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El poder de las pequeñas personas

Domingo 04 de julio de 2010
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PARA LA NACION
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Santiago Roncagliolo, el peruano que ganó el Premio Alfaguara 2006 por su novela Abril rojo , ha vivido una pesadilla similar a la de otros autores del pasado: su última novela, Memorias de una dama , fue editada en 2009 y luego sacada de circulación. A diferencia de lo que suele pasar con los escritores estrella de una editorial, Alfaguara no lo envió de gira para promover el libro, detuvo de golpe el presupuesto destinado a promoverla y, finalmente, retiró la novela del mercado. Casos como el suyo abundan en la historia de las letras. Hace cien años, James Joyce pasó por algo así, no una, sino dos veces: primero, con su libro de cuentos Dublineses y luego, con el descomunal Ulises , que décadas más tarde pasó a formar parte de los clásicos, junto a las obras de Shakespeare y de Cervantes.

Acerca de Ulises , es sabido que al principio fue prohibido en los Estados Unidos y en el Reino Unido. Lo que sucedió con Dublineses es menos conocido: en 1810, la editorial Maunsel & Co. aceptó publicarlo, pero dos años después, cuando imprimió el libro, el impresor John Falconer decidió quemarlo inmediatamente, ante lo cual Joyce, furioso, escribió un largo poema satírico que hizo circular por toda Dublín. "Damas y caballeros -comenzaba el poema-, ustedes están aquí reunidos/ para escuchar el porqué de la tierra y el cielo sus rugidos/ causados por las artes negras y siniestras/ de un escritor irlandés que no se amaestra."

A diferencia de Joyce, Roncagliolo no puede protestar públicamente. Una fuente fidedigna, que pidió permanecer anónima, me contó que el escritor fue amenazado de muerte si publicaba la novela. La editorial, por su parte, afirma que el libro no recibió difusión porque resultó un fracaso comercial. Cosa extraña, pues la obra se ha convertido en best seller y ahora circula como pan recién salido del horno en versiones piratas o bajadas de Internet... especialmente en la República Dominicana, de donde son oriundos los señores que, se dice, amenazaron al autor.

Editado en España, el libro de Roncagliolo cuenta gran parte de la vida de una millonaria cuya familia estuvo vinculada a las mafias que durante varias décadas del siglo XX dominaron el Caribe. Las coincidencias entre ficción y realidad llevaron a muchos dominicanos a creer que la protagonista de la novela es en realidad Nelia Barletta, aristócrata de una de las familias más ricas del país. Para darle más peso a esta suposición, cabe agregar que hace años, cuando Roncagliolo era todavía desconocido, Nelia Barletta lo contrató para escribir su autobiografía. Quería publicarla para "vengarse de sus hijos", que según ella le habían robado su fortuna. Quiso el destino que la dama muriera antes de publicar el libro... y que, pasado un tiempo, a Roncagliolo se le ocurriera novelarlo. Cuando finalmente se publicó, los hijos montaron en cólera y empezaron a lanzar -como si de otra novela se tratara- amenazas mafiosas a diestra y siniestra, de resultas que el peruano ahora está tan callado que ni siquiera concede entrevistas y sólo a veces se decide a hablar del asunto.

"En las democracias también hay censura -me dijo Roncagliolo-. Sólo que no vienen del poder político, sino del económico. Si un millonario denuncia a un periodista por describir sus negocios sucios, no hace falta que tenga razón. Ganará con sólo llegar a un juicio, porque el proceso será largo, muy largo, y los abogados cobran por hora. El periodista sólo podrá enfrentar el proceso si cuenta con el respaldo, por ejemplo, de la dirección del periódico, es decir, si hay otro millonario interesado en perjudicar al primero. De ese modo, lo que llamamos pluralismo, con frecuencia, es sólo la fachada de los conflictos de intereses entre los ricos."

Aunque a Roncagliolo no se lo pueda citar diciéndolo, al escucharlo se nota que le encantaría poder escribir sobre lo que vivió con su novela. Lamentablemente, no puede. Pero nosotros sí podemos. Quizás hacerlo sea una manera de derrotar a quienes preferirían el silencio.

"A diferencia de las dictaduras, las democracias tienen recursos para que la información fluya -dice Roncagliolo-. Primero está el clásico boca a boca. Luego, la incontrolable Internet, un gran dolor de cabeza, por ejemplo, para el gobierno chino. Y por último, claro, la prensa independiente. En todos esos espacios, la información circula aunque el poder no quiera, aunque los involucrados lo nieguen, aunque el periodista esté amenazado. Ahí radica el poder de las pequeñas personas, y si ellas presionan suficiente, incluso pueden derrotar a los grandes poderes." 

Las pequeñas personas también tenemos poder. Un poder que radica en la pasión por la verdad, en la insistencia de nuestras voces pero, sobre todo, en saber que nuestra vigilia es vital para profundizar la democracia.

revista@lanacion.com.ar

La autora es escritora

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