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Cuando el tango habla en otra lengua

Dos expresiones extranjeras: el bandoneonista francés Olivier Manoury y el quinteto finlandés Otra Vez

Domingo 22 de agosto de 2010
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LA NACION
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Desde que alguien creó, hace casi 30 años, un espectáculo que se llamó Tango a rgentino, da para pensar que hay otros tangos. Cualquier tanguero que se precie debe de estar ávido de conocer las propuestas tangueras de músicos que llegan a la Argentina desde el exterior. Algunos las escuchan con oído comparativo porque, fieles a su ortodoxia, creen que el buen tango sólo se hace acá, en el Río de la Plata. Esta es la meca. Hay otros que saben que, para darle proyección y universalidad al género, hay que dejarlo ir y crecer en otras latitudes. Incluso, hay que dejarlo nacer en otras latitudes.

La última semana pasaron por el festival de tango un bandoneonista francés y un quinteto finlandés. De ninguno de los dos se pudo escuchar un modo de tanguear definitivamente propio o con referencias al lugar de donde vienen, pero en cada uno hubo algunos gestos de una búsqueda tanguera.

El bandoneonista francés Olivier Manoury y el pianista argentino Sergio Gruz se conocieron personalmente hace menos de un año en un local de jazz de París. Pero como cada uno tenía referencias del otro, la charla, en palabras y en música, nació espontáneamente. El último jueves llevaron al escenario, que el festival montó en el Centro Cultural Recoleta, un recital en dúo que denominaron Free Tango .

Una de las particularidades de la actuación fue la manera de encarar su repertorio, regado con algunos temas clásicos. Mientras que en el tema del final intentaron salir del placentero sistema tonal para zambullirse en una vanguardia que, en realidad, atrasa, porque suena a experimentos de los 60 y 70, las veces que apenas tomaron distancia de las piezas originales alcanzaron las mejores versiones.

Olivier no es el típico tanguero y eso es muy saludable. Gruz sabe oscilar entre lenguajes y lo hace con elegancia. Porque seguramente ambos saben que el virtuosismo es cualidad de los cuerpos veloces y la virtud es de los que pueden desarrollar un mensaje de otra manera y reflexionar a partir de la música. Así sonaron piezas del arcón local, como "La última cita", "Ausencias" y "Sus ojos se cerraron".

La sala pequeña y bien aislada les permitió tocar si amplificación y dejar que los instrumentos digan cosas más allá de las notas. Leves batidos del piano o la respiración del bandoneón aportaron al clima general que propone el dúo desde una interpretación clara de versiones sin ornamentos innecesarios ni yeites efectistas.

Dos días antes, sobre ese mismo escenario había estado el Quinteto Otra Vez, que tuvo como invitado al cantor local Martín Alvarado. Fue justamente este intérprete el que en una de sus giras por Finlandia le propuso al quinteto la grabación de un disco y este viaje a Buenos Aires.

En esta actuación, el grupo fue demasiado condescendiente con el público argentino que prefiere los temas muy conocido ("Sur", "Uno", "Chiquilín de Bachín", "Quedémonos aquí" y "Volver", entre otros), aunque sus versiones no fueran convencionales. La actuación de Alvarado fue modesta, quizás a tono con sus recursos vocales, y no pareció estar totalmente amalgamada con el trabajo del grupo. Tampoco tuvieron vuelo las letras en castellano de los tangos finlandeses que interpretó.

Lo más original del grupo fueron las pocas composiciones propias que compartieron con el público. Se dice que de muestra alcanza un botón. Con ese par de temas instrumentales en los que desplegaron todas o muchas de sus posibilidades y virtudes demostraron sus cualidades musicales. Ojalá que en una próxima visita el Quinteto Otra Vez dé una muestra más amplia de su producción, porque es un grupo que vale la pena escuchar con la mayor atención.

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