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Escuelas que dan otra oportunidad

Los bachilleratos populares están diseñados para atraer y retener a jóvenes con dificultades, que abandonaron el secundario

Domingo 08 de agosto de 2010
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Julieta Molina LA NACION

Las diferencias con la escuela tradicional son las que permiten que estos alumnos se gradúen. Para los 1000 estudiantes y 200 egresados de los bachilleratos populares de la ciudad de Buenos Aires, esas variables distintas son las que los transforman del chico o la chica que dejó la escuela en estudiantes comprometidos.

Estos bachilleratos se diseñaron con el objetivo de que jóvenes y adultos en situación de "riesgo educativo" -es decir, estudiantes que por su situación particular pueden dejar la escuela potencialmente- logren terminar el secundario y obtengan un título oficial.

Por ejemplo, no hay sanciones formales, los días de clase se adecuan a las necesidades de los estudiantes y las clases están a cargo de un equipo de docentes. Las consecuencias parecen contundentes. Más del 95% de asistencia docente; cientos de graduados con un promedio de repitencia previo de 4 años; decenas de jóvenes que continúan estudiando en niveles terciarios o universitarios; compromiso escolar en una población que en general está en situación de calle; alumnos que en vacaciones de invierno van a la escuela para refaccionarla por voluntad propia.

Los bachilleratos populares empezaron a funcionar en 2004. El pionero se originó en la empresa recuperada IMPA, en Almagro, como una forma de devolver al barrio el apoyo otorgado a los trabajadores, que a fines de la década del 90 se resistieron al cierre de la empresa y la convirtieron en una cooperativa de trabajo. Hoy, en todo el país hay al menos 38 bachilleratos populares y en la ciudad de Buenos Aires funcionan 12 de ellos, también en centros vecinales. "Es una propuesta educativa para jóvenes y adultos de sectores populares que muchas veces vienen de situaciones de repitencia o de exclusión en distintos ámbitos con situaciones familiares de gran complejidad; son sujetos periféricos en el sistema educativo por la discontinuidad", explicó a LA NACION Fernando Santana, coordinador del Bachillerato IMPA y profesor de literatura allí y en escuelas públicas de la provincia.

Cambio de vida

"Estuve ocho meses preso en Ezeiza; estuve a punto de matarme. Me peleaba todo el tiempo; he probado todas las drogas", se sinceró Gonzalo Alvarenga, de 21 años. Este joven contó que vivió en la calle muchos años; hoy, está escribiendo su autobiografía, cursando el segundo año de secundaria con buenas notas, y planea, además, estudiar el profesorado de literatura para enseñar en el bachillerato popular que generó "un cambio increíble", dice, en su vida, ubicado en la empresa recuperada Maderera Córdoba, en Palermo.

"Empecé en 2009; no falto nunca y me apropié totalmente del espacio. Gracias a la gente que está acá, que creyó en mí y me ayudó a ver que podía cambiar las cosas", explicó Gonzalo que en pleno receso invernal trabajó con otros compañeros para pintar y remodelar las aulas de la escuela.

Existen variables que logran incluir a estos jóvenes y adultos en el sistema escolar luego de haber sido expulsados muchas veces. "Es la primera vez que me llaman de una escuela para preguntarme qué me pasa y no para informarme que me quedé libre", le respondió Bianca Charra, de 21 años, a su profesor cuando, hace un par de años, había dejado de ir a la escuela "para solucionar una crisis de pareja", dice. Ni siquiera se le había ocurrido avisar en la escuela. Simplemente pensó que no les importaría. Antes, Bianca había estado en colegios tradicionales.

Hoy cursa el CBC de Sociología, es ayudante en el Bachillerato IMPA y trabaja para un centro cultural. Acercó a su hermano al bachillerato, que está por recibirse, y a varios amigos de la plaza de Villa Devoto, donde paró los dos años en los que había desistido de estudiar.

En estas escuelas no existen las sanciones disciplinarias: cualquier problema se conversa entre los estudiantes y los profesores, en asambleas. Cada materia está a cargo de un equipo de profesores, que las dicta en conjunto, lo que, entre otros beneficios, "hace desaparecer las horas libres porque siempre hay al menos un docente", según explicó Santana.

Además, en instancias de diciembre y febrero permiten que los alumnos sigan estudiando y consultando en esos meses si no lograron presentar el trabajo final de las materias.

El título de perito auxiliar en desarrollo de comunidades exige 25 horas de cursada semanales, en tres años. Los docentes notaron que los viernes la asistencia descendía visiblemente; entonces, diseñaron un plan por el cual se cursa de lunes a jueves y los viernes se utilizan para clases de apoyo y consulta. "Además, los viernes se cursan las materias previas, lo que incentiva a los estudiantes porque vuelven a ver los contenidos en vez de enfrentar directamente una mesa de examen", explicó Mara Fernández, profesora de IMPA. "En el primer cuatrimestre de primer año no tomamos evaluaciones, porque nos parece más central el tema de la motivación y el compromiso de la presencia", detalló Santana.

Fernando Lázaro, coordinador del Bachillerato Maderera Córdoba, explicó que en los bachilleratos populares "los estudiantes pueden hablar, no tienen miedo; la tarea nuestra es habilitarles la voz".

"Cuando entendí que la enseñanza es un ida y vuelta entre profesores y estudiantes, me empezaron a gustar todas las materias", sintetizó Frida Rojas, que con 47 años de edad está por terminar el secundario.

DOCENTES, EN CONFLICTO CON EL GOBIERNO

Los docentes de los bachilleratos populares (que también dan clases en escuelas estatales y privadas) no han recibido en 6 años salario alguno.

Durante la gestión del ex ministro de Educación porteño Mariano Narodowski, se había acordado reconocerlos como docentes estatales, pero la gestión de Esteban Bullrich no avanzó con el cambio. Max Gullmanelli, titular de la Unidad de Apoyo a la Comunidad Educativa porteña, admitió el conflicto a La Nacion y argumentó que "no son empleados del Estado. Ellos quieren los beneficios de los estatales sin las obligaciones". El reconocimiento podría estar más cerca en la provincia de Buenos Aires.

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