosa púrpura de El Cairo , cuyo actor favorito, representado por Jeff Daniels, se escabullía de la pantalla y mantenía un romance con ella... Brendan Martin, que no es un personaje de Woody Allen sino consultor de una compañía de información financiera en la bolsa de valores más importante del mundo, Wall Street, cumplió ese sueño una noche de septiembre de 2004 cuando vio el documental The Take ["La Toma"], realizado por la periodista Naomi Klein, célebre autora de No logo , y el director Avi Lewis, ambos canadienses.

The Take narra la historia de un grupo de trabajadores del conurbano bonaerense que ocupa y reactiva una planta de autopartes abandonada por sus dueños tras la crisis de 2001. El documental, que se exhibe en pequeñas salas, cineclubes y centros culturales del mundo como un manifiesto antiglobalizador, fue criticado inclusive por cooperativistas del Movimiento de Fábricas Recuperadas porque, dicen, "no discrimina entre la violación del derecho de propiedad", que la película elogia, y la facultad constitucional de los trabajadores "de sostener su propia fuente laboral". Poco le importó este debate nacional a Martin, quien quedó conmovido por el esfuerzo de aquellos operarios que reconvirtieron un taller en bancarrota en una cooperativa laboral y se acercó a Lewis, presente en la función, para preguntarle cómo podía colaborar para que ese afán fuera exitoso. "Créditos", le respondió. Con apenas una palabra, este Young Urban Professional de 37 años comprendió en profundidad un problema argentino en un cine de la neoyorkina calle Houston.

Ese diálogo circunstancial cambió la vida de Martin: "Como cada idea, ésta tiene raíces desde bien largo y de hecho estuve pensando en financiar cooperativas desde los días en que estaba en la universidad, cuando leí acerca de Mondragón [N. de R.: se refiere a la experiencia de la cooperativa industrial más grande del mundo en la ciudad vasca de Arrasate, España], pero cuando vi The Take y sus acciones fuertes pude, por primera vez, analizar concretamente la posibilidad de contribuir al cooperativismo mundial", explica en un buen español a Enfoques.

Brendan Martin en una fábrica recuperada por sus empleados en el conurbano bonaerense
Brendan Martin en una fábrica recuperada por sus empleados en el conurbano bonaerense. Foto: FOTO GENTILEZA: BRENDAN MARTIN

Meses después de la proyección y a miles de kilómetros de "su cama", como llama a su departamento de Morningside Heights, el barrio de Manhattan donde se encuentran la Universidad de Columbia y la prestigiosa Escuela de Música de Nueva York, Brendan Martin creó la organización sin fines de lucro The Working World (TWW) -con sedes en la Argentina, Estados Unidos y Nicaragua- y el sistema de préstamos La Base, que otorga microcréditos a compañías recuperadas y a pymes cooperativas. El objetivo es "expandir negocios, crear empleos y estimular el crecimiento económico", según reza su estatuto de conformación.

Con apenas 14.354 pesos prestados por La Base, la cooperativa de trabajo Pinturas Continente logró en abril de este año ganar una licitación para proveer materia prima en las refacciones de la Escuela Naval Río Santiago, en Ensenada, y en la base de la Fuerza Aérea de Morón. En 2009, con otro crédito de la organización, la pyme pudo financiar su ingreso a otras licitaciones convocadas por los estados nacional y bonaerense. Como plus, los trabajadores de Continente lograron que los anteriores dueños de la compañía cedieran en comodato la planta y ahora respiran en la legalidad. A su vez, la cooperativa Crometal, dedicada a la fabricación de estantería industrial y andamios, recibió 31 micropréstamos para su crecimiento, lo que le permitió aumentar su producción e incorporar personal. Apenas dos ejemplos de un colectivo social que se incrementa cada año, aun en situaciones difíciles: la empresa recuperada ex IMPA (rebautizada Cooperativa 22 de Mayo) soporta una quiebra judicial, pese a lo cual la organización aportó 12.100 pesos para la compra de aluminio, principal insumo de su cadena productiva.

Desde diciembre de 2004, cuando TWW comenzó a operar en la Argentina, se otorgaron 279 microcréditos a unas 30 cooperativas por casi 4.200.000 pesos, con un interés inferior al de los bancos o financieras tradicionales y menor, incluso, al índice de precios de la Canasta Básica de Alimentos que elaboran las consultoras privadas locales. Pero lo más notable es que la tasa de recupero en los casi seis años que funciona el sistema alcanzó un 99,28 por ciento. "Los receptores de micropréstamos, de hecho, devuelven sus préstamos con mayor confiabilidad que los sujetos crediticios tradicionales", dice Martin, quien no obstante cree que el éxito de La Base no se debe medir por las ganancias ni por la tasa de recupero del crédito, sino por el impacto social que genera la creación del empleos.

Este economista nacido en Washington D.C. y criado en un suburbio de Nueva York sostiene que el microcrédito es la idea más influyente que haya impactado en el desarrollo en décadas porque los receptores de préstamos, que en general carecen de propiedades o de garantías sólidas, son malos candidatos crediticios para los mercados de capitales. Sin embargo, admite que "desafortunadamente, desde nuestra perspectiva, las manifestaciones de microcrédito en general no son suficientes para llegar a resultados", por lo cual La Base intenta profundizar las técnicas para impulsar el desarrollo. Así creó en la Argentina -y luego en Matagalpa, al norte de Managua- el sistema Just in time credit ["crédito justo a tiempo"], un tipo de préstamo que se enfoca hacia la creación de empleo y capital productivo con planes comerciales a corto plazo.

Directo al consumidor

Si bien el microcrédito es crucial para el desarrollo de los sectores más pobres de la población mundial, en ocasiones ha fracasado en la generación de capital y, por ende, en el crecimiento. Debido a esto, en lugar de dar un solo préstamo a largo plazo, La Base otorga sucesivos microcréditos de inversión a seis meses o un año y cada uno se acuerda con una planificación comercial que realiza personal especializado. Para completar con éxito la cadena productiva, Brendan Martin y sus colaboradores idearon Worker´s Bazaar, que conecta sin intermediaciones a los emprendedores argentinos con posibles compradores en EE.UU. y Europa. La Base sostiene que "en la mayoría de los productos que uno compra, por lo menos el 80% del precio va hacia el marketing y la creación de marcas para convencer al consumidor de que necesita el producto". Con Worker´s Bazaar, la organización consigue que un par de zapatos de cuero argentino producido por la cooperativa Desde el Pie le cueste a un comprador norteamericano 46,50 dólares con gastos de envío, una cuarta parte de lo que valen los zapatos de marca en Nueva York.

El fondo de préstamos de La Base -que "todavía es chico", aclara Martin- se nutre principalmente de donaciones privadas de "interesados en ayudar a las cooperativas o simplemente en el desarrollo económico", del dinero recaudado en las proyecciones de The Take, del programa de microcréditos del Ministerio de Trabajo de la Nación y de los ahorros del propio creador de TWW: en los momentos libres que la organización le deja, este ex financista a tiempo completo se dedica a la consultoría en la compañía de información financiera que fundó con socios.

En 2004, cuando se inició esta historia, Martin ya se había ganado con sacrificio el lugar que cualquier economista u operador bursátil del mundo quisiera tener, una oficina en The Wall Street. Hoy piensa que su existencia ha cambiado por completo, más allá de sus vaticinios estudiantiles, cuando soñaba con abandonar EE.UU. y trabajar en un banco de microcréditos en Bangladesh. De allí es oriundo su admirado Muhammad Yunus, el fundador del Banco Grameen, la primera organización de micropréstamos para los más necesitados. "La idea de Yunus era que podemos resolver los problemas de pobreza y desarrollo al dar el poder económico y medios de producción a las personas que están en la base de la economía. Este es el corazón del trabajo de La Base", asegura este norteamericano que juega fútbol con amigos argentinos y viaja a los suburbios de Buenos Aires en trenes atestados.

Al final de la conversación, Brendan Martin, propietario de un Torino de los años 60 que está en venta ("¿Conoces a alguien que quiera comprar?", bromea) y de "una cama en Manhattan desde donde puedo visitar a mi familia", confiesa que esta organización sin fines de lucro es "sin duda" lo mejor que hizo en su vida.

© LA NACION

Quién es

Nombre y apellido: Brendan Martin Edad: 37 años Su vínculo con el cooperativismo: Nació en Washington pero se crió en los suburbios de Nueva York. Cuando estudiaba economía, su tesis de graduación se centró en el cooperativismo como alternativa de desarrollo. Distinciones: Es presidente de The Working World desde 2004, cuando fundó la entidad. En 2008 ganó un premio como emprendedor social otorgado por la ONG Help Argentina. Un año más tarde también fue distinguido por la organización Ashoka.

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