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Una picante noche en la alcoba de Olivos

Viernes 30 de julio de 2010
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Se ha desencadenado una interna terrible. A cara de perro. Una de esas internas de las cuales, rotos todos los puentes, ya no es posible volver. ¿En el peronismo? No. ¿En el radicalismo? Tampoco.

En Olivos. ¡¿En Olivos?! Sí, en la residencia presidencial de Olivos. Entre los Kirchner (me tiembla la mano al escribirlo, y ya me imagino la reacción en Twitter).

Todo empezó una noche de esta semana, después de comer. Cristina estaba en el baño de la suite maquillándose para enfrentar bien puesta las últimas horas del día. Cuando lo hace ella, el trabajito le lleva una hora y media, o poco más. Está a la vista que en ese rubro no se anda con chiquitas. Néstor estaba leyendo un libro de teoría política. A los cinco minutos, aburrido, lo tiró. Además, ya había juntado fuerzas para comentarle a Cristina las cifras de una encuesta que le había llevado la SIDE esa tarde.

"¿Me escuchás, Cris?", balbuceó. "Sí", contestó ella, que no podía hablar mucho por estar frente al espejo conduciendo con mano firme y trazo grueso el lápiz de labios.

Lo que siguió es previsible. El contó que los números mostraban una recuperación de los dos -más en imagen que en intención de voto, es cierto-, pero que él se recuperaba más rápido. "Yo estoy en 32, y vos, en 28", dijo. Ella intentó acotar algo, pero él, haciendo como que no la había oído, siguió. "A este ritmo, no estaría mal eso de que compartiéramos la fórmula, ¿no?", arriesgó.

-¿En qué orden? -quiso saber ella. El lápiz de labios acababa de ser licenciado, aun con la tarea inconclusa.

-Bueno, no lo decidamos nosotros. Que lo digan las encuestas.

-¿Qué encuestas? ¿Las que te prepara tu amiguito Icazuriaga [jefe de la SIDE]? No, amorcito. Vamos a algo imparcial: Poliarquía, por ejemplo.

-No, esos trabajan para LA NACION.

-Bueno, Julio Aurelio.

-No, trabaja para Macri, para Scioli?

-E Icazuriaga trabaja para vos. ¡Qué vivo!

El contrapunto empezó a enturbiarse. De las diferencias por los números pasaron a la discusión por los hechos.

-El domingo -Cristina levantó el tono de voz y empezó a acomodarse el jopo casi con rabia-, Morales Solá escribió que paraste en seco a alguien que osó deslizar que la candidata en 2011 podía ser yo. ¿Es cierto?

-Lo único que falta, Cris, es que le creas a Morales Solá.

-¿Sabés cuál es el problema? Que Van der Kooy, en Clarín , puso lo mismo.

-Tenés razón, lo leí y...

-Te pregunté si era cierto.

-Bueno, OK, fue más o menos así. Pero dejame que te explique. Vos conocés el PJ: o mantengo viva esa llama o me comen crudo.

-Ah, entonces que me coman cruda a mí.

-No, vos sos la Presidenta, y ya sabés: acá estoy yo para defenderte.

-Ah, sí, ¿y quién me defiende a mí de vos y de los numeritos de Icazuriaga?

Horas después de que se publicara en dos diarios aquel diálogo entre Kirchner y uno de sus confidentes, que tanto le molestó a la Presidenta, él se apresuró a decir en Santiago del Estero que el candidato en 2011 podría ser "pingüino" o "pingüina". Evidentemente, lo hizo para calmarla. Porque lo que hasta aquí no había trascendido era la pelea en la alcoba de Olivos. La frase que mejor describe el duelo de aquella noche es "pase de facturas". En un clima inocultable de resentimiento, se produjo el siguiente diálogo.

Ella: -¿Querés que te recuerde, amorcito, todas las que me debés? Empecemos por el campo...

El: -Gracias por recordármelo: eso se lo debemos a tu gran ministro de Economía. ¿Cómo se llamaba aquel muchacho de rulitos despeinados? ¿Lousteau? Dejé que lo eligieras vos y mirá lo que hizo.

Ella: -¿Lo que hizo? Lo que hizo fue pensar en algo que sonara razonable: vos directamente querías triplicar las retenciones porque te habías gastado toda la guita.

Del campo pasaron a Antonini Wilson (ella dijo, exagerando, que casi le cuesta la presidencia, y él respondió que la campaña electoral había salido muy cara), a los escándalos en el ministerio de De Vido ("estoy harta de que me digas que de él te ocupás vos"), a Guillermo Moreno, a la pelea con los medios ("todo empezó con aquel berrinche que te agarraste por un dibujito de Sabat", acusó él), a la inflación (de la cual ambos responsabilizan al otro), a las candidaturas testimoniales y, claro, a Cobos. En ese punto, el cruce por momentos se tornó brutal. "Fue tu maniobra más torpe. ¡El peor error de tu carrera, y el que más me perjudicó!", gritó ella. "Puede ser -concedió él-. Pero cuando yo era presidente se me quiso rebelar Scioli y le pegué tanto que a los dos días lo tuve de rodillas pidiendo perdón."

En eso estaban cuando, ya muy tarde, sonó el teléfono. Era Moreno, para preguntar a qué sector o a qué empresario le tocaba maltratar al día siguiente. Néstor, que había atendido, le pasó el teléfono a ella, que no quiso contestar. "No tengo la lista", se excusó. El salió del apuro: "Lassie, agarrá temprano los diarios y al que diga algo o suba los precios, ¡pum! Un cortito de derecha".

Más allá del tenor de la instrucción a Moreno, el paréntesis sirvió para calmar los ánimos. Cristina, todavía a medio pintar, se acostó y puso a Tinelli. Néstor, con un pantalón pijama a cuadros y una remera a rayas, sacó su célebre cuaderno de espirales y empezó a anotar cosas.

Cristina hizo zapping, bostezó y apagó la televisión.

-Hasta mañana, mi amor -dijo.

-Hasta mañana, Cris. Ah, olvidate lo de la fórmula que te propuse. Si tanto te molesta, voy solo. © LA NACION

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