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El mejor Mahler, de la mano de la Sinfónica

Con la decisiva dirección de Pedro Ignacio Calderón, la orquesta ofreció un gran concierto, anteanoche, en el Auditorio de Belgrano

Domingo 08 de agosto de 2010
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Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional. Con dirección de su titular, Pedro Ignacio Calderón. Programa: Obertura criolla, de Ernesto Drangosch, y Sinfonía Nº 9 en Re menor, de Gustav Mahler. En el Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: excelente

Una audición que constituirá, sin duda, uno de los puntos culminantes de su temporada oficial y de toda la temporada musical en la ciudad de Buenos Aires, ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional con la memorable versión de la Novena sinfonía en Re menor, de Gustav Mahler, avalada por un rendimiento orquestal que no escatimó esfuerzos por traducir en forma fidedigna el trascendente mensaje de esta magna obra. Quizá resulte oportuno afirmar que pocos o ningún organismo sinfónico en el país puede ofrecer al melómano, en obras como ésta, tal variedad y riqueza de recursos técnicos y expresivos para llevar a cabo de manera tan exhaustiva su ejecución, por la dimensión y la complejidad de la Novena sin perder de vista su unidad de sentido, comenzando por la autorizada batuta de Pedro Ignacio Calderón. Sin duda, ello gravitó en la sostenida atención del público que colmó la capacidad de la sala del Auditorio de Belgrano y retribuyó a sus intérpretes con tan prolongados aplausos.

La Novena sinfonía siguió a la encantadora y poco difundida Obertura criolla, de Ernesto Drangosch (1882-1925), un eximio pianista y compositor de original inventiva, cuyo lenguaje amalgamó la estilización de esencias folklóricas con los ritmos del naciente folklore urbano de su tiempo.

Ideas

La vastedad estructural de la Novena , la relación directa que su autor establece entre las dimensiones del aparato expresivo y las ideas que plasmó en su obra requieren una conducción inteligente que encuentre rápidos reflejos en cada uno de los diversos grupos instrumentales -como de hecho aconteció-, para traducir los múltiples efectos y combinaciones tímbricas, su riqueza expresiva, las elaboradas o repentinas transiciones de movimiento o de carácter que surgen al amalgamar el lenguaje sinfónico con el espontáneo fluir de la canción popular. Ello, por ejemplo, resultó admirablemente logrado en el Andante commodo inicial, una marcha fúnebre que refleja la síntesis antedicha entre la expresión sinfónica y el lied popular, y dio la tónica de lo que seguiría después.

Tal impronta reflejaría una confrontación coincidente con la idea que subyace en toda la obra, la transitoriedad de toda existencia humana frente a su fin, si bien Mahler profesaba un amor incondicional a la vida y a la misma naturaleza que la sustenta.

Especial mención merece el permanente contralor de la sonoridad orquestal, ejercido por el propio Calderón, con un dominio perfecto del excepcional rango dinámico que la Orquesta Sinfónica Nacional puede exhibir al abordar obras monumentales como la Novena de Mahler, concomitante con una compenetración de los contenidos trascendentes de la obra, de lo cual dio fehaciente testimonio cada atril del organismo nacional.

Héctor Coda

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