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La ficción lo cuenta, la vida lo transita

Más allá de los debates que genera el matrimonio gay, las familias homoparentales son una realidad que inspira a numerosos guionistas de cine y TV. Un fenómeno cultural que, como muestran los testimonios que presentamos aquí, dialoga con el día a día de padres, madres y niños

Domingo 18 de julio de 2010
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No son una familia convencional. Convengamos que ningún hogar con trillizos lo es. Además, Abril, Jazmín y Santiago, de 2 años y medio, tienen dos mamás: Andrea Majul (39) y Silvina Maddaleno (36), locutoras y periodistas, que decidieron traerlos al mundo tras 18 años de convivencia. Esta es su historia, diferente, pero parecida a las de cientos de familias homoparentales que habitan el país.

Andrea y Silvina se conocieron en el curso de ingreso al ISER. Pasaron muchas mateadas, apuntes de por medio, y tres años más tarde se fueron a vivir juntas. De la mano, codo a codo, frente al "qué dirán" de los demás, llevaron la vida que lleva la mayoría de las parejas homosexuales: salidas, viajes, y un relativo buen nivel de vida que les permitía su actividad profesional. Pero esto no alcanzaba. Dentro de ellas había un deseo de maternidad. Barajaron las opciones. La adopción, que ya es difícil para cualquier pareja, para ellas lo sería aún más. Sólo una de ellas hubiera podido adoptar. "Hubiéramos tenido que ocultar nuestra relación. Y algo tan importante como tener un hijo nos parecía que no podía empezar con una mentira", dice Andrea. Silvina asiente, junto a la computadora, en una oficina improvisada en el living del departamento, lleno de juguetes y de fotos de los trillizos. Está todo limpio y ordenado, ya que los chicos están en el jardín. Nadie pensaría que por allí pasó, hace apenas media hora, el verdadero torbellino que son los tres juntos trastabillando al abrirse paso, hablando y riéndose, llamando a los gritos a "mami" (Silvina) y "mamu" (Andrea). Vayamos aclarando: Silvina (Tilvi) es la mamá biológica, quien los llevó en la panza durante seis meses (los trillizos nacieron prematuros, y estuvieron tres meses en terapia, en neonatología). Andrea es la mamá del corazón, la que estuvo y está todo el tiempo junto a Silvina y junto a ellos, en los minutos más difíciles, como cuando pesaban apenas un kilo cada uno y luchaban a brazo partido por sobrevivir. Su alegre bullicio de hoy es un milagro del amor y de la ciencia. Descartada la idea de la adopción, Andrea y Silvina fueron por la inseminación artificial. Acudieron a una clínica de fertilidad, donde plantearon su situación. "El médico no nos hizo ninguna objeción, y nos recomendó un tratamiento de baja complejidad, con donación de esperma sin estimulación hormonal", dice Silvina. El hecho de que fuera ella quien llevaría el embarazo, había sido una decisión tomada en pareja. "Tuve un muy buen embarazo -asegura-, pero en la semana 27 se adelantaron los planes." Santi, empujado por el peso de sus hermanas, empezó a pujar para salir y hubo que hacer una cesárea de urgencia cuando Silvina tenía 8 de dilatación y el trabajo de parto era imparable.

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Lazos de celuloide. En el film The Kids Are all Right, dos madres lesbianas conocen al donante de esperma, padre biológico de sus hijos adolescentes
Lazos de celuloide. En el film The Kids Are all Right, dos madres lesbianas conocen al donante de esperma, padre biológico de sus hijos adolescentes. Foto: Gentileza Alfa films

Pero volvamos al momento en que se enteraron, no sólo de que iban a ser madres, sino de que venían tres bebés. "Fue en el tercer intento (de inseminación artificial), y no lo podíamos creer", dice Andrea. Ese día, Silvina escribió en su blog ( ellalostrillizosyyo.blogspot.com ): "¡Vamos a tener trillizos y estamos FELICES! Nos sentimos afortunadísimas por este regalo de la vida (...)".

Hasta el día de hoy (cuando encuentra un tiempito), Silvina continúa con su blog, y a través de él se contactan con otros padres múltiples y con familias homoparentales del país y del exterior, que también las siguen por Facebook. "Que el prejuicio signifique para muchos perder el trabajo o los lazos con la familia, es terrible. Por eso, el reparo del anonimato es entendible cuando la discriminación es una amenaza real", admite Andrea. ¿Cómo la enfrentan? "Con la verdad. Creemos que simular y recluirse no es la mejor estrategia", asegura. La charla, entre anécdotas y álbumes de fotos, se ha extendido un buen rato, y es hora de ir a buscar a los trillizos. "Van a un jardín público, a tres cuadras. Por suerte conseguimos las vacantes", dice Andrea. ¿Y cuando los chicos pregunten por qué tienen dos madres y quién es su papá? "Nos estamos preparando para ese momento -dice Silvina- e iremos con la verdad, explicándoles en la medida en que puedan entenderlo."

Tres mujeres, un hogar

Fernanda (38), odontóloga, y Lucía (35), estudiante de Bellas Artes, viven en Rosario con Sol (4), la hija de ambas. Se conocieron hace doce años en un boliche, y al mes estaban conviviendo. "Siempre quise ser madre: es un deseo que nunca perdí, aun cuando a los 25 años me asumí como lesbiana", dice Fernanda, del otro lado del teléfono.

La pareja viajó a Buenos Aires para hacerse una inseminación con esperma de donante. "El embarazo lo atendió un obstetra de acá, de Rosario, que es macanudo -dice Lucía-. Pero nos perdimos el curso preparto porque la partera pensó que otras parejas podían reaccionar mal si íbamos."

No obstante, Sol llegó al mundo por cesárea una tibia mañana de primavera. Y cambió la vida de sus madres y abuelos. "A mi viejo, a los 70 años, le cayó esta nieta cuando ya no lo esperaba. Yo soy hija única y si bien para mis padres fue difícil aceptar mi condición, creo que una de las cosas que más les dolía era hacerse a la idea de que no iban a tener nietos", comenta Fernanda.

"En casa nos repartimos las tareas equitativamente. Las dos trabajamos y cuidamos de nuestra hija. A la hora de mandarla al jardín, quise que fuera al mismo que yo había ido. Pagamos la inscripción, pero después desistimos. Porque es un colegio religioso y nos imaginamos que no nos iban a aceptar", confiesa Fernanda. Entonces optaron por un colegio laico. Con todo, la nena fue bautizada. "No queríamos mentir y se lo dijimos al cura. «Todos somos hijos de Dios», nos contestó." Con los otros padres no lo blanqueamos, pero si nos preguntan, vamos con la verdad. A veces cansa tener que demostrar todo el tiempo que somos buenas personas", explica Fernanda. ¿Y cómo ve la nena a su familia? "A mí me dice "mami" y a Lucía, "Lumi". Hace un año empezó a preguntar cómo llegó a mi panza y por qué no tenía papá. Le explicamos que la tuvimos con mucho amor y que un hombre ayudó a mamá, por medio de un médico. Ella lo tiene claro, pero se preserva frente a sus compañeritos. A veces dice que vive con su mamá y su Lucía, otras que vive con su mamá y su madrina, y otras que vive con sus dos mamás."

Papá por dos

Fabio García (40) y Sergio Domínguez (37) se conocen hace 16 años y viven en las afueras de San Miguel de Tucumán con Carlos (10), el hijo biológico de Fabio. "El sabe que yo soy el padre y que Sergio es mi pareja", dice Fabio. El niño es fruto de una relación heterosexual anterior. La madre, con quien Carlitos vivió hasta el año y medio, "me dijo que no se sentía preparada para criarlo, y lo dejó a mi cargo", cuenta el hombre. Desde entonces, el chico vive con ellos, y hoy cursa quinto grado en un colegio estatal. "Fue todo un proceso explicarle que somos gays", cuenta Fabio, que es cocinero y ahora se encuentra desocupado. Subsisten dignamente gracias al trabajo de Sergio, que es empleado administrativo y de ventas desde hace 20 años en la misma empresa, y a la Asignación Universal por Hijo, que cobra la madre pero les hace llegar porque en realidad es para el niño. "Un domingo salió el tema -recuerda Sergio-; le preguntó al padre por qué no tenía novia. Entonces le explicamos que nosotros vivimos juntos porque nos amamos, y lo amamos mucho a él." Fabio agrega: "Nosotros somos muy abiertos, hablamos todos los temas con Carlos, tenemos conversaciones familiares. Pero también cuidamos mucho la intimidad. Si nos besamos, no lo hacemos delante de él. La mayoría de las personas piensan que si sos gay sólo tenés sexo en la cabeza, y que llevás una vida libertina que va a ver tu hijo. Y no es así". Carlos les dice "papá" a Fabio y "Papilo" a Sergio. "Acá en el Norte es muy común vivir con la familia ampliada: algún tío, abuelo o primo que comparten la casa." ¿Y la figura materna? "Están las tías, las primas, y mi cuñada, que tiene siete hijos y es como la gran madre de todos. Carlos le dice «mami»." En la escuela, Fabio se presentó como padre soltero, y Sergio es el padrino, para poder retirarlo o ir a las reuniones de padres sin necesidad de autorización. "Mucha gente cree que si vos hiciste una elección sexual determinada, tu hijo va a hacer lo mismo. Nada que ver: nosotros venimos de familias heterosexuales, y a mi hijo le gustan las chicas. Cuando me lo contó, le dije que nos parecía bárbaro, que tiene que cuidarlas y quererlas mucho", dice su papá. "Le enseñamos la diversidad, que las personas no valen por su sexualidad, sino por lo que llevan dentro."

Armando el familión

Silvia (43) y Mónica (42) son docentes, y formaron una familia con Morena (3), que es hija de Silvia, a la que pronto se sumarán los mellizos que Mónica lleva desde hace tres meses en la panza. Se conocieron hace 10 años, y se unieron para plasmar su deseo de maternidad. "Las dos queríamos ser madres, y vivirlo a pleno llevando nuestro embarazo y parto. Por edad, decidimos que yo intentara primero -cuenta Silvia-. Morena sabe que yo soy su mamá y Mónica es su «Moni». Hace poco nos preguntó cómo nació ella y le contamos que las dos queríamos tener un bebé y que un médico nos ayudó. Le explicamos que hay familias diferentes, que la mayoría tienen mamá y papá, otros tienen sólo mamá o sólo papá, y están los que tienen dos mamás o dos papás. Ella lo tomó con naturalidad. Creo que los chicos no tienen tantas vueltas como los adultos." Cuando Morena habla de su familia, incluye a sus dos mamás, los cuatro perros, los dos gatos y los dos peces que viven en la casa, y cuenta feliz que tiene dos hermanitos que están por llegar. "La idea no es que cada una sea madre de sus hijos, sino que ambas lo seamos de nuestros hijos, sin diferencias", apunta Silvia. En cuanto al futuro, "queremos que nuestros hijos crezcan con libertad. Que el día de mañana, si quieren ser heterosexuales, lo sean, y si quieren ser homosexuales, también", resumen ambas madres.

Por María Gabriela Ensinck revista@lanacion.com.ar

Adopción, aquí y allá

Independientemente de los debates que durante los últimos tres meses tuvieron lugar en el Congreso de la Nación, uno de los aspectos que más polémica está generando en la sociedad es el que tiene que ver, ya no con la constitución de una pareja gay, sino con la adopción y la posibilidad de formar una familia integrada por padres del mismo sexo.

En tanto, varios países, incluso latinoamericanos, cuentan con legislaciones que reconocen a las parejas homosexuales plenos derechos a la hora de casarse y adoptar niños.

Entre ellos se cuentan: Holanda, Suecia, Gran Bretaña, Dinamarca, Alemania, Canadá, España y el vecino Uruguay, donde se aprobó la ley a fines del año pasado.

Más datos

www.mismamas.blogspot.com

http://www.familiashomoparentales.es.tl

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