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Marcelo Bielsa, obra y personaje

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Juan Pablo Varsky
Lunes 28 de junio de 2010
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JOHANNESBURGO.- Me cuesta escribir sobre Marcelo Bielsa. Es una persona tan admirable que uno corre el riesgo de magnificar su obra deportiva. El hombre vale más por lo que representa y transmite que por su carrera de entrenador. Sus valores (ética, capacidad, honestidad, conducción, trabajo) trascienden su trayectoria. Nadie podrá quitarle ese prestigio bien ganado.

Pero, al mismo tiempo, es un director técnico de fútbol, cuyos proyectos deben medirse, entre otras cosas, por los resultados obtenidos. Tanto nos fascinan su pasión y sus ideas que corremos un riesgo: adjudicarle las victorias a él y socializar las derrotas con sus futbolistas. Su emocionante compromiso con cuestiones mucho más importantes que el fútbol nos suele alejar del juego y de sus resultados para analizar su trabajo. Su ciclo como seleccionador de Chile lo retrata. Se lo recordará por la meritoria clasificación al Mundial, por los triunfos en Sudáfrica y por la derrota ante Brasil. Sin embargo, su liderazgo para convencer a todo un país de recorrer este camino de la manera en que lo hizo influirá mucho más en la memoria colectiva que el concreto logro de haber llegado a octavos de final. Definitivamente, el personaje supera la obra realizada. Porque Chile hizo un Mundial lógico. Ganó los partidos que debía ganar y perdió los que debía perder. No rompió el molde. Su falta de contundencia ante Suiza y Honduras le impidió aprovechar una circunstancia favorable como la inicial derrota de España. Podría haber evitado a Brasil y no lo hizo por sus propios errores. En el duelo sudamericano, se murió de nada. Se derrumbó ante la primera adversidad (cabezazo de Juan) y recién comenzó a jugar en su ley a los 20 minutos del segundo tiempo con el marcador 0-3.

El equipo de Dunga también presentó su pegada de noqueador. El primer gol le permitió explotar su mejor virtud ofensiva: el contraataque. Kaká usó la velocidad mental como antídoto para el vértigo chileno. El 10 brasileño aún no recuperó el cambio de ritmo modelo 2007 pero pasa la pelota como nadie. Con un toque genial, dejó solo a Luis Fabiano y el 9 definió el partido en el primer tiempo. Primero pegó como Foreman y luego bailoteó como Cassius Clay. Robinho está intratable. Por fin, decidió aplicar sus condiciones técnicas al fútbol.

Brasil se enfrentará en cuartos con Holanda, el candidato silencioso. Arjen Robben hace la diferencia. Titular por primera vez en el Mundial, aprovechó un sensacional pase de Sneijder para marcar su gol marca registrada. Arrancó desde la derecha con el perfil invertido, limpió rivales para fabricarse el espacio y le pegó seco al primer caño. Todo tiene sentido con el número 11 en la cancha. Gracias a Robben, descubrimos una solidez inédita con defensores más rigurosos en la marca como el central Mathijsen o el mediocampista De Jong, dos excelentes complementos. De wing o de nueve, el noble Dirk Kuyt nunca te deja a pie. Armó una gran jugada y le sirvió el segundo a Sneijder, ese enganche completo con pase, llegada y hasta retroceso. Por presente y por historia (cuartos de 94 y semis de 98), tendremos un duelo imperdible en Port Elizabeth. Se fue Chile. Se fue Bielsa. Pero, otra vez, valoro más lo que es que lo que hizo. Por eso me cuesta tanto escribir sobre él.

jpvarsky@lanacion.com.ar

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