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La región logró reducir la inequidad

En la última década, bajó 0,5% anual promedio; la Argentina, entre los más acotados, genera dudas

Lunes 16 de agosto de 2010
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LA NACION
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América latina, la región más desigual del mundo, logró en la última década lo que no había podido hacer desde que se tiene conocimiento: la reducción de la inequidad. La Argentina no fue una excepción. La diferencia radica en que mientras países como Brasil, México, Chile y Perú lo lograron sobre bases sostenibles, en los casos de la Argentina y Venezuela no es así, sino que dependen de la evolución favorable de los precios de las materias primas (soja y petróleo, básicamente).

Esa es la opinión de la economista argentina Nora Lustig, profesora de la Universidad de Tulane (EE.UU.), que mañana presentará en Buenos Aires el libro La reducción de la desigualdad en América latina. ¿Una década de progreso?, que escribió junto con Luis López-Calva, economista del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La publicación destaca que los 17 países latinoamericanos analizados redujeron entre 2000 y 2010 el coeficiente de desigualdad Gini en un 0,5% promedio anual. En el caso de la Argentina, la disminución fue del 0,7%, por lo que se ubica entre los países que lograron mejoras más acotadas. Ecuador fue el país que logró mayores progresos (3%), seguido por Paraguay (1,4%), Brasil (1,1%), Bolivia (1%), Chile (1%), México y Perú (0,9%).

Venezuela redujo la inequidad sólo 0,2 por ciento. Las excepciones al fenómeno latinoamericano de la década de 2000 fueron países como Uruguay y Honduras, donde la desigualdad creció 0,9 y 2,2%, respectivamente.

En diálogo con LA NACION, Lustig destaca que América latina en su conjunto consiguió por fin crecer y al mismo tiempo reducir la inequidad, en contraposición con el aumento de la desigualdad que experimentaron países en expansión como China, la India y Sudáfrica. Incluso comentó que la disminución de la injusta distribución de los ingresos no es un fenómeno frecuente en la economía mundial y se ha registrado en pocas épocas y regiones, como en la Europa de la posguerra. Las causas que motivaron la reducción de la desigualdad no fueron las mismas en la Argentina que en otras economías grandes de América latina. Lustig señala que en Brasil, México y Perú influyeron una disminución de la brecha de ingresos entre la mano de obra calificada y la poco calificada, gracias a la expansión de la educación básica (primaria y secundaria) desde 1990, y el incremento en las transferencias gubernamentales para la población pobre, como el plan brasileño Bolsa Familia y el mexicano Oportunidades. En el caso de Chile, también pesó la mayor cobertura de la escuela.

Otros factores gravitaron en la Argentina, donde Lustig y López-Calva encargaron la investigación al Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas), de la Universidad de La Plata. "La reducción de la desigualdad ha estado más relacionada con el ciclo económico -señala la ex funcionaria del PNUD y el Banco Interamericano de Desarrollo-. Tras la crisis de 2002, se generó demanda de mano de obra y cayó el desempleo. También el Gobierno tomó medidas para aumentar el sueldo mínimo y apoyar acuerdos salariales de los sindicatos. Si viniera un gobierno de otro color político, esto podría cambiar."

El fenómeno está basado en factores coyunturales y no en un mayor acceso a la educación básica, que ya de por sí era alto en la Argentina, ni en el programa Jefes y Jefas de Hogar, que si bien fue positivo cuando se creó (2002), no estaba "claro si lo recibían sólo los desempleados".

La economista de Tulane, Estado de Nueva Orleáns, advirtió: "Parece ser que los gobiernos socialdemócratas de corte izquierdista son más redistributivos que los que no son de izquierda o los que son populistas, según la definición del Centro Wilson, de EE.UU. Los gobiernos de izquierda populista, como la Argentina y Venezuela, recuperaron la década pasada la igualdad perdida en el pasado gracias al auge de las materias primas. Es una redistribución vulnerable porque depende de ese auge. Los programas de Brasil y Chile de transferencias a la población pobre son fiscalmente sostenibles, a diferencia de los de la Argentina y Venezuela".

Sin embargo, las dudas sobre la continuidad de la reducción de la desigualdad se extienden sobre toda América latina, y por eso el título del libro lleva el signo de pregunta. "La mejora de los niveles educativos de grandes masas de la población eventualmente habrá de enfrentarse con la barrera del acceso a la educación superior, principalmente por la poca calidad de la educación que reciben las mayorías en los niveles básico y medio, por lo que no es probable que continúe la disminución de la desigualdad una vez que esa barrera se enfrente", advierte Lustig. Además, "una gran parte del gasto gubernamental sigue siendo neutral o regresivo, y la recaudación fiscal basada en el ingreso personal y la riqueza es muy baja", añade Lustig.

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