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Mardin, en busca de las raíces

Por Juan Pedro Tomás

Domingo 25 de julio de 2010
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El plan era conocer Mardin, pequeña y pintoresca ciudad de Turquía donde nacieron mis abuelos paternos. A comienzos del siglo XX, ellos decidieron dejar Mardin y emprender un largo viaje a la ciudad de La Plata en busca de un futuro mejor. A comienzos del siglo XXI, con mi padre decidimos realizar el viaje inverso, mucho más fácil y rápido que el que los abuelos hicieron, por cierto. Desde Estambul, un vuelo de unas dos horas nos depositó en esta ciudad en plena Mesopotamia.

Mardin está enclavada en la región sudeste de Turquía, a unos pocos kilómetros de la frontera con Siria. La población de Mardin es de unos 80.000 habitantes, con mayoría de grupos kurdos, turcos, asirios y árabes. En este lugar también conviven musulmanes, cristianos y ortodoxos. Mardin fue habitada por cristianos de origen asirio en el siglo mientras que los árabes dominaron la ciudad entre los años 640 y 1004. Luego se sucedieron numerosas oleadas de turcos selyúcidas, kurdos, mongoles y persas hasta que los otomanos conquistaron definitivamente Mardin en 1517. A comienzos del siglo XX muchos cristianos fueron forzados por los otomanos a abandonaron la ciudad.

La parte vieja de la ciudad, de un notable estilo arquitectónico árabe, se encuentra en una montaña, desde donde se puede apreciar la majestuosidad de la planicie mesopotámica del norte de Siria.

Las laberínticas calles de Mardin, pobladas de casas construidas en roca calcárea, invitan a recorrerlas y perderse por ellas sin rumbo fijo. Es notable la calidez y la hospitalidad de los habitantes de Mardin, y no hay que sorprenderse si los locales invitan a los turistas a conocer sus propias casas y familias. El turismo no llega en masa a este lugar, pero los pocos visitantes que llegan al lugar son tratados con una calidez extrema.

Como toda ciudad turca, Mardin tiene su bazar, donde se pueden comprar desde los deliciosos bombones turcos llamados lokum hasta objetos de latón. También se venden dátiles, aceitunas, almendras y especias.

Cerca del bazar está la principal atracción de Mardin: la mezquita Ulu Camii, con su impresionante domo y su impactante minarete que data del siglo XII. También bien vale una visita al museo de la ciudad, donde se pueden ver objetos que recorren la extensa historia de Mardin.

A pesar de tener una parte más moderna, el distrito viejo parece detenido en el tiempo. Allí, salvo el ruido que proviene de los mercados, todo está en silencio y la gente parece no conocer lo que es el apuro ni el estrés. Lo único que quiebra la calma del lugar son los llamados a la oración que se hacen desde las numerosas mezquitas, que con sus altos minaretes adornan Mardin.

Otro lugar que no debe dejar de visitarse es el monasterio Deryl-ul Safaran, que fue sede del patriarcado de la Iglesia Siriana Ortodoxa de 1166 a 1932, cuando dicha sede fue trasladada a Damasco, en Siria.

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