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Estuve en Lituania

El Monte de las Cruces

Turismo

Por Antonio Castiglione

Para muchos, un sitio impresionante. Para unos, sagrado; para mí, un poco tétrico... Pero algo debe tener porque a nadie deja indiferente. Despierta sentimientos encontrados. ¿Piedad? ¿Mito?

En realidad es sólo un par de pequeños montículos abarrotados de cruces hasta los topes, pero vale la pena adentrarse en los estrechos senderos que entre las cruces se han ido creando y fijarse en los pequeños detalles de cada cruz, que seguro cuentan más de una historia.

El Monte de las Cruces o el Kryzu Kalnas, en lituano, es una pequeña lomada a unos 12 kilómetros de Siaulai, ciudad de 400.000 habitantes, aproximadamente, capital de una de las diez provincias en el interior de Lituania. En ese lugar se encuentran multitud de cruces, grandes, medianas, pequeñas, diminutas... De las más grandes cuelgan más chicas, y así sucesivamente. Antes de ir nadie me previno de lo que iba a encontrar, por eso me sorprendió tanto.

En memoria

La leyenda cuenta que las primeras cruces se clavaron en este monte en la Edad Media, pero el primer testimonio escrito es de 1850 y dice que las cruces se colocaron para rendir homenaje a las víctimas de la rebelión contra el dominio ruso en 1831, y que fueron enterradas en lugares desconocidos.

Más tarde, los que volvieron del destierro en los gulag las ponían en memoria de los que allí habían quedado; o sea, que se fue convirtiendo en símbolo del indestructible espíritu nacional. Se tiene constancia de que en 1863 había unas 150 cruces y en 1930 aumentaron hasta las 400 piezas. Años más tarde, en 1961, el número de cruces era de 5000. Actualmente se estima que hay unas 100.000. Personalmente pienso que son más, ya que su número lo considero incontable. Como dije, de cada cruz penden otras innumerables piezas más pequeñas...

Dicen que durante el dominio soviético, la KGB vigilaba el lugar para que nadie pudiera poner más cruces y con eso incentivar el orgullo de ser lituano. Por lo tanto, poner una cruz en ese lugar significaba no sólo el hecho de ser cristiano, sino ser patriota. La KGB habría intentado por todos los medios evitar que las cruces reaparecieran cada vez que sus topadoras las arrasaban, aun extendiendo el rumor de epidemias. Se habló incluso de inundar la zona. ¡Pero las cruces seguían reapareciendo cada mañana!

Lugar de peregrinación católica, lituanos y turistas que lo visitan dejan sus cruces. Los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI han visitado el sitio, y dejado sus correspondientes cruces. Yo no tenía conmigo ninguna, sino con gusto la hubiera ofrendado..., enriquecidos por lo que habíamos visto, disfrutado y aprendido. .

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