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El tiempo de las voces magníficas

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LA NACION
Sábado 21 de agosto de 2010
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En una escena memorable de El ocaso de una vida ( Sunset Boulevard , 1950), el film de Billy Wilder, la protagonista, que fue reina del cine mudo, reúne a sus ancianos colegas para asistir, en una ceremonia entre nostálgica y macabra, a la proyección de sus antiguos films. Frente a un primer plano de ella misma, Gloria Swanson exclama: "¡Nosotros teníamos caras!", subrayando la última palabra. Hoy, los actores argentinos de generaciones anteriores podrían, ante el asiduo déficit vocal de sus herederos, decir: "¡Nosotros teníamos voces!", con idéntico subrayado.

Desde ya, le pido disculpas a Alicia Petti por invadir su espacio dedicado a la radio en estas páginas. Los lectores saben ya de mi preocupación por la calidad de las voces, la elocución, la articulación y la proyección de ese prodigioso instrumento que son las cuerdas vocales. Gracias a la radio, mi infancia supo de voces hermosísimas y de dicciones precisas, pues los grandes actores de teatro de entonces no desdeñaban el radioteatro, importante fuente adicional de ingresos que, además, contribuía a su popularidad. El particular timbre y el modo de decir de Pedro López Lagar hicieron célebre su reiterada invocación en la versión radial de Cumbres borrascosas , de Emily Brontë: "¡Cathy, Cathy, Cathy!", por radio El Mundo. Lo que le acarreó también tomadas de pelo en los programas cómicos.

El radioteatro nocturno de El Mundo se caracterizaba por la excelencia: las cortinas musicales no bajaban de Schubert o Mendelssohn, y la ambientación sonora estaba a cargo de toda una dinastía de sonidistas, los Catalano. Luisa Vehil, nada menos, era pareja de López Lagar en Rebeca, una mujer inolvidable , adaptación del film de Alfred Hitchcock, de 1940. Cada vez que se evocaba a Rebeca , detrás resonaba el motivo del Caballero Des Grieux, de Manon , de Massenet. La voz de violonchelo de Iris Marga fue propicia para narrar Las mil y una noches de Maple (el nombre de la mueblería que auspiciaba el programa). Hasta la venerable Blanca Podestá asumía, con su característica nasalidad, el papel de una domadora de fieras en un melodrama que -lo confieso- me provocaba incontenible hilaridad.

Del teatro venían también Olga Casares Pearson y Angel Walk, entre las muchas parejas dedicadas exclusivamente a la radio (acaso la más famosa fue la de Mecha Caus con Antuco Telesca), pero que hacían lucrativas giras por escenarios del interior. La sugestión de aquellas voces magníficas -e incluyo a los locutores de la época- no ha sido superada.

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