Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Clases para ser un buen internauta

La enorme presencia que la Red tiene en el día a día de los chicos obliga a pensar estrategias didácticas para el uso de la PC más allá del ámbito del aula

Domingo 11 de julio de 2010
0

MILPITAS, California.- Cuando Kevin Jenkins quiso enseñar a sus estudiantes de cuarto grado de la escuela primaria Spangler cómo usar Internet, creó un sitio donde podían colocar fotografías, dibujos y encuestas. Y lo hicieron. Pero, para su desilusión, algunos de sus estudiantes colocaron encuestas acerca de "quién es el alumno más popular" y "quién es el más querido". "Los alumnos disfrutan al expresarse en un lugar en el que básicamente están solos con la computadora -afirma Jenkins-. No piensan que todo el mundo lo va a ver."

La primera ola de ansiedad de los padres respecto de Internet se concentró en la seguridad y en los depredadores adultos. Pero desde entonces eso cedió su lugar a preocupaciones respecto de cómo sus hijos actúan on-line con sus amigos y rivales, y qué impresiones pueden crear sus perfiles en las mentes de funcionarios de admisión en instituciones educativas o en las de sus futuros empleadores.

Incidentes como el reciente suicidio de una chica de primer año en la secundaria South Hadley, de Massachusetts, luego de sufrir atropellos on-line, han reforzado la noción de que muchos niños no tienen conciencia de cómo Internet puede transformar la conducta típica adolescente (pruebas de popularidad, actitudes machistas, flirteo sexual, alardeos acerca de beber y usar drogas) en algo no solo público, sino también permanente.

El caso de South Hadley está llevando a algunos estados a repensar sus leyes contra la prepotencia en las escuelas; aunque más de 40 estados tienen en cuenta el problema, en general se centran en el castigo y no en la prevención.

Este año, Jenkins comenzó a incorporar pautas didácticas de Common Sense Media, una entidad que se propone enseñar a los estudiantes a meditar sobre su conducta on-line antes de meterse en problemas.

Financiado en gran medida con fondos de diversas fundaciones, Common Sense ofrecerá a partir del próximo otoño boreal una currícula gratis a las escuelas, con contenidos que enseñan a los estudiantes cómo comportarse en Internet. Las ciudades de Nueva York y Omaha han decidido ofrecerlo a sus escuelas públicas; Denver, Washington DC, Florida, Los Angeles, Maine y Virginia, por su parte, lo están pensando. "¿Quiere realmente provocar una conmoción? -plantea Liz Perle, editora jefa de Common Sense Media-: haga que su hijo ponga algo semejante a una expresión de odio criminal en un sitio." Internet es el espacio donde los niños están creciendo. La persona joven promedio pasa siete horas y media al día con una computadora, la televisión o un teléfono inteligente, según un estudio hecho en enero último por la Kaiser Family Foundation. Considerando que ese tiempo se da principalmente fuera de la escuela, los resultados sugieren que casi todas las horas extracurriculares se dedican a la vida on-line.

Las clases de Common Sense, basadas en investigaciones de Howard Gardner, un profesor de Psicología y Educación en Harvard, están agrupadas en temas que llama "líneas de falla éticas": identificarse (cómo presentarse on-line), privacidad (el mundo puede ver todo lo que escribas), propiedad (plagio, reproducción de trabajos creativos), credibilidad (fuentes legítimas de información) y comunidad (interactuar con los demás).

Raquel Kusunoki, una maestra de sexto grado de Spangler, recientemente le pidió a Jenkins, ahora especialista en tecnología educativa para el distrito escolar, que diera clases de Common Sense a sus estudiantes. La clase escuchó a Jenkins leer una historia acerca de una chica que se enojó cuando sus padres le preguntaron por detalles de su diario on-line.

Lucas Navarrete, de 13 años, preguntó: "¿Qué derecho tienen de leer sus cosas personales? No tienen derecho".

"Quizás estaban preocupados", sugirió Morgan Windham, una chica de voz suave.

"¡Es público!", sostuvo Aren Santos.

"Pero si fuera un diario personal y lo leyeran, ¿te gustaría? -retrucó Lucas-. No tienen derecho, ¿ves?"

Jenkins preguntó a la clase si existía alguna diferencia entre un diario personal en papel y un diario personal público. Al intentar dar una respuesta, los estudiantes no pudieron ponerse de acuerdo. "Lo que escribo en un diario personal sólo se lo contaría a gente muy, pero muy cercana", dijo Cindy Nguyen después de clase. Justamente, esa línea borrosa entre el espacio público y el privado es la que trata de abordar Common Sense.

"La sensación de invulnerabilidad que tienden a tener los estudiantes de secundaria, creyendo que pueden controlar todo, antes de Internet pudo haber tenido algo de cierto -dijo Ted Brodheim, jefe de Información del Departamento de Educación de la ciudad de Nueva York-. No creo que entiendan plenamente que cuando envían algo a la Red, es algo de lo que no pueden retroceder."

Common Sense basa todos sus estudios en casos de la vida real e insiste en la participación de los estudiantes. "Si uno simplemente da una conferencia sobre propiedad intelectual, no tiene significado para los chicos", afirma Constance M. Yowell, directora de Educación de la Fundación John D. y Catherine T. MacArthur, que ha dado financiación. Pero algunos expertos en medios dicen que, al concentrarse en cuestiones sociales, Common Sense no toma en cuenta algunos de los problemas estructurales que enfrentan los niños on-line. "No podemos hacer que la conciencia de los problemas en la Red se concentre sólo en lo personal y en las relaciones", comenta Joseph Turow, profesor de la Facultad de Comunicación Annenberg, de la Universidad de Pensilvania. "Los niños deben aprender lo que es una cookie o un virus y cómo obtienen ganancias las corporaciones siguiendo a los consumidores on-line", concluye.

En San Francisco, las Escuelas del Sagrado Corazón, colegios (vinculados entre sí) para chicos y chicas, hicieron una reunión de padres este año para debatir el programa piloto de Common Sense con la hermana Anne Wachter, rectora de la escuela de niñas. "A veces no saben cómo manejar los efectos sociales o emocionales que surgen cuando se meten en un sitio", explicó Wachter.

Apretujados en un aula de matemática en un subsuelo, los padres escucharon a un maestro, Bill Jennings, analizar las experiencias realizadas con los chicos. Ante la hermana Wachter y los padres, muchos de los cuales son católicos, dio un ejemplo de un mensaje de red social (que las chicas podrían ver) referido a una estudiante nueva: "Amy es una asquerosa; su mamá es una puta". Hubo un silencio estupefacto de los padres. "No van a llamar puta a la madre de una chica", dijo Sheila Chatterjee, madre de una chica de séptimo grado. "Pero eso es lo que aparece", contestó Jennings. Shirin Oshidari, madre de un chico de séptimo grado, consideró que la lección parecía obvia: "Todo lo que escriban será visto por la gente del secundario al que quieran ir. Y también lo verá la gente de la empresa en la que quieran conseguir un empleo". Jaime Domínguez, rector de la escuela de varones, concluyó: "Lo duro de todo esto es que, siendo adultos, nosotros vemos esa relación. Pero ellos no".

Por Stephanie Clifford/The New York Times revista@lanacion.com.ar

Traducción: Gabriel Zadunaisky

Acoso virtual, zona sin ley

El acoso a través de Internet (también llamado cyberbullying) es otro de los temas que tienen en jaque a la comunidad escolar. Puntualmente, el dilema es si la escuela debe o no intervenir cuando un alumno es hostigado con mensajes de texto o mails enviados fuera del horario de clases o desde ámbitos ajenos a las aulas. "Los códigos de disciplina escolar dicen poco acerca de la autoridad de los educadores sobre los teléfonos celulares, las computadoras hogareñas, y acerca de todo lo que se diga por fuera del espacio físico de la escuela", escribe Jan Hoffman en The New York Times. El periodista indica que, como el cyberbullying tampoco está definido en las leyes estatales, muchos directivos dudan antes de actuar. No obstante, algunos casos llegaron a tratarse en el ámbito judicial, donde fueron los jueces quienes debieron establecer el difícil límite entre la autoridad escolar, sus alcances, y la libertad de expresión de los estudiantes.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas