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Facebook: una atracción con resistencias

Nadie los contó, pero son pocos los que reniegan de sumarse a las redes sociales; otros les huyen; los porqués de sus detractores

Sábado 28 de agosto de 2010
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LA NACION
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La mitad de los 20 millones de argentinos conectados a Internet interactúa en alguna red social y, de ellos, el 98 por ciento lo hace en Facebook. Pero, como todo aquello que fascina en la Web 2.0, también contagia su desencanto. Y si bien nadie todavía intentó cuantificarlos, los detractores de Facebook (FB) que emigran en masivo éxodo a Twitter (T), junto a los que reniegan de ambas redes, al parecer, también son multitud.

Sin embargo, como todo grupo de "no pertenencia", hacen poco alboroto y su rechazo redunda en una inocua no interacción.

Distinto es el caso de los agobiados, descreídos o desilusionados de las redes sociales, algunos de los cuales dicen haber sido estafados por un exceso de banalidad.

Por ejemplo, tras alcanzar a 100.000 seguidores en Twitter, el indeciso Andrés Calamaro amagó con cerrar su cuenta allí con críticas de grueso calibre, además de lenguaje soez. Calamaro endilgó a sus colegas "twitteros" el ser "profetas de la nada misma" y un "coro de subnormales generadores del concepto light. ¡Qué asco de posmodernismo!", sentenció, sobre las redes sociales.

El superenojo poco le duró: volvió a "twittear" desde una nueva cuenta, con una dialéctica que reveló más el hábito que denostaba, impulso incluido, que la intención de ensayar una disculpa: "Quizá tendría que esperar un poco en silencio editorial –se despachó a su vuelta–, pero seamos sinceros: [la mía] es una declaración de principios llena de pasión y no carente de verdades!".

En el mundo, los argumentos contra las redes sociales son un poco más elaborados y van desde la adicción que generan, gracias a los smartphones, hasta las teorías conspirativas más intrincadas. Algunas ubican a Facebook como el cerebro de inteligencia más grande del mundo, al cual se puede ingresar, pero jamás salir, ni siquiera muerto.

Respecto de la adicción a las redes sociales, los especialistas en salud mental comienzan a indagar en el síndrome de adicción a Internet. Una de sus múltiples vertientes se vincula con la dependencia ciberrelacional a Facebook. Se trata de una psicopatología que convierte en parias cibernéticos, paradójicamente sin vida social, a muchos usuarios, incapaces de llevar adelante las actividades de una vida normal.

Tanto es así que acaban de abrirse en Italia dos centros especializados, en Roma y en Turín, para tratar los síntomas que afloran con las nuevas tecnologías.

Al margen de esos casos extremos, un sondeo de La Nacion entre usuarios de Internet arrojó que el primer argumento contra la participación en las redes sociales se centra en la administración selectiva del tiempo libre. Luego, aparecen la reticencia al exhibicionismo, la irrelevancia que muchos advierten en sus contenidos, el avance de lo público frente a la intimidad y lo privado, la legitimación de formas de interrelación social que no son del todo compartidas, y el miedo a la inseguridad que provoca revelar datos y fotos a desconocidos.

Tras incursionar en Second Life y tentado por la curiosidad, el director de una empresa de contenidos abrió un perfil en FB. "Cuando llegué a casa, tenía 19 pedidos de amistad de gente que apenas conozco. Y me aterré. Me dije: «Si hago esto, ¿cuándo laburo?»."

"Al margen del prejuicio semántico de confundir el término «amigo» en FB con una forma de denominar la pertenencia a un mismo grupo, es cierto que allí yo me sentí invadido; obligado a una reciprocidad poco espontánea y también avasallado por la proximidad que establece esa red", se sinceró Julián Gallo, analista de nuevos medios digitales, quien emigró como observador a Twitter.

Puso como ejemplo el aluvión de felicitaciones por los cumpleaños que "sugiere" FB. "El problema es que después uno los tiene que contestar", despotrica Gallo, y dispara sin remilgos: "En FB se comparte mucha información irrelevante y es una herramienta poderosa con un uso bastante pobre. Por eso digo que da temas de conversación a gente que tiene poco que decir".

"Simulador de infancia"

"FB es un gran simulador de infancia", describió el autor de Faceboom, Juan Faerman. "Apela al bombardeo continuo de estímulos placenteros para fortalecer tu autoestima y crear una atmósfera lúdica, donde el ícono de «no me gusta» no existe y donde se monitorea constantantemente que no haya contenido inapropiado".

"Es la herramienta de mayor alcance creada por la Web para interactuar con gente que no te importa nada", describe Guillermo Carrier, de la consultora homónima. Y explica que el tema actitudinal en FB sienta las bases del comportamiento de ánimo celebratorio. Twitter, en ese sentido, es mucho más contestatario, e interactuar supone una reflexión más elaborada que el TKM (‘te quiero mucho’, término gastado en esa red), apunta Carrier.

Aun así, a FB se lo parangona con el tercer país del planeta, con una población de 500 millones de usuarios. "Su masividad no me impresiona" –dice Esteban Ierardo, profesor de Literatura en la UBA. "FB genera una comunicación superficial, basada en la ilusión de las seudoamistades."

"Yo la veo como un fiel exponente de la soledad de estos tiempos en que faltan vínculos reales", agregó otro de sus detractores, el abogado Claudio Ferrer.

LOS "ANTI", EN PRIMERA PERSONA

Fernando Vázquez Estudiante de Comunicación social 23 años

"Pertenecer a Facebook e interactuar allí implica para mí una suerte de pérdida de identidad. Soy consciente de su alcance y masividad, y es eso, justamente, lo que no me gusta. No siento estar perdiéndome algo importante al no saber lo que sucede en esa red. Tampoco me siento sapo de otro pozo. La gente que me conoce sabe mi opinión y cómo soy y, lo fundamental, cómo comunicarse conmigo. Me ha pasado muchas veces que no se entienda cómo es que no tengo Facebook y que me hayan dicho que estaba fuera de la sociedad, fuera del mundo."

Nicolás Calvet Periodista 24 años

"No estar hoy en Facebook es como no ver a Tinelli. Pero, en mi caso, encuentro muchísimas cosas más interesantes para hacer en mi tiempo libre que escribir comentarios en los muros. Creo que Facebook superó su objetivo original de ser un lugar para compartir fotos con amigos y se transformó en un mundo paralelo del cual se habla continuamente. Se discute, incluso, sobre lo que allí sucede. Eso no es lo mío. Considero la interacción en Facebook como una expericiencia de comunicación devaluada. Tampoco me gusta esa forma de vinculación personal."

Laura Ibañez Diseñadora Grafica 37 años

"No tengo Facebook porque no me interesa mostrar mi vida o mi intimidad por la Web. Uso y aprecio la tecnología como medio para comunicarme de manera eficaz con mis amigos y mi familia, pero no entiendo cuando el uso de una tecnología se convierte en un fin, para el que los demás son usados como medio para elevar la cantidad de amigos y posicionar la propia imagen frente a otros. Tampoco me rindo a la presión de estar allí bajo la amenaza de quedar fuera de vanguardia. La vanguardia no es ir donde va la corriente, sino elegir un camino propio."

Claudio Ferrer Abogado 51 años

"Cometí la torpeza de abrir un perfil en Facebook y enseguida me arrepentí. Me inquietó ese universo sin fin y todos esos pedidos de gente desconocida que reclamaba ser mi amiga. Esa red para mí tiene algo de hipócrita. ¿Quién se puede interesar sinceramente por las biografías de tantos desconocidos y por sus avatares en la vida real? Ahora estoy como condenado a tener un hijo extramatrimonial que no reconozco, con el que no siento afininidad y al que tampoco pienso alimentar. Soy amiguero y me interesa saber y escuchar al otro, no simular."

Teresa O’Connell Periodista y corresponsal de guerra 43 años

"Soy madre de dos niños pequeños; trabajo full time; me falta tiempo y no me interesa nada Facebook. A los que tratan de engancharme contándome que se reencontraron con su compañero de banco, les digo que, si no supe más de él, por algo habrá sido. Prefiero compartir mi tiempo con mis amigos verdaderos. Y, pese a que algunos hoy dicen tener como 15.000 amigos en Facebook, creo que, en realidad, hay mucha gente que está muy sola y que quizá necesite otra cosa que esa cifra. Quizás un amigo en serio o un buen libro."

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