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Los clowns más graciosos y solidarios

El grupo Alegría Intensiva, que trabaja regalándoles risas a chicos internados en el Garrahan, en un divertido espectáculo

Sábado 17 de julio de 2010
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Por Juan Garff

Una historia para no dormir. Dramaturgia: Martín Joab. Intérpretes: Ariel Kotlar, Irene Sexer, Silvina Sznajder, Luciana Wiederhold y Gabriel Cohan (grupo Alegría Intensiva). Dirección: Mariana Briski. Música: Carlos Gianni, Sergio Blostein y Silvina Sznajder. Escenografía y vestuario: Azul Borenstein. Teatro del Nudo, Corrientes 1551. De jueves a domingos, a las 16.30. Entrada: 30 pesos. Nuestra opinión: muy buena

También los clowns merecen su descanso tras cumplir con la jornada laboral. Pero siempre puede haber una emergencia. Más aún, si se trabaja en un hospital de niños. Una llamada apremiante saca a los integrantes del grupo Alegría Intensiva del reposo o de la ducha: Lorenzo, el niño de la habitación 33, no se puede dormir, sólo ellos podrán solucionar el problema. Al menos así debería ser...

Ficción y realidad se cruzan sobre el escenario en Una historia para no dormir . Sus protagonistas trabajan realmente en un hospital pediátrico, el Garrahan, donde hace dos años que todos los martes recorren salas y habitaciones buscando sonrisas escondidas. Con sutileza y un respeto enorme por enfermos y acompañantes, improvisan pequeñas escenas de humor, que rompen la rutina hospitalaria.

Sobre ese contexto real se monta la obra en el teatro, a partir del llamado que convoca a los clowns a dormir al pequeño. Con sus delantales blancos combinados con narices rojas y zapatones coloridos, tocan a la puerta 33, la de Lorenzo. Pero lo único que logran es hacerlo reír. El típico fracaso del clown.

El quinteto que conforma Alegría Intensiva logra una eficaz interacción de conjunto a partir de personajes claramente delineados. Cada uno de ellos toca una cuerda diferente, que les permite destacarse en un breve solo, para luego combinarse todos en una armonía clownesca que genera las disonancias precisas con las que estalla la risa en la platea.

Por momentos abordan la sala con sus espectadores como si fuera la habitación hospitalaria, entran y salen de las hileras de butacas, se ocultan en las escaleras de acceso y vuelven luego al escenario, punto de partida y retorno como lo es el pasillo en su recorrida pediátrica. En el camino se toparán con un misterioso pajarraco armado con radiografías, convertirán una camilla en nave o ingresarán a inesperadas selvas pobladas de animales.

La puesta en escena de Mariana Briski, sobre dramaturgia de Martín Joab, cumple cabalmente con el objetivo de montar un espectáculo hilarante, manteniendo referencias a la tónica intimista de la labor de animación hospitalaria sin resignar autonomía creativa en el teatro. Cuenta con el valioso apoyo de los toques escenográficos y de vestuario de Azul Borenstein y la musicalización de Carlos Gianni y Sergio Blostein.

Entre Marta (Irene Sexer), con su afán organizador y su enamoramiento sin futuro, el impertérrito Jesico (Ariel Kotlar), Staccata (Silvina Sznajder) y sus bellas melodías, el aparentemente conciliador Riten (Gabriel Cohan) y la intempestiva Carlota (Luciana Wiederhold) se forma un torbellino de humor que no permite que nadie se duerma en su butaca. En su caso, habría que cambiar el tradicional cartel pidiendo silencio por el de "Risas: Hospital".

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