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Oposición decadente

LA NACION
Jueves 12 de agosto de 2010 • 01:36
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En las elecciones legislativas del año pasado la oposición pudo vencer al oficialismo y sembró aires de esperanza. El electorado no se centró en un partido o determinadas personalidades, sino que optó por un arco lleno de colores, pero unido por vigorosas coincidencias. La corrupción gulliveresca, el despotismo, las arbitrariedades y afrentas a la convivencia ciudadana por parte del kirchnerismo habían generado un inusual paquete de coincidencias. De un lado quedaba el poder arbitrario e insolente, del otro el anhelo por restablecer la ley y la racionalidad.

Como las elecciones se celebraron con un exceso de anticipación -por miedo a que el devenir resultase aún más desastroso para el oficialismo- durante más de un año pareció que la oposición ganadora ni hubiera ganado ni tuviese chances de rectificar el rumbo. Durante esos meses, en efecto, quienes triunfaron se dedicaron a esperar. Grave error. Podían haber iniciado entonces la confección de programas comunes, que son numerosos y decisivos. Los ataban lealtades de facción en lugar de aspiraciones patrióticas. Especulaciones miopes.

Lo cierto es que el nuevo Congreso recién comenzó a funcionar en el segundo trimestre de este año. La sociedad, aliviada, empezó a sentir gratitud por el desempeño firme e inteligente de muchos legisladores. No resultaba sencillo llevar a buen término algunas iniciativas por el empate técnico que a menudo se produce en el Senado. Y porque el Ejecutivo no repara en medios para comprar voluntades, incluso de quienes fueron políticos humillados sin lástima por el kirchnerismo, del que es un exponente lastimoso Carlos Menem.

El contraste de nuestro país con los más exitosos vecinos -Chile, Brasil, Uruguay, Perú- revela que la Argentina no consigue encaminarse por la ruta de un crecimiento sostenido en todas las áreas debido a pujas y resquemores de bajo vuelo. Los países que ahora progresan no lo hacen en base a fórmulas secretas ni demasiado alambicadas. Debe regir el estado de derecho y acuerdos firmes en varias políticas de Estado. No son difíciles de consensuar. Puede que algunos quieran acentuar unos aspectos sobre otros, pero las coincidencias son más fuertes, en especial cuando tenemos marcada la cancha por un equipo que no se fatiga en cometer errores y funcionar con un oportunismo que da vértigo, todo para obtener ganancias para sí y su círculo de amistades.

En este momento han comenzado a agitarse candidaturas de la oposición, antes de diagramarse las robustas coincidencias que debería abrazar a la mayor parte de los grandes partidos. Esas candidaturas no favorecerán la energía de la oposición, sino que la fracturarán más aún. Entonces el cambio que se desea, para que nuestro país se parezca a Chile, Perú, Brasil o Uruguay, terminarán en una catástrofe. Ninguno de esos candidatos, solo, podrá doblegar a alguno de los K, porque usarán fanfarrias que ni se conocieron en el circo romano.

Duele confesar esto, pero la oposición ha entrado en una fase de decadencia. Temprana y peligrosa decadencia. Ojalá pueda superarla. Y lo haría si de inmediato conforma equipos técnicos para que se apliquen a diagramar un Gran Programa Patriótico, en el que tengan lugar los mejores proyectos y ambiciones de todos sus integrantes. No los dividen abismales diferencias. Lindan en el grotesco las peleas entre referentes políticos, que de súbito lanzan sus ideas sin haberlas sometido antes a un debate serio, racional y tranquilo con sus presuntos aliados.

Cualquiera de los nombres que ahora se barajan no tendrán la posibilidad de derrotar al aparato oficialista si no construyen previamente una legión vasta, musculosa y confiable. La Argentina volverá a caer bajo la férula K, y seguirá descomponiéndose en la corrupción y el atraso que ahora prevalecen, a pesar de algunos fuegos artificiales. La responsabilidad de los dirigentes opositores va más allá de su respectiva facción. Es una emergencia que no tienen derecho a desoír. La sociedad argentina celebraría feliz que se pongan a trabajar juntos, con equipos serios e inquebrantable voluntad.

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