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Palabras

Viernes 17 de septiembre de 2010
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En definitiva, todos aspiramos a lo mismo, a vivir de una forma que nos permita sentirnos bien y disfrutar de la vida la mayor cantidad de tiempo posible. Para lograrlo debemos centrar nuestra búsqueda en el bienestar y no en la felicidad.

La felicidad es un estado que no se busca, sino que se encuentra. Es algo que nos sucede, es un pequeño lapso en el cual se produce una conjunción de factores que transforman un momento en algo perfecto, que nos provoca un estado mínimo de exaltación y efervescencia que dura poco tiempo.

No hay persona que no haya tenido en la vida algunos momentos de felicidad. Mire su pasado y encontrará un puñado de ellos, su casamiento, el nacimiento de sus hijos, el día de su graduación en la escuela, su primer departamento, su primer viaje, el día que se fue a vivir solo, etcétera. Cualquier logro, por más pequeño que parezca, al ser alcanzado nos inunda con un fuerte sentimiento de felicidad. Lamentablemente, esto no nos sucede a menudo, entre un instante de felicidad y el siguiente pueden pasar muchos años.

En cambio, el bienestar es un estado que podemos tener todos los días de nuestra vida y no tiene como condición la concreción de nuestros deseos. Podemos sentirnos bien a pesar de las vicisitudes y dificultades que se nos presenten.

Bienestar es sentirse en armonía con uno mismo y con el medio ambiente, aceptando las dificultades y los problemas que se presentan e incluyéndolos como una parte natural de nuestra vida. Lo que nos provoca bienestar es la actitud de querer lograr siempre lo mejor y de superarnos a nosotros mismos y no los resultados puntuales de cada una de las acciones que llevamos a cabo.

El bienestar no se contagia ni se hereda, es un capital propio e intransferible. Se podría comparar con el nivel de instrucción que cada uno tiene. Los conocimientos que adquirimos son directamente proporcionales al tiempo de estudio que hemos dedicado a lo largo de nuestra vida.

El mejor objetivo que podemos ponernos en la vida es sentirnos bien, y la ventaja más importante con la que contamos para lograrlo es que podemos cambiar y accionar sobre nosotros. A diferencia de los animales, que están condicionados por sus impulsos, nosotros, como seres humanos, contamos con la ventaja de tener un psiquismo que nos permite interpretar y designarle un sentido a nuestra existencia.

Amo y esclavo de tus pensamientos es el título del último libro de Celia Antonini, psicóloga clínica especializada en depresión desde hace más de 20 años.

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