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Anthony Browne, fantasías animadas

Los libros para chicos ya no son lo que eran. Y las obras de este autor inglés, innovadoras y alérgicas a las moralejas, son el exponente de una tendencia mundial en literatura infantil. LN R conversó con el gran mago de la imagen, creador de las historias que a él le habría gustado leer

Domingo 08 de agosto de 2010
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LA NACION

Los adultos suelen olvidar lo que sentían, lo que hacían en su infancia. Si uno le pregunta a cualquier chico si puede dibujar, no va a dudar y va a contestar que sí; pero si uno le hace esa misma pregunta a un adulto la mayoría va a decir que no, que no sabe -asegura Anthony Browne, el hombre que es considerado hoy uno de los mejores escritores e ilustradores de libros para chicos-. En realidad, se olvidaron que sabían." Quizá por ello se anima a decir que los artistas, ya sean músicos, dibujantes o escritores, siguen dejándose llevar por ese espíritu inquieto, el mismo que uno tenía de niño. "Por suerte siguen manteniéndose frescos", agrega Browne.

Este hijo de la posguerra nacido en Sheffield, Inglaterra, en 1946, creció con el peso de una guerra "invisible". "Mi padre estuvo ahí. Nunca quiso hablar de ello. Sólo nos dijo a mi hermano y a mí que nunca fuéramos a una." A pesar de las penurias de la época, recuerda su infancia como cálida y afectuosa.

"Tuve una familia amorosa -reconoce-. Con mi hermano (un año y medio mayor) éramos muy unidos, nos la pasábamos haciendo competencias. Siempre trataba de vencerlo en algo, hasta que un día me di cuenta de que no podía y lo acepté." La anécdota no es al azar, porque en la saga de Willy (con títulos como El tímido , El campeón , El mago ), el simpático chimpancé, que vive en un mundo de gorilas, se recrea esa atmósfera: la del pequeño que quiere ser fuerte y grande.

Cuando uno se topa con un libro de Browne resulta imposible no dejarse llevar por ese juego de palabras, imágenes, y ese mundo por descubrir entre letras y dibujos que, a diferencia de tantos otros autores, escapa del mensaje moral. "¿Por qué debo dejar una moraleja o decir cómo se debe vivir? Sí intento evitar los finales negativos, busco siempre finales abiertos, que quizá permitan más de una lectura. Porque lo más importante es no subestimar a los lectores."

El difícil mundo de los afectos, la timidez, los miedos, las supersticiones, y la propia historia del arte, a través de clásicos de la pintura y referentes de la literatura, se dan cita en cada una de sus páginas. "No deja de sorprenderme la creatividad y la sensibilidad que muestran los niños y niñas de todo el mundo -confiesa el autor de Gorila -. Por favor, no hay que hablarles como tontitos; cuando uno los trata de igual a igual descubre lo inteligentes y curiosos que son."

Su obra está repleta de referencias artísticas: uno puede descubrir a Goya, a Miguel Angel, a Da Vinci. "No importa si no conocen el cuadro que transformé o el que puse en el fondo -advierte-. Sí tiene que ayudar a contar la historia; si no, sólo sería pretencioso colocarlo. Cualquier referencia que aparezca en el texto o la ilustración tiene que sumar, servir a la historia. Lo maravilloso es cuando consiguen reconocer esa pintura en algún otro lado."

Las palabras y las ilustraciones en las obras de Browne se complementan; son un excelente ejemplo de lo que llamamos libro-álbum. El libro se transforma en un objeto en el que la lectura no está restringida sólo al texto. "La literatura visual es tan importante como la escrita -reflexiona el autor, galardonado con el prestigioso premio Hans Christian Andersen-. A través del libro-álbum se puede alentar a los niños a que comiencen a leer de otra manera, dispuestos a ir más allá y dejar libre la imaginación."

-Sin embargo, aún hoy se cree que "libros de verdad" son los que tienen más palabras que imágenes.

-Es que, lamentablemente, solo se considera lectores a los que pueden leer textos largos, sin la distracción de la imagen.

-¿Cómo imagina la historia un autor de libro-álbum?

-A través de imágenes y a través de la palabra, porque uno la imagina así; es imposible pensarlo de otra manera. Pensar un libro desde las ilustraciones es como planificar una película.

Fue una edición de Robinson Crusoe, de Robert Louis Stevenson e ilustrado por N.C. Wyeth, la que llamó su atención siendo niño. "Sus dibujos eran emocionantes, impactantes y aterradores -asegura-. Por eso busco darle al lector, a través de los dibujos, indicios de lo que los personajes piensan o sienten, y que no está descripto en palabras."

-¿Sigue creyendo que los niños son mucho más "visuales" que los adultos?

-Son los chicos los que perciben detalles ocultos en mis libros mucho más rápido que sus maestros o padres. Por eso es tan interesante el ida y vuelta que se genera a través de una ilustración: un intercambio muy rico entre el niño y el adulto que, por lo general, se pierde a medida que crecen.

-¿Por qué es así?

-Porque lo dejan solo. Se pierde el compartir una lectura. Cuando los chicos crecen, la frase más frecuente es "leé vos solo".

-Al momento de la creación, ¿piensa en un lector determinado?

-Al único lector que tengo en mente es al chico que era yo. Intento lograr lo que me hubiese gustado leer cuando era niño.

Más datos www.fondodeculturaeconomica.com

Vida y obra entre pinceles

Nació el 11 de septiembre de 1946 en Sheffield, Inglaterra.

Se graduó en el Leeds College of Art y se especializó en diseño gráfico.

Sus primeros trabajos los realizó como ilustrador de libros médicos.

A lo largo de su carrera produjo unos cincuenta libros para niños, traducidos a más de 15 idiomas.

Su primer gran éxito fue Gorila , con el que obtuvo el New York Times Illustrated Book. En 2000 fue galardonado con el prestigioso Premio Hans Christian Andersen, en la categoría ilustrador, por la totalidad de su obra. Además, recibió la Medalla Chidren´s Laureate 2009-2011.

De junio de 2001 a marzo de 2002 trabajó como escritor e ilustrador residente en la Tate Gallery, de Londres. De esa experiencia realizó El juego de las formas , un libro en el que aborda el tema de las reacciones humanas frente a las obras de arte.

El Fondo de Cultura Económica, que tradujo gran parte de su obra al español, acaba de editar Los tres osos , una relectura del clásico Ricitos de Oro.

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