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El protocolo del té, una lección divertida para los más chicos

Como un juego, aprenden, junto a los grandes, cómo deben comportarse en la mesa

Lunes 05 de julio de 2010
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Laura Reina LA NACION

Tomar la taza con una mano y por el asa; mantener los brazos siempre arriba de la mesa; usar la parte interna de la servilleta, que, claro está, debe ir en la falda, y empezar a comer lo más liviano, como sándwiches, y dejar para el final lo más pesado, como masas y tortas, son algunas de las reglas que les conviene seguir tanto a grandes como a pequeños, siempre que se toma el té.

"Estamos invitados a tomar el té..." El primer verso de la canción de María Elena Walsh puede servir como preludio de la iniciativa del Alvear Palace Hotel, que, durante las vacaciones de invierno organiza tés para niños de entre 6 y 13 años, y sus padres (o abuelos, tíos o algún otro mayor), en los que, además de degustar muy ricos bocados, se aprende protocolo.

Las niñas aprenden el ceremonial para la hora de tomar el té
Las niñas aprenden el ceremonial para la hora de tomar el té. Foto: LA NACION

Las clases están a cargo de la directora del Centro Diplomacia, Karina Vilella, que está convencida de que los buenos modales hacen más fácil la convivencia y, cuanto antes se aprendan, mejor. Según la especialista en ceremonial y protocolo, desde que el niño es pequeño puede ir incorporando estas pautas de conducta para internalizarlas cuando ya es grande. "Cuanto más joven se aprende, más naturalmente se emplea", es el lema de Vilella.

Costumbres perdidas

Según la experta en ceremonial y protocolo, la enseñanza de buenos modales y costumbres se fueron perdiendo. "Recuerdo que mi mamá tenía en el colegio clases de civismo o urbanismo, en las que se enseñaban estas cosas. Hoy eso no existe. Ser educado tiene sus ventajas: se reciben premios por eso. Además, ser amable o respetuoso obliga al otro a tratarte de la misma manera", explicó Vilella al pequeño auditorio, íntegramente formado por niñas en compañía de sus madres, abuelas o tías.

Mientras Vilella seguía nombrando reglas como "en la mesa, lo sólido se ubica a la izquierda y lo líquido a la derecha" o "el invitado de honor se sienta a la derecha" y "los cubiertos, cuando se levantan del mantel nunca vuelven a tocarlo, siempre hay que apoyarlos en el plato", las pequeñas estaban ansiosas por probar las exquisiteces que veían en las mesas.

"¿Podemos empezar a comer?" preguntó ansiosa Ana, que, por supuesto, hizo caso omiso del protocolo, eludió los sándwiches y empezó por lo dulce, un tentador petit four de chocolate. Tampoco siguió la regla que dice que la taza debe tomarse por el asa y con una mano. "Está muy pesada", justificó. Otra niña pidió azúcar, a pesar de que lo correcto es no endulzar el té.

"En realidad, hay que probarlo primero. Si vemos que no nos gusta, podemos agregarle azúcar o edulcorante", concedió Vilella, que también explicó que podía agregarse leche, después de servir el té. "Esto es para ver cuán fuerte está el té y, a partir de allí, se le agrega la cantidad de leche que uno quiera", explicó la especialista en protocolo.

Otro consejo A la hora de untar el scone o la tostada, nunca hay que hacerlo completamente. "Hay que poner el dulce sólo en la porción que se va a comer y nunca directamente del pote. Primero se pone un poco de dulce en el plato y después, se unta el pan", dijo Vilella, pero ya era tarde: casi todas las niñas habían llenado de dulce directamente el scone y se aprestaban a comerlo.

Aunque parezca novedoso, el protocolo para niños tiene 500 años de historia. El precursor fue el humanista holandés Erasmo de Rotterdam, que, en 1530, publicó un tratado de civilidad dirigido a todos los niños, sobre todo los de la corte, en el que presentaba un código común de comportamientos para facilitar las interacciones sociales y establecer un vínculo.

A él se le debe, por ejemplo, el uso de la servilleta. "En vez de chuparse los dedos o de limpiárselos en la ropa después de comer, será más honesto secarlos en el mantel o en la servilleta", dijo Erasmo en un tratado. Y, también, se le debe la costumbre del lavado de cara al levantarse.

Cinco menos cinco

Ya sobre el final de su casle, Vilella explicó el lenguaje de los cubiertos para indicarle a quien sirve que se ha retirado de la mesa en forma temporaria o, por el contrario, que ha decidido irse definitivamente.

"La posición de descanso es con los cubiertos a un costado del plato, con el filo del cuchillo hacia adentro y la panza del tenedor descansa según lo que se acaba de comer: hacia abajo, si se comió una torta, o hacia arriba, si, por ejemplo, se terminó de comer una porción de carne -explicó-. Cuando nos retiramos definitivamente, hay que ubicar los cubiertos marcando las cinco menos cinco en un reloj."

También la servilleta puede indicar si alguien se levantó para ir al toilette o si se fue del restaurante: "Cuando es algo temporal, se deja sobre la silla; en cambio, si me voy, la pongo sobre la mesa", explicó Vilella, que, tras dos horas de clase, dio un pantallazo de cómo comportarse a la hora del té. Una ceremonia de grandes que también puede ser cosa de niños.

A TENER EN CUENTA

Mantener buena postura y cercanía con la mesa.

Las manos deben estar siempre visibles sobre la mesa.

Utilizar la cara interna de la servilleta, que permanece doblada en dos partes sobre la falda.

Empezar a comer lo salado, como sándwiches, y dejar lo dulce para el final.

No untar la totalidad del pan o del scone, sino sólo la porción que se va a comer.

Probar el té antes de agregarle azúcar o edulcorante.

Recordar la posición de los cubiertos: de descanso y de finalización.

Al ausentarse de la mesa, la servilleta queda en la silla. Si uno se retira definitivamente, se coloca sobre la mesa.

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