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La infancia, según Spike Jonze

Se estrena directamente en DVD Donde viven los monstruos , inspirada en el relato infantil de Maurice Sendak

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LA NACION
Sábado 03 de julio de 2010
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LOS ANGELES.- A primera vista, lo que transmite Spike Jonze es pura cordialidad. Responde a la bienvenida de la prensa internacional que lo aguarda en el soleado mediodía de Beverly Hills con un saludo cortés, la sonrisa a flor de labios y la expresión complacida de quien se siente feliz con lo que hace.

Pero la prolongación en el tiempo de ese gesto amistoso puede resultar inesperadamente incómoda. Sin perder ese aire jovial puede responder con un monosílabo o contraatacar con un nuevo interrogante frente a cada pregunta que considera trivial. Allí se queda en silencio, vestido a pesar del luminoso día con un impermeable, camisa sin planchar y corbata muy fina, resuelto a dejar en evidencia a su interlocutor sin perder jamás el aire risueño, casi distraído, de su menuda figura.

Cuando se decide a contestar, detrás de un balbuceo casi adolescente aparece el artista audaz, talentoso e inspirado que lleva al cine con notables resultados proyectos que la mayoría juzga infilmables. Así ocurrió con las aplaudidas y premiadas ¿Quieres ser John Malkovich? y El ladrón de orquídeas , y así vuelve a ocurrir con Donde viven los monstruos ( Where the Wild Things Are ), su nuevo largometraje, inspirado en el clásico infantil de Maurice Sendak.

"Si todo esto se hizo realidad, fue porque Maurice me lo pidió. Amo sus libros desde que era niño y su arte es el origen y el final de la película. No hay otro secreto", dice Jonze, en un diálogo impulsado por la filial local de Warner, el estudio que financió este arriesgado proyecto, sobre todo por las características del texto original.

-¿Cuál fue su primer contacto con el libro de Sendak?

-Mi madre me lo leyó cuando era chico y más tarde, a los 12, 13 años, lo redescubrí en una librería y siguió presente en mi vida. Además, con el tiempo tuve la suerte de hacerme amigo de Maurice, y compartir mucho con él. Las experiencias sensoriales que se desprenden de la lectura de Donde viven los monstruos son únicas. De entrada tuve en claro que no quería hacer una película para chicos, sino contar una historia acerca de lo que significa ser un chico. De las palabras de Maurice, de sus dibujos y esas extrañas invenciones, nace una visión muy poética e impresionista, narrada de una forma que los chicos comprenden sin dificultades.

-¿De qué manera llevó adelante una adaptación tan complicada?

-Lo primero que hicimos fue convocar a los actores que le pusieron las voces a las criaturas salvajes y filmar con ellos la película completa dentro de un gigantesco estudio cerrado. Pasamos allí algunas semanas no sólo registrando sus voces, sino también sus movimientos corporales, gestos, reacciones, desplazamientos. Trabajaron como en un taller, de un modo único y espontáneo, rodeados por nueve operadores de cámaras y de sonido que guardaron todo.

-Llegó a decirse que durante ese rodaje usted y su equipo recurrieron a un método muy usado en el pasado por John Cassavetes.

-Todo empezó con una sugerencia de Catherine Keener, que me hizo ver una escena de Maridos , de Cassavetes. Allí entendí el contexto en el cual podían moverse estas criaturas salvajes en forma simultánea sobre un escenario, atrapando de ellas el poderoso magnetismo que nacía de ese caos sólo aparente. En vez del clásico método mediante el cual un actor habla, el otro contesta y así sucesivamente, todo fluía al mismo tiempo. Todo el grupo vivió esa experiencia como algo asombroso.

-Después llevaron el rodaje a Australia.

-Así es. Cerca de Melbourne encontramos el lugar ideal para representar el reino de criaturas salvajes al que viaja Max. Construimos disfraces enormes en tamaño natural, con mimos extraordinarios manejándolos desde el interior. Y armamos digitalmente las voces a partir de las inflexiones registradas en el estudio por los actores. Jamás había hecho algo así. El resultado fue extraordinario.

-¿Cómo se decidió por Max Records para interpretar al chico?

-Cuando se hace un casting con niños, por lo general encontramos dos clases de actores precoces. De un lado, el que puede expresar una personalidad tranquila e introspectiva. Del otro, el comportamiento más salvaje, abierto, juguetón. Lo más difícil es hallar alguien que pueda transmitir ambas cosas al mismo tiempo. El personaje requiere especialmente eso, un amplio rango de conductas y actitudes. Max nos dio precisamente eso. Es un chico enternecedor, abierto, inteligente. Disfrutamos mucho trabajando con él.

-Al ver la película no parece haber efectos especiales.

-La actitud naïve con la que encaramos el proyecto fue absoluta. Cuando vemos a Max navegando en medio de una tormenta, filmamos a Max navegando en medio de una tormenta. Sí, por supuesto, pusimos a Max Records bien lejos de cualquier riesgo. Hay varios Max en esta película, entre ellos un experto navegante de 12 años. En este sentido no hay trucos o efectos. Todo resulta completamente natural, como Maurice Sendak lo imaginó.

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