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Es la hora de los bifes... vegetarianos

Para alegría de las vacas, otras dietas son posibles en el país más carnívoro

Martes 13 de julio de 2010
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BUENOS AIRES.– Los bifes no aparecen en el menú del restaurante porteño Sattva, un local de comida orgánica, libre de carne, y que atiende a un grupo poco frecuente de comensales argentinos, el vegetariano.

En un país donde hay más vacas que personas, la carne vacuna es una gran parte de la identidad nacional, como el tango y el fútbol.

"Acá está metido hasta en el inconsciente que hay que comer carne", advierte Germán Coluccio, vegetariano de 37 años y dueño de Sattva, que en su moderno local de Montevideo 446 ofrece vino orgánico con quinoa y tiene paredes verdes decoradas con estatuas de Buda.

Su restaurante creció rápidamente, al igual que otras casas de comida vegetarianas, asociaciones y productos orgánicos, en momentos en que los argentinos conscientes de su salud se preocupan por la cintura y los niveles de colesterol.

Coluccio alienta a sus clientes a preguntarse de dónde viene lo que comen, pero es una minoría de vegetarianos argentinos la que elige dejar la carne por una repentina dedicación a los derechos de los animales.

"El vegetarianismo está creciendo de una forma impresionante", se alegra Manuel Alfredo Marti, presidente de la Unión Vegetariana Argentina (UVA), fundada en 2000. "El vegetarianismo es muy bueno para la salud. Somos lo que comemos", expresa.

Y aunque año a año los vegetarianos aumentan en cantidad, el tema por ahora sigue siendo novedad en el país de las parrillas y los asados domingueros como institución nacional, donde viven los mayores consumidores de carne vacuna en el mundo, y se alcanzó el récord de 70 kilos por habitante el año pasado.

A pesar de que el consumo de tofu todavía no alcanzó esos niveles, las percepciones sobre el vegetarianismo están cambiando, incluso entre los carnívoros.

"Antes nos preguntaban agresivamente si habíamos decidido cambiar la alimentación con interrogaciones como ¿qué te pasó?, ¿estás mal?", recuerda Coluccio sus días como un adolescente vegetariano. Pero los amigos que entonces se burlaban de él ahora le ruegan que prepare comidas vegetarianas para los cumpleaños.

Carne por soja

Las comidas libres de carne resultaron lucrativas para Carolina Guryn, que abrió un segundo local vegetariano en febrero junto con su marido, tras el éxito del primer restaurante Artemisia, en Gorriti 5996, con especialidades latinoamericanas como cazuela de calabaza y pastel de papas.

"Antes lo vegetariano era sinónimo de algo insulso, sin gusto, sin personalidad", enumera Guryn. Y agrega que cuando era chica le daba vergüenza invitar a sus amigos a almorzar a su casa, debido a la dieta vegetariana de su familia.

"Pero ahora la gente busca comida vegetariana", agrega Guryn.

Aunque la Argentina permanece como uno de los mayores exportadores mundiales de carne, los productores agropecuarios dicen que la herencia de producción de hacienda está en riesgo por la fuerte expansión de las plantaciones de soja.

Casi toda la producción de soja de la Argentina se exporta, pero algunos empresarios locales están utilizando esta fuente de proteína y vendiendo las virtudes de la soja a clientes domésticos. Y en las góndolas de los supermercados los productos de soja cada vez se multiplican más: además de las milanesas en mil variantes (rellenas, por ejemplo) y las hamburguesas, desde hace poco también es posible encontrar salchichas de soja, ideales para panchos vegetarianos. En dietéticas, además, en las heladeras esperan también fiambres de soja.

"Tradicionalmente, cuando uno ofrecía milanesas de soja la gente respondía con una expresión rara y decía: No creo que me guste", detalla José Robledo, director de la compañía Mondo Frizzatta, que incluye milanesas de soja. Y, por estos días, en

un esfuerzo por cambiar la mentalidad de los clientes, la empresa dispuso puestos promocionales en supermercados, para degustación de sus productos.

Las promotoras tendrán suerte si se cruzan con consumidores como

Florencia Dorso, de 28 años, asistente corporativa que dejó de comer carne hace tres años y todavía lucha para convencer a sus amigos y familiares escépticos sobre los beneficios de una dieta sin la comida favorita del país. Ella cuenta:

"Todos quieren que coma carne. Si voy a un asado, los demás invitados me observan y no lo pueden creer. Yo voy sin problemas, porque ahora en los asados hay un montón de ensaladas".

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